Sebastián Bosque estudió gastronomía y se reinventó hasta encontrar una propuesta que permite ahorrar tiempo sin renunciar a las propuestas ricas y saludables. Su historia.
La cocina siempre fue parte de la vida de Sebastián Bosque. Y aunque comenzó como un proyecto paralelo a su carrera como deportista, terminó por convertirse en su principal actividad. Hoy, busca que esos sabores que lo acompañaron desde siempre se metan en todas las casas de Neuquén, con un emprendimiento de viandas congeladas que permite comer recetas caseras y saludables incluso cuando el tiempo apremia.
Sebastián se presenta como cocinero profesional. Hizo su carrera en un instituto terciario de Quilmes después de mudarse de Neuquén a La Plata para perseguir un sueño deportivo. Cuando terminó el secundario, se mudó a la capital bonaerense para jugar al handball en Estudiantes de La Plata, con media beca del club y el apoyo incondicional de sus papás.
"Me fui a La Plata con un bolsito porque era la oportunidad de jugar lo más profesional posible dentro de Argentina", dijo y agregó que un técnico del seleccionado argentino lo ayudó a inscribirse en un instituto gastronómico. Así, después de cada entrenamiento se tomaba un tren para aprender técnicas y sabores nuevos.
Al emprendedor siempre le había gustado la gastronomía. Desde los once años, aprovechaban las tardes en familia para elaborar el pan casero, pero nadie en su núcleo familiar se había tomado el rubro como un trabajo, hasta que él encontró su primera oportunidad en Buenos Aires.
"Me recibí y empecé a trabajar en casas de viandas y un restaurante de sushi en Buenos Aires, en un momento se me complicó por los horarios con el deporte, tuve que dejar de jugar porque tenía partidos los fines de semana y esos eran los días que más trabajaba", dijo en una entrevista con LMNeuquén.
En su recuerdo de esos años se conjugan las exigentes rutinas de las cocinas con la sed por aprenderlo todo y acumular experiencia en un rubro que le fascinaba. Y aunque todas las lecciones eran valiosas para su formación, aclaró que tuvo que enfrentar las dificultades económicas de un rubro que exigía mucho y pagaba poco a los aprendices.
"Ahí fue cuando me llamó mi tío, que tenía el boliche más grande de Plottier, y empecé a trabajar en la barra", dijo sobre su regreso a la región. Ya como encargado del local, decidió apostar por más y abrió una rotisería en sociedad con un amigo, pero las cosas no resultaron como esperaba.
De los comedores petroleros a la las viandas
El fracaso de su primer negocio lo alejó por un tiempo de las cocinas. Para Sebastián, trabajar como empleado ya no era una opción, porque veía que los sueldos eran demasiado bajos en el rubro. "Dije que sólo iba a volver a trabajar en gastronomía si me llamaban de una empresa petrolera o tenía mi propio local, pero ya sin socios", afirmó.
Para sostenerse, retomó una actividad comercial que había sido su sustento durante la adolescencia: la venta de libros. Sin embargo, no podía desligarse del todo de su verdadera vocación, por lo que se ofreció a hacer catering para eventos privados y perniles para los cumpleaños de amigos y conocidos. Así se abrieron las puertas de otra oportunidad.
"A través de un conocido me contactó un hombre que tenía el cumpleaños de 15 de su hija y lo habían dejado abandonado con el catering", dio y agregó: "Era un martes y la fiesta era el sábado, así que me tuve que hacer cargo de todo, él estaba desesperado porque nadie la respondía".
Sebastián asumió el desafío y preparó un pernil y otras recetas para la fiesta. Su cliente quedó impresionado con su habilidad en la cocina y su carácter resolutivo, y le ofreció trabajo. "Resultó que era dueño de una empresa que gestiona comedores para petroleros en yacimientos remotos", aclaró.
Y así, se convirtió en un trabajador petrolero más, a cargo de alimentar a cientos de trabajadores en los pozos. "Yo había llevado dos veces mi CV y no me habían llamado nunca", dijo sobre la particular manera que tuvo para ingresar a la compañía, que lo llevó a vivir una rutina de trabajo atípica.
Así, lo trasladaban en una avioneta cada siete días a Mendoza para cocinar el menú de 300 operarios petroleros. Después de cuatro años en ese rol, empezaron a pesar más las jornadas laborales lejos de casa y de su pareja, Paula Núñez, que se había graduado de profesora de Educación Física.
"Ella es de Tierra del Fuego y con mi trabajo nos costaba pasar allá las fiestas", dijo y agregó que, sumado a eso, las extensas jornadas laborales de 14 horas socavaban la salud de sus piernas, con las rodillas operadas por sus años como jugador de handball.
A fines de 2017, y pese a las ventajas evidentes de trabajar en la industria petrolera, que incluían un buen salario, estabilidad laboral y una buena obra social, Sebastián y Paula decidieron hacer una jugada arriesgada y crear un proyecto propio.
