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Gonzomar, la legendaria empresa de colectivos que aún late en el corazón de los neuquinos

Héctor Sanz, ex chofer, recordó cómo funcionaba la línea 103, que fue fundada por Omar González. Cecilia, la hija del dueño, realiza un documental con cientos de historias y anécdotas de pasajeros.

Neuquinos nacidos y criados. Neuquino por adopción ¿Quién no se ha tomado alguna vez el Gonzomar para ir al colegio, al centro hacer trámites o para visitar un amigo, novia en algún barrio? Es un hecho que aquellas personas nacidas entre las décadas del 60 y 80 tendrán miles de respuestas y también anécdotas a esa pregunta. Lo cierto es que una de las líneas urbana, que cubrió gran parte de la ciudad, a esta altura de los años se ha vuelto un emblema y parte de la historia de Neuquén. Y si bien existieron otras tres empresas de trasporte público, El Gonzo –‘Tomate el Gonzo’, era la clásica expresión por parte de la gente- marcó a muchos ciudadanos.

Omar González fue el responsable de darle vida a esa compañía de colectivos, que se distinguía por llevar en su carrocería los colores blancos y rojo, además del número 103, un distintivo e identificación de línea inolvidable. El nombre de la compañía tiene su origen por el juego de palabra de su nombre y apellido. Los más allegados a Omar le decían El Gonzo.

GONZOMAR DUEÑO
Omar González, a mediados de la década del 70, comenzó hacer recorrido con un colectivo usado que compró en Bahía Blanca. Tiempo más tarde le daría vida a la empresa Gonzomar.

Omar González, a mediados de la década del 70, comenzó hacer recorrido con un colectivo usado que compró en Bahía Blanca. Tiempo más tarde le daría vida a la empresa Gonzomar.

“Omar comenzó a mediado del ’70 con el transporte urbano. Había comprado un colectivo usado en Bahía Blanca y él comenzó hacer recorridos por la ciudad. Imagino que debe haber pedido permiso a la municipalidad. Él había llegado a Neuquén junto a su hermano Rubén, quien era mecánico ”, contó Héctor Antonio Sanz, quien fue uno de los históricos choferes que tuvo Gonzomar. Actualmente tiene 63 años (hace 58 que vive en Neuquén) y trabaja en la empresa San Antonio.

Gonzomar colectivo- Hector Sanz (2)

“Antes de los ‘cole’ urbanos lo único que había eran los colectivos de Alto Valle que salían de Cipolletti. Tomaban la ruta y bajaban en la calle Bahía Blanca para luego tomar Mitre hasta Laínez. Llegaba hasta Belgrano y de ahí atravesaba la Avenida Argentina hasta llegar a Tucumán, en donde bajaba hasta la ruta y regresar a Cipo”, contó Sanz. Y agregó: “Después estaba la empresa Río Negro que te llevaba a los Cuarteles del Ejército, en la zona de lo que hoy es Jumbo”, contó.

Héctor nació en Valparaiso (Chile), pero optó por nacionalizarse argentino. Su padre (Héctor) estaba casado con Norma Solís, quien nació en el país trasandino. Actualmente tiene 88 años. “A mis dos meses, mis padres decidieron irse a Bariloche y después a San Martín de los Andes, en donde mi padre trabajo en la parte contable de la estancia Chacabuco", reveló.

Recorrido de vida

La familia Sanz tiempo después recalaría en Cipolletti. "Estuvimos del 70 hasta el 76 y luego nos vinimos a Neuquén. Hice la primaria en el colegio Nuestra Señora de Fátima en Cipolletti y después fue a la ENET N° 1 (actual EPET N°8). Llegué hasta cuarto año”, rememoró.

Gonzomar- Hector Sanz(5)
Héctor Antonia Sanz conserva los lentes, corbata y billetera, que usaba cuando se convirtió en uno de los choferes de la histórica compañía. Ingresó el 20 de febrero de 1984 y se despidió el 15 de junio de 1988.

Héctor Antonia Sanz conserva los lentes, corbata y billetera, que usaba cuando se convirtió en uno de los choferes de la histórica compañía. Ingresó el 20 de febrero de 1984 y se despidió el 15 de junio de 1988.

Su padre, dedicado al comercio, puso un súper kiosco sobre la calle Mitre, pegado a la relojería y joyería Buenos Aires y la agencia de quiniela El Trébol. Ambos negocios siguen en actividad. “Mi viejo me dijo ‘estudias o trabajas’ y me puse a laburar con él. Cuando se comenzó a construir la nueva Terminal (de micros) mi papá comenzó a buscar nuevo local que se ubicara enfrente pero no consiguió. Terminamos en Chaneton casi Alcorta, enfrente estaba la clínica Mater Dei. Previo a eso mi padre había conseguido una licencia de taxi. Es esa época era celeste con el techo gris”, detalló.

