Los viñedos acusaron el impacto de los incendios forestales en Galicia, España. Evitaron tragedias, pero las uvas quedarán con un carácter perjudicial.
Galicia es un territorio verde. Desde la ciudad de Pontevedra en el litoral Atlántico hasta El Barco de Valdeorras, en el interior, el bosque nativo y la explotación forestal conviven con las viñas en un intrincado patchwork que es el sello de esas regiones vitícolas: viñedos diminutos en el patio de las casas en Rías Baixas linderos con montes de eucaliptos y encinas, viñedos en terrazas y entreverados en el monte nativo en Ribeiro, aterrazados y limitados por el bosque en Ribeira Sacra, laderas y llanos linderos con carballales (montes de encinos) y monte ralo en la zona de Valdeorras.
Es un paisaje idílico de viñas y vinos, rodeado de una naturaleza vibrante, hasta que llega el fuego. Este año, visité la zona a mediados de julio, justo antes de que los incendios desataran su infierno, aunque algún atisbo ya se veía en el aire, donde los CanadAir surcaban el cielo en el interior de Galicia. Por fortuna para mí, estaba ya en casa cuando a mediados de agosto las llamas habían convertido en cenizas unas 100 mil hectáreas de bosque solo en Galicia, unas 300 mil en todas España.
De esas noticias funestas, sin embargo, llegaban algunas conclusiones singulares dentro del mundo del vino. El diario el País, incluso, tituló: “El viñedo salvó pueblos enteros”. La nota habla de la zona de Valdeorras y de cómo las viñas salvaron poblados y bosques al parar los incendios. Lo mismo había visto personalmente también en Chile, en episodios como los incendios de Maule e Itata en 2023, y los productores de California también lo reportaron como dato luego de los grandes incendios de 2020, 2024 y ahora en 2025.
Gestión del territorio
No quiero proponer conclusiones apresuradas en una materia tan compleja. Pero en esos escenarios los productores reportaron que el fuego llegó hasta la viña y que ahí se detuvo. Lejos de ser un milagro, detrás de ese hecho hay una lógica: una viña cuidada, desbrozada y con el suelo trabajado, es un cortafuegos natural. Más, cuanto mayor es la superficie.
Tanto en Itata como en Maule y Galicia, donde los cultivos son en cabeza –es decir, sin alambres ni postes– ese efecto es aún mayor, dado que se puede incluso labrara la tierra sobre las diagonales del terreno y evitar así caminos de fuegos. Eso es lo que reportan los productores de viña, cuando dicen que el fuego llegó hasta el viñedo y no continuó, al menos en la dirección en la que está el viñedo.
Así lo relataba Raúl Prada de bodega Valdesil (Valdeorras) al diario El País: “Lo que nos salvó fue el viñedo. Las cepas hicieron de cortafuegos. El fuego venía muy fuerte, con llamas de varios metros, y se frenó en el camino de acceso”. La suya es una explicación reiterada.
Cuando los incendios de 2023 en Itata, los productores de Leonera en Coelemu, vieron cómo el fuego acabó con todo a su paso, salvo con el territorio donde había viñas. “Se quemaron las plantas estaban linderas al bosque –me dijo entonces Marco de Martino–, pero el corazón del viñedo quedó intacto”. Dos años después, esas vides quemadas volvieron a brotar desde las raíces y están lozanas.
Más allá de que la viña supone un terreno menos denso que el bosque, es un terreno gestionado, limpio de malezas y donde la densidad del material verde es poco combustible para las llamas.
El fuego en el vino
Pero si el viñedo funciona como un cortafuegos, las uvas pagan un alto precio. Donde quiera que haya habido incendios, y las plumas de humo circulan entre los viñedos, incluso lejanos, las uvas acusan el recibo de su olor. Los vinos resultantes ofrecen esas notas. A veces son un detalle acre en la nariz y el final del paladar, otras es un aroma y un sabor intolerable.
El año pasado, por ejemplo, cataba vinos de Itata con algunos productores y los 2023, casi sin excepción, marcaban esa nota de humo. Uno de ellos, José Luis Sepúlveda, incluso se lamentaba amargamente: “si la presión de los incendios forestales sigue así, en Itata el humo empezará a ser un carácter del terroir”, dijo.
Si bien hay técnicas para limpiar esos vinos, y en los últimos años se han escrito una buena cantidad de papers académicos para librar la batalla contra el fuego y el humo en los vinos, resulta muy difícil de resolver. En plena vendimia 2025 en Galicia y Bierzo, así como Zamora, aún es prematuro para saber cuánto de este infierno quedará en lo vinos del año. Con todo, una cosa es segura: las viñas cuidadas salvaron a pueblos enteros de las llamas.
Vinos gallegos
Galicia es el país de los vinos blancos, en particular de tres variedades muy especiales. El Albariño de Rías Baixas, una diva de prominentes aromas e intensa acidez. En el Ribeiro, la Treixadura, que da vinos sobrios y cremosos, de longeva expresión. Y en Valdeorras el Godello, que ofrece blancos florales y frutales, concentrados, y de elevada frescura.
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