Del Bosque, sabor gourmet en el freezer
"En diciembre de ese año nos fuimos a Tierra del Fuego y yo tenía que presentarme en enero, me empezaron a llamar y mentalmente no podía seguir más, la estaba pasando mal y no lo quería como proyecto de vida", dijo y agregó que contó con el apoyo de algunos amigos y el incentivo de su pareja para montar su emprendimiento, Del Bosque.
Cuando arreglé y renuncié, solo tenía un mes más de sueldo. Soy muy persistente y mañoso con la gastronomía, hacer todo desde cero", dijo y agregó: "No sabía bien qué hacer, iba a largar con una cervecería artesanal, nos compramos los equipos para eso, pero Paula veía que en la escuela nadie lleva viandas saludables, solo papas fritas o sándwiches, y me propuso vender viandas".
Como chef profesional, a Sebastián le costaba encontrar el desafío en esas comidas rápidas para la oficina. "Acepté de mala gana, quise hacerlo pero con mi impronta. Hoy todas las viandas tienen pan casero con distintas variedades, salvado, con semilla, con zanahoria o remolacha. Toda la masa de tartas y pastas son caseras y busco armar un menú con un precio económico pero donde ofrecer una lasagna que podés encontrar en un restaurante", aseguró.
Sebastián empezó de cero: con el horno de su propia casa y una foto que Paula había diseñado para compartir a través de WhatsApp .Con poca experiencia, llegaron a vender 100 viandas por día, hasta que la pandemia paralizó toda la actividad de las oficinas y, por lo tanto, de sus clientes.
"Estuvimos a punto de fundirnos, pero nos reinventamos con pastas artesanales", dijo sobre la necesidad de subsistir ante la caída abrupta de la actividad. Hoy, recuperaron el flujo de ventas y ya venden casi mil viandas por semana de seis variedades distintas y sabores gourmet.
"Ahora incorporamos un nuevo producto que es estrella, yo soy el motor que labura ahí pero las grandes ideas vienen de mi pareja, Paula Núñez", dijo y agregó: "Ella aportó la idea de hacer packs de viandas para congelar. La gente elige 10 menúes para tener en el freezer y cuando quiera los puede comer, es un auge tremendo".
Cada miércoles, preparan los packs de viandas congeladas y siguen trabajando, con ayuda de otros cinco cocineros, para armar las viandas frescas de ese día. De esta manera, buscan llevar ingredientes de calidad y la técnica gastronómica de Sebastián a las casas de Neuquén. "La gente puede elegir si llevarlas a la oficina o para la cena, cuando llegan cansados", aclaró.
Pese a que diseñaron su proyecto con los trabajadores de oficina en mente, comprobaron el éxito de su propuesta cuando los clientes de siempre también les encargan comida los feriados. Así, comprendieron que sus viandas eran exitosas entre los adultos mayores, que querían comer de manera saludable pero no podían cocinar.
Más ideas para crecer
Con el éxito de las viandas que preparan en Del Bosque, la pareja se animó a ir por más. También preparan perniles y catering para eventos, y acompañan el servicio gastronómico con otros complementos para eventos, como DJ o fotografía. También son proveedores del Estado y ofrecen servicios de catering a eventos universitarios o deportivos.
"Estamos en una etapa evolutiva para poder seguir brindando el servicio, inauguramos el año pasado Caña con Ruda, es un almacén frutihortícola, con frutos secos, verduras, harina de centeno y con la misma calidad de las viandas. En ese local está Paula", aseguró el emprendedor.
Como pareja, viven el emprendimiento como un proyecto familiar. Y aunque siguen compartiendo su amor por la actividad física, también encuentran tiempo para cocinar por disfrute.
"Es un tema la comida, nos reímos mucho de eso, tenemos viandas congeladas pero son nuestra última opción", aseguró Sebastián. "Prefiero cocinar algo en el momento, no me molesta y tengo más facilidad, en una charla y tomando mates. El fin de semana nos gusta ir al lago y también suelo hacer a la parrilla, me gusta mucho", agregó.
Entre sus viandas frescas, los packs congelados y su almacén de alimentos, la pareja tiene la agenda llena. Sin embargo, él no pierde ese entusiasmo inicial por dejar su huella en cada vianda que sirve. Y como hacía durante su infancia, prepara un pancito casero para acompañar cada plato.
Del Bosque no sólo respeta su identidad como cocinero sino ese empuje que caracterizó todos sus proyectos. "En el emprendimiento trabaja la familia, está todo el día mi hermana en el local y ayudan mi mamá, mi suegra, mi cuñado", dijo y agregó: "Han trabajado otras hermanas ayudando. Ha pasado mucha familia por Del Bosque y eso genera sustento para la familia en general cuando se complica, para generar algo y volver a flote".
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