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La esgrima, la práctica de caballeros que quiso instalar el deporte en las calles salvajes de Neuquén

Fue el primer club deportivo que se fundó en la capital en 1906. Además de esa disciplina se enseñaba gimnasia y se fomentaba el hábito de la lectura.

No fue el fútbol, el básquetbol, las bochas ni cualquier otro deporte popular el primero que se practicó en la ciudad de Neuquén cuando la capital comenzaba a dar sus primeros pasos: fue la esgrima, una disciplina milenaria que llegó al territorio de la mano de los primeros inmigrantes que pisaron tierras patagónicas en busca de un futuro mejor.

Cuesta imaginarlo, claro. En 1906 la ciudad era un puñado de casas humildes en medio de calles polvorientas donde faltaba todo. ¿Quién podía pensar que el deporte de caballeros, como lo llamaban en Europa, comenzaría a practicarse en pleno desierto?

Fueron José Fava y Pascual Claro y Ferruccio Verzegnassi, algunos de los impulsores de esta iniciativa, con el único objetivo de fomentar la actividad física a través de esta y otras disciplinas comenzaran a practicarse para mejorar la calidad de vida de los habitantes, cuya inmensa mayoría ni siquiera sabía que significaba la palabra “deporte” y mucho menos la “esgrima”.

Duelo criollo
Los duelos criollos, una forma sangrienta de saldar deudas.

Los duelos criollos, una forma sangrienta de saldar deudas.

El "deporte" sangriento de los cuchillos

Lo más parecido a ese choque de espadas era el enfrentamiento violento y casi cotidiano que se repetía en las calles del pueblo cada vez que los hombres necesitaban saldar deudas o canalizar las broncas que generaban las peleas callejeras a la salida de los bares. La esgrima no era otra cosa que el duelo figurado entre dos personas, pero que no tenía un fin sangriento como sí lo tuvo durante siglos para salvar nombres y honores. Esta era una práctica parecida, pero que fomentaba valores como la disciplina, el respeto, la paciencia y la perseverancia y no el odio o la ira para canalizarlo a través de los filos y las puntas.

Los pioneros explicaron una y otra vez a los pueblerinos los principios básicos de la esgrima, además de las técnicas necesarias para empuñar floretes, espadas o sables y, por supuesto, las reglas que regularían estos enfrentamientos. Esta práctica estaría acompañada de la actividad física como la gimnasia y en el mismo salón donde funcionaría el club se inculcaría el hábito de la lectura y el amor por los libros, algo que en aquel territorio también era algo prácticamente desconocido.

La experiencia neuquina no era tan aislada como podría pensarse. Desde fines del siglo XIX, en la Argentina comenzaron a multiplicarse instituciones deportivas que llevaban el nombre de Club de Gimnasia y Esgrima. El más antiguo fue el de Buenos Aires, fundado en 1880, que introdujo formalmente la esgrima como disciplina en el país junto a la gimnasia y luego a otros deportes que se incorporarían con el tiempo. Pronto siguieron el de La Plata (1887), Rosario (1902), Villa del Parque (1908) y tantos otros en distintas provincias, todos inspirados en una concepción integral del deporte: no se trataba solamente de ejercitar el cuerpo, sino de cultivar valores de formación personal, disciplina y educación.

Esgrima 1
Disciplina, paciencia respeto fueron los pilares de la esgrima. En Neuquén se buscó fomentar el deporte.

Disciplina, paciencia respeto fueron los pilares de la esgrima. En Neuquén se buscó fomentar el deporte.

Un desafío deportivo en la Neuquén violenta

La práctica de la esgrima en la Neuquén que comenzaba a nacer era un gran desafío deportivo y educativo, aunque -como todas las iniciativas de la época- estaba cargada de utopías. En los expedientes judiciales del viejo territorio abundaban las páginas con causas y sentencias sobre crímenes violentos cometidos en la vía pública, la inmensa mayoría por peleas a la salida de los bares que terminaban con duelos a cuchillo, la esgrima criolla de entonces que de caballerosidad y deporte no tenía nada, pero que de muerte y venganza tenían todo.

“Muchos eran los hombres que arribaban a estas tierras por trabajo. Algunos venían a la administración pública, otros al comercio, a trabajar en el ferrocarril o en las colonias agrícolas. De los pueblos del Alto Valle, no era el lugar más poblado, tampoco el más dinámico pero reunía dos elementos que atraían población: uno de ellos era la estación del ferrocarril; el otro, ser la capital del territorio, centro administrativo y político”, sostiene la historiadora Marcela Debener en el libro “Historias de sangre, amor y locura”, donde un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Comahue recopiló un gran número de expedientes judiciales para reflejar lo que era el delito y la vida social y política en la Neuquén de principios del siglo pasado.

En ese contexto, explica que “era frecuente que muchos de estos hombres merodearan en la noche, cruzando una y otra vez las vías, refugiándose en lugares públicos abiertos hasta altas horas como las fondas, prostíbulos o alguna confitería ‘decente’ a la que no acudía cualquier gente”.

Duelo en Francia
El último duelo a muerte con espadas en Europa se registró en Francia, en la década del 60.

El último duelo a muerte con espadas en Europa se registró en Francia, en la década del 60.

Los bares del Bajo de Neuquén y las casas de tolerancia

Recuerda la investigadora que, en efecto, el llamado “Bajo”, ubicado en la zona sur de la ciudad, “aparecía como un escenario central para el transcurso de la noche. Desde 1906 se había reglamentado la ubicación de una especie “sub-ciudad roja” al sur de las calles Perito Moreno y Ministro Alcorta, donde se establecían las casas de tolerancia. La tranquera del ferrocarril se cerraba a la hora cero, separando concreta y simbólicamente la zona de tolerancia del resto de la ciudad dormida. En este espacio se sucedieron un sinnúmero de episodios de los cuales algunos quedaron registrados en los expedientes judiciales que aquí se recrean”. La gran mayoría fueron enfrentamientos con puntas y filos.

Es obvio que las buenas intenciones que tuvieron los pioneros con la creación del club de Gimnasia y Esgrima y el impulso a la educación y la lectura no atenuaron los niveles de violencia que se registraban en esa época, aunque sí marcó las bases para que la incipiente población que tenía Neuquén comenzara a desarrollarse intelectualmente y empezara a interesarse en la actividad física, como una forma complementaria de la salud y del buen vivir.

Esa iniciativa fue la primera medida que abrió la puerta a las instituciones deportivas que le seguirían y que, con el correr del tiempo, marcarían un rumbo en la vida social de aquel olvidado e inhóspito territorio.

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