“Era un kiosco de madera que ocupaba la vereda. El dueño era de apellido Rodríguez, que era distribuidor del diario Río Negro. Mi papá se lo alquiló y también arregló para realizar la distribución de los diarios. En ese tiempo había gente y dueños de negocios abonados al diario y lo recibía en sus casas. Así comencé con los repartos; era salir a las 2 de la mañana y terminar a las 5.30”, acotó.

Al volante del 103

Héctor, a sus 22 años, ingresó a Gonzomar el 22 de febrero de 1984. “Me dijeron que estaban tomando gente y me presenté. Como no tenía experiencia en manejar un colectivo me comunicaron que me iban a probar una semana en compañía de un chofer. Iba un turno completo todos los días. Primero fue mirando todo y después pase a manejar mientras el chofer me daba indicaciones de cómo era todo el tema", reveló.

"Cuando entro la empresa tenía 13 colectivos urbanos. En ese momento había cuatro empresas: El Ñandu, Lanín, Cono Sur y Gonzomar. Cada una estaba atada a su barrio. Después por la Ruta 7 pasaba la empresa Centenario”, explicó.

“Era el chofer más joven junto a Ramón Cordero, quien fue uno de los primeros choferes. Era de Misiones. Andrés Eguiazú estaba desde 1982 y en Facebook vi una foto de él cuando cayó la nevada grande que duró tres días. Cuando yo entré Andrés pasó a ser Jefe de Tráfico”, sumó.

Alejandro Dolman, Carlos Cárcamo, Valentín Cerda, Ricardo Shick, Rubén Lizama, Dante Torres, Patricio Caumil, Carlos Callupil, Ricardo Janquil, Tito Toro, fueron otros de los choferes que tuvieron su paso por la compañía. La lista es infinita.

GONZOMAR- Hector Sanz--

"Andrés Eguiazú y el Mercedes 1114 en la cabecera (parada de partida) de Alta Barda durante la histórica nevada de 1982. "Andrés estaba en la empresa desde el 82. Cuando yo entré él pasó a ser Jefe de Tráfico”, contó Sanz.

“En ese momento Gonzomar tenía dos líneas: de Parque Industrial a Sapere y Alta Barda hasta el Balneario. En Alta Barda hacíamos cabecera (primera parada) cerca del primer edificio que se construyó en ese sector (sobre Avenida Las Flores). El único acceso que había estaba sobre la ruta. Veníamos por canal 7, pasábamos por Copol, tomábamos la Av. Argentina hacía el centro y terminabas en el Balneario Municipal”, describió.

En 1985, cuando comenzaba a poblarse toda la zona de Río Grande, la compañía sumó su tercera línea: “Ya había varias casas en Jardines del Rey y en ese sector no pasaba ningún colectivo. Había mucha gente que iba a trabajar a hogares donde vivían profesionales de un alto poder adquisitivo. También había muchos chicos que tenían que trasladarse para ir al colegio”.

“Salíamos del policlínico ADOS y enrabamos al barrio a la altura en donde hoy está el complejo de departamentos de YPF, cerca de Piré. A las 21,30 finalizaba el recorrido. Era el que más temprano llegaba a la base”, agregó.

GONZOMAR HECTOR SANZ
Antonio Sanz reveló que en 1985  Gonzomar fue la primera de las empresas que trajo a la ciudad los coches frontales 0KM.

Antonio Sanz reveló que en 1985 Gonzomar fue la primera de las empresas que trajo a la ciudad los coches frontales 0KM. "El gobierno de la provincia comenzó a solicitarle a la empresa Viajes especiales", aseguró.

Ese año, González, dueño de la compañía, compró los primeros colectivos frontales: “Fue la primera de las empresas que trajo los coches frontales 0KM. Hasta ese momento eran todos los ‘Cachetones’, así le decíamos a los Mercedes 1114 de trompa redonda. Básicamente era el mismo chasis del camión y para los colectivos se compraban un armazón en la que iba la carrocera. Por eso eran re contra duros, nada que ver con los que hoy tienen suspensión neumática”.

En el imaginario de la gente el Gonzomar eran los colectivos más bonitos, se destacaban del resto: "Tenían más presencia porque se veían más limpios. Pero eso tiene que ver con los recorridos que tenía que eran todos en asfalto. Por ejemplo, solo se agarraba un tramo de tierra de la calle Juan XXIII", detalló, y agregó: "Era distinto al Ñandu, que iba al oeste, que era todo tierra. El asfalto llegaba hasta la calle Colón".

