El hombre había alcanzado la cima junto a una compañera, pero una equivocación los dejó atrapados. Así lograron rescatarlo.
Un alpinista quedó suspendido en el vacío durante 12 horas luego de equivocarse en el descenso de una montaña. La niebla impidió que fuera evacuado en helicóptero y obligó a montar un arriesgado rescate nocturno.
El hombre se encontraba junto a una compañera de escalada en el Campanile di Val Montanaia, una enorme aguja de roca ubicada en las Dolomitas friulanas de Italia. Ambos habían llegado hasta la cima y emprendieron el regreso durante la tarde del miércoles.
Todo empezó cuando tomaron una línea de rápel equivocada. El alpinista bajó primero y, después de recorrer unos 50 metros, descubrió que no podía alcanzar el siguiente punto de apoyo. Tampoco tenía fuerzas ni elementos suficientes para volver a subir.
Quedó colgado únicamente de las cuerdas y el arnés, con una pared vertical a sus espaldas y unos 2 mil metros de vacío debajo de los pies. Su compañera se quedó en un balcón de la montaña, sin posibilidades de llegar hasta él.
El error que dejó al alpinista atrapado
La pareja debía descender hacia el sector norte del Campanile, donde se encuentra la ruta habitual. Pero se desplazó demasiado hacia el oeste y terminó en una pared sin puntos seguros para completar la maniobra. Algunas personas que se encontraban en la base observaron las dificultades de los escaladores.
Como desde ese lugar no podían comunicarse directamente con el servicio de emergencias, caminaron durante dos horas y media hasta el Refugio Pordenone para pedir ayuda.
El aviso movilizó a la estación Valcellina del Socorro Alpino, al servicio regional de rescate aéreo y a una ambulancia. Para entonces, el hombre llevaba un largo período inmóvil y sostenido por el arnés.
Además del riesgo de una caída, preocupaba que sufriera el denominado síndrome de suspensión, un problema que puede aparecer cuando una persona permanece demasiado tiempo colgada sin mover las piernas.
La niebla impidió utilizar el helicóptero
El primer plan era llegar directamente hasta el hombre con el helicóptero sanitario y retirarlo mediante un malacate. La aeronave se acercó a la parte alta de la montaña, pero los pilotos se encontraron con una espesa capa de niebla. La falta de visibilidad hacía imposible realizar la maniobra con seguridad.
El viento generado por las palas también podía desprender piedras de la pared y hacerlas caer sobre el alpinista o sobre el rescatista encargado de asistirlo.
Después del intento, el helicóptero volvió a la base de Pinedo. El equipo debió elaborar un nuevo plan mientras comenzaba a oscurecer y el hombre continuaba colgado.
Tres rescatistas fueron trasladados hasta el lado este de la formación con varias cuerdas de 200 metros. Desde allí avanzaron por el balcón que rodea la parte superior del Campanile hasta encontrar a la mujer. La compañera de escalada seguía esperando en el mismo lugar desde donde el hombre había iniciado el descenso.
El dramático rescate durante la noche
Uno de los integrantes del equipo descendió por la pared hasta alcanzar al alpinista, que permanecía consciente pese al cansancio y a las casi cinco horas que llevaba suspendido. El rescatista lo aseguró con un segundo sistema para evitar una caída. Recién entonces cortó las cuerdas en las que había quedado atrapado y comenzó a bajarlo hasta la base de la montaña.
La maniobra debía realizarse lentamente para impedir que cualquiera de los dos golpeara contra la pared. Cada movimiento se hizo prácticamente a oscuras y en medio de condiciones meteorológicas que seguían siendo desfavorables. El hombre finalmente tocó tierra pasada la una de la madrugada. Estaba agotado, pero se mantuvo lúcido durante todo el procedimiento y no sufrió lesiones graves. Su compañera también fue retirada de la montaña sin heridas.
El operativo había comenzado cerca de las 18.50 y se extendió durante más de seis horas. La rápida reacción de quienes observaron la escena desde abajo permitió que el Socorro Alpino llegara antes de que el estado del escalador empeorara.
El Campanile di Val Montanaia de Italia alcanza los 2173 metros sobre el nivel del mar y se levanta como una aguja aislada de aproximadamente 300 metros. Su pared vertical y sus estrechos puntos de descenso lo convierten en uno de los desafíos más exigentes de esa región italiana.
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