Léxico “tumbero” para guardia cárceles
Mendoza > Si usted en algún momento de su vida escucha la frase “callate, gato, que te paso a valores”, abra bien sus ojos y cuide bien su persona; lo más factible es que esté en una cárcel argentina y lo que acaba de escuchar es una amenaza. El individuo que acaba de dirigirse a usted le quiso decir: “no hables que te mato” o “no hables que en un rato te voy a violar”; ambas serían las traducciones tumberas literales de la frase.
En todos los penales argentinos existe un léxico paralelo usado por los internos que cuenta con origen en el lunfardo que tuvo su aparición a fines del siglo XIX entre la porción más “malviviente” de los inmigrantes (especialmente europeos) que llegaban al país.
Luego el argot se trasladó al tango (por aquellas épocas un baile marginal) hasta por fin llegar a las cárceles y, en muchos casos, ser adoptado más tarde por la gente común de la calle. Se trata de un lenguaje extremadamente dinámico que genera términos todo el tiempo.
“El fin último del lenguaje tumbero es que dos o más pares se comuniquen entre sí para que un tercero (ajeno a ellos) no se dé cuenta de qué están hablando; de allí surge esa necesidad”, explica un penitenciario de alto rango con más de 20 años de experiencia al diario mendocino Los Andes.
Desde principios de esta década, en el Servicio Penitenciario de Mendoza se enseña a los guardiacárceles cuáles son los términos que los internos usan para comunicarse entre ellos con la idea detectivesca de “interferir” esas conversaciones, “para saber, por ejemplo, si se está planeando algo inconveniente como un motín o el ingreso de armas a un pabellón”, sigue la misma fuente.
Así, cada vez que un penitenciario comienza a trabajar, se le entrega una cartilla especial de cuarenta páginas como una suerte de introducción escrita al mundo tumbero. Entre esas páginas, se ve al principio una especie de diccionario criminal con más de 500 términos carcelarios y su correspondiente traducción.
El circuito de las palabras
Para los especialistas en temas carcelarios, el crisol de palabras tumberas en Argentina surge básicamente en las más de 45 cárceles que existen en el conurbano bonaerense y de allí se expande al resto de los penales.
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