Viajes especiales, flota y el ‘Chancho’

Un año después, el gobierno de la provincia, comenzó a solicitarle a Gonzomar viajes especiales. “El área de Educación Física que tiene albergues en Villa La Angostura, San Martín de los Andes, pedía los viaje porque en ese entonces no había una empresa de larga distancia”, relató.

“Los colectivos tenían los asientos del urbano (no se reclinaban). Pero como también los contrataban para viajes de fin de curso de primaria y secundaria los pibes se lo bancaban. Como Omar era un joven emprendedor de 35 años, comenzó a comprar un par de colectivos usados de larga distancia. Uno era de la firma Chevallier. Habían comenzado a salir viajes a Chapadmalal (Provincia de Buenos Aires). Río Tercero (Córdoba) y otras provincias”, reveló, y acotó: “Después compró otro para distancias más cortas, pero que tenía todas las comodidades. Recién en ese año aparecían en algunos colectivos con baño”.

Cuando la empresa ya tenía las tres líneas urbanas, la flota estaba compuesta por 23, 25 coches. Cada ómnibus tenía dos choferes por turno. “Creo que entre choferes, el personal de administración y de taller, Gonzomar tenía unos 60 empleados, aproximadamente. Las oficinas estaban en la calle Río Negro 855, en donde funciona un taller de chapa y pintura. Estaba la oficina del gerente y después por una ventanilla rendíamos el dinero”, contó Héctor.

GONZOMAR SURTIDOR
Sobre la calle Río Negro y Perticone se ubicaba la estación se servicio Shell, en donde se abastecía a las unidades. La empresa tenía alrededor de 25 colectivos urbanos.

Sobre la calle Río Negro y Perticone se ubicaba la estación se servicio Shell, en donde se abastecía a las unidades. La empresa tenía alrededor de 25 colectivos urbanos.

“En ese tiempo había que cobrar, dar el vuelto, cortar el boleto, anotar en una planilla los números de boletos y demás, porque el recorrido de la ciudad estaba dividido en secciones. No había boleto único”, explicó.

“Así tal cual está ese taller de chapa y pintura estaba la empresa. Las oficinas adelante y el taller atrás. La flota de colectivos que quedaba en una playa de estacionamiento, se ubicaba a mitad de la cuadra siguiente. El último ‘cole’ llegaba a la una de la mañana y se arrancaba a las 4,45”, agregó.

“A las 5 tenía que estar en la cabecera (primera parada) de Parque Industrial para salir con el primer viaje. Marcaba tarjeta a las 4.40 para llegar a tiempo. El ‘Chancho’, como lo llamábamos al inspector, te controlaba. El tipo se iba en su auto y se paraba en algún sector para observar”, reveló. En caso que algún chofer llegara tarde a su cabecera, primero se le llamaba la atención. Si se volvía a repetir la situación se lo suspendía.

LU5, quejas y surtidor propio

La compañía tenía el problema que algunos choferes se dormían cuando el servicio comenzaba a la madrugada. Eso generaba que los coches se retrasaran y los usuarios “patalearan”. “La gente llamaba a radio LU5 y se quejaba que llegaba tarde al trabajo. Entonces, la empresa corría el riesgo que sea multada por la municipalidad. Siempre trataban de poner a gente que no se durmiera. Para ellos (dueño) era una lucha”, aseguró.

“Vivía en la calle Anaya y a las 4.10 salía en ‘bici’ para llegar a horario. Mi señora siempre me despertaba, me tomaba un café rápido y me llevaba más café en un termo. Cuando vos llegabas (a la playa de estacionamiento) el sereno ya tenía en marcha los colectivos y se encargaba de cargar el combustible y verificar las cubiertas”, acotó.

En esa etapa, sobre la calle Río Negro y Perticone se ubicaba la estación se servicio Shell, en donde se abastecía a las unidades. “La estación era de Diez Hermanos. Y sobre Río Negro había un surtidor solo para Gonzomar. Creo que era algo que no tenían el resto de las empresas. Además, creo que tener ese surtidor era por una cuestión contable de los dueños”, sostuvo.

Trato familiar y boletos

La línea que comenzaba su recorrido en Sapere era la que más trabajaba, afirmó Sanz. “Era la línea más larga (por el recorrido). Una vuelta entera te llevaba dos horas, una hora y cuarenta. En las ocho horas de turno cortabas entre 400 y 450 boletos por coche”, reveló.

“En la cabecera de Sapere (punto de partida) teníamos como mucho 10 minutos de descanso si ibas en horario. Andar por Perito Moreno, Alcorta, Sarmiento, en el centro, cortar boletos, tenía su parte complicada para manejar. Por diferentes motivos te podías atrasar y llegar tarde a la cabecera para después salir rápidamente”.

Héctor, una y otra vez dirá que “era otro Neuquén”, a medida que va reconstruyendo su propia película de vida en su etapa en Gonzomar. Y no dejó al margen a los pasajeros, que también fueron actores de esta historia. “Se tenía un trato familiar con los pasajeros. En mi caso, nunca tuve algún altercado. Como se daban cuenta de las horas que pasabas arriba del colectivo, algunos te llevaban café o dulces”, contó.

GONZOMAR BOLETOS
Para el cuadrito. Los legendarios boletos de la empresa neuquina que cubría parte de la ciudad con tres línea de recorrido.

Para el cuadrito. Los legendarios boletos de la empresa neuquina que cubría parte de la ciudad con tres línea de recorrido.

A media que iban pasando las paradas en la zona de los barrios, la gente –que tomaba el cole en determinados horarios- se conocía o entablaba alguna conversación durante el viaje. “El 90 % de la gente que subía al ‘cole’ te saludaba. Y después se saludaba con otros pasajeros. Era otro el trato y había respeto”, remarcó.

“Había buenas actitudes. Por ejemplo, vos sabías que tal persona subía en determinada esquina para ir a trabajar. Si vos ibas llegando a esa parada y no la veías pensabas qué le podía haber pasado”, contó, y agregó: “Después mirabas un poco para la calle y esa persona venía corriendo porque se le había pasado la hora. Entonces, uno paraba y lo esperaba”.

“Si estaba lloviendo o necesitaba bajar antes de la parada por ahí lo dejábamos (al pasajero) a mitad de cuadra o en el lugar que le quedara mejor. A pesar que no estaba permitido en ese tiempo se estilaba que alguien se paraba detrás de tu asiento (del chofer) y te iba conversando todo el viaje”, acotó.

"Un gran tipo"

Gonzomar como el resto de las empresas puso fin a sus actividades en el año 1999. Horacio Pechi Quiroga (ex intendente de la ciudad) le dio la concesión a Indalo, bajo la empresa Autobuses Neuquén. “Indalo fue puro desastre. La gente vivía quejándose. Le dieron un monopolio a una sola empresa. Ahora, es lo mismo pero el servicio es bueno”, opinó.

Gonzomar Colectivo- Cecilia Gonzalez (1)
Cecilia González, hija de Omar, contó que se encuentra realizando un documental sobre todo lo que significó Gonzomar para la sociedad neuquina. La idea surgió al recibir diferentes historias y anécdotas que la gente le contaba de su padre y la empresa.

Cecilia González, hija de Omar, contó que se encuentra realizando un documental sobre todo lo que significó Gonzomar para la sociedad neuquina. La idea surgió al recibir diferentes historias y anécdotas que la gente le contaba de su padre y la empresa.

“Muchas vivencias pasé trabajando en Gonzomar. Yo no me puedo quejar porque fue una experiencia de aprender algo y estuvo bueno. Mi hermana, seis años menor, también trabajó en parte administrativa en Gonzomar”, manifestó.

Luego rescató la figura de Omar González: “Omar era muy buena persona. Era amable, humilde, saludaba a todo el mundo. Un buen hombre”, aseguró

“Le gustaba mucha la pesca y se había hecho una casilla. Había ido a Villa La Angostura con un viaje para la Facultad de Turismo y coincidimos (por Omar). Me preguntó cómo estaba, si estaba bien en el alojamiento. Y como le gustaba mucho la cocina me dijo ‘Voy a preparar unos pescaditos, así que venite a comer con nosotros’. Eso otra persona no lo hace en otro lugar. Y él era así, te trataba por igual”, destacó.

Recibos históricos y documental

El 15 de junio de 1988, Sanz renunció a Gonzomar e ingresó a la empresa petrolera San Antonio. En junio pasado cumplió 37 años. Y actualmente se encuentra realizando los trámites para su jubilación. “Ingresé con 26 años y gracias a dios tengo salud. El abogado me preguntó si tenía los recibos de Gonzomar y gracias dios mi señora los conservaba. Tengo desde el primer recibo hasta la liquidación. Una vez que estén hechos los trámites saldrá la jubilación. Veremos…igual con mi señora salimos para todos lados. Hay que aprovechar cuando uno está bien. Nosotros empezamos antes de la jubilación”, aseguró.

Gonzomar ha sido parte de la infancia y juventud de los neuquinos. Cada uno guarda y atesora su historia, su viaje. Y para que eso siga vivo, Cecilia González, hija del fundador de la empresa y actual dueña de la firma, se encuentra proyectando un documental, que está siendo desarrollado junto a María Ulrich de Energía Austral Films. Si bien la compañía estuvo años inactiva, sigue vigente como sociedad. El audiovisual para Cecilia será una forma de glorificar a la empresa y a su padre. Una idea que se gestó tras recibir anécdotas, relatos de personas, que ahora se va cristalizando en historias que parecen interminables y no tienen fin.

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