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La Mañana monstruo

El oscuro pasado del abuelito vulnerable: el primer violador serial de Neuquén

Viejo, rengo y sucio transita por la Ciudad Judicial. Su pasado es atroz y el daño que provocó inconmensurable. Su rostro nunca salió a la luz, hasta hoy.

Bajo por el ascensor de la Ciudad Judicial con un funcionario que tiene una larga trayectoria en la Justicia y que supo trabajar también en el antiguo Patronato del Liberado. Venimos charlando de bueyes perdidos cuando el espanto le invade el rostro. Me toma por el brazo y me dice: “mirá quién está ahí”, luego vomita su nombre y me quedo atónito porque el monstruo está ante mí.

Mi primer reflejo fue sacar el celular y poner la cámara de foto para capturar su imagen que nunca transcendió, al igual que los hechos que perpetró que permanecieron ocultos hasta hace unos años que los relaté en las historias del crimen.

Está de espaldas en mesa de entrada. Charla con una penitenciaria a la cual saludo casi a diario y que estoy convencido que ni siquiera imagina quién es el abuelo al que está atendiendo. Por más que lo supiera, seguramente actuaría con mucha educación como lo hace con todos los que atraviesan las puertas para luego traspasar el detector de metales que me delata cada vez que lo atravieso.

Lo sigo observando y todo alrededor parece difuminarse, el foco de la acción está centrado sobre su figura.

Cuando gira, descubro sus pocas canas desalineadas, su rostro arrugado y una mirada cansina que antes supo ser intimidante y libidinosa, pero que ahora esconde detrás de unos lentes oscuros que posan sobre su cabeza.

La cojera de su pierna izquierda, que prácticamente arrastra, y sus facciones, son propias de un jubilado que divaga por los pasillos de la ciudad judicial y no las del siniestro personaje que es.

A los monstruos, el paso del tiempo les quita ese halo de horror y hasta los pone en una faceta de vulnerabilidad piadosa. “¡Pobre viejo!”

Nada tiene de pobre ese anciano que supo sembrar el espanto y el horror. Sus víctimas cargan secuelas, como cadenas a la rastra, desde el mismo instante en que lo conocieron cuando solo eran unas adolescentes.

Dos días después, lo vuelvo a encontrar en el ingreso a la ciudad judicial y está con la misma ropa. Un pantalón de vestir gris con varias manchas, un cinturón que podría darle otra vuelta a su delgada silueta. La camisa color pastel lleva varios días de uso y un pullover oscuro cuelga de sus hombros. Sus zapatillas están mugrientas.

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Sus ataques fueron a mediados de la década de 1980, principalmente entre septiembre y noviembre de 1986.

Sus ataques fueron a mediados de la década de 1980, principalmente entre septiembre y noviembre de 1986.

Me mira y lo veo, pero sus ojos me esquivan rápidamente. Todos los de su clase tienen ese sello distintivo. Es un código de supervivencia que aprenden tras las rejas. Nuevamente me da la sensación de que estoy frente a un pobre viejo, aunque sé que no es tal.

Sé que usted dirá que me demoro en los detalles y que el suspenso mata, pero es que nunca nadie, salvo sus víctimas y una decena de funcionarios judiciales, le vio el rostro.

Cuando revolví los expedientes, hurgué en las memorias y hablé con sus víctimas reconstruyendo el horror, su rostro fue una gran ausencia. Escribí la historia de un monstruo sin rostro y ahora lo tengo frente a mí.

¡Basta de intrigas! Mejor les cuento. Este tipo que parece un jubilado abandonado por el sistema, como casi todos, le decían “el Serbio” y fue el primer violador serial de Neuquén. Como les dije, su imagen nunca trascendió.

Entre policías, forenses y funcionarios judiciales se lo conoce como “el violador de vírgenes”.

Sus ataques pasaron casi inadvertidos porque fueron a mediados de la década de 1980 y su modus operandi consistía en intimidar a adolescentes de 13 a 16 años fingiendo ser policía. Las obligaba a subir al auto y las llevaba a zonas alejadas. En el camino le hacía preguntas lascivas para saber si ya habían tenido relaciones sexuales. A las que eran vírgenes, las violó.

Le dictaron una pena de 24 años de prisión. ¡Adivinen! El Gobierno provincial le dictó tres indultos de rebaja de pena y cuando salió con libertad condicional tuvo otros dos intentos frustrados, pero no volvió a prisión y quedó en libertad viviendo en Neuquén.

Este señor que camina a su lado y que parece un abuelito vulnerable, usted nunca imaginaria que es un monstruo y las atrocidades que concretó.

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Este es Luis Antonio Cuculich, el primer violador serial de Neuquén. Busca asesoramiento jurídico en la Ciudad Judicial

Este es Luis Antonio Cuculich, el primer violador serial de Neuquén. Busca asesoramiento jurídico en la Ciudad Judicial

Historia de un monstruo

En los años 80 Neuquén crecía de la mano de la energía. El petróleo y el complejo hidroeléctrico El Chocón marcaban el paso de la economía de la región y movilizaban gran volumen de mano de obra. En ese escenario, apareció Luis Antonio Cuculich, hijo de serbios, de ahí su apodo, que tuvo una extendida convivencia con sus padres hasta los 37 años en Contraalmirante Cordero, provincia de Río Negro.

En la década del 60, perpetró su primer abuso, a los 20 años, pero en ese entonces no se estilaba denunciar esos hechos. Costumbres de época. Nadie advirtió que en su conducta tenía componentes perversos principalmente cuando se trataba de chicas púberes.

Cuando dejó la casa paterna fue porque constituyó su propia familia y hasta tuvo un hijo.

Con su hermano tenían una empresa de áridos y el Serbio era el que se encargaba de las relaciones comerciales, por lo que visitaba a clientes en Neuquén. Además, se estaba construyendo una casa a la vera de la Ruta 22, por eso solía viajar seguido a la capital neuquina. Cada vez que viajaba para hacer algún trámite a Neuquén, se arreglaba en forma muy particular.

El primer ataque fue en 1984 a bordo de un Ford Falcon gris. En su debut como cazador utilizó el ardid de policía para obligar a subir al auto a una joven de 14 años que aguardaba el colectivo en la zona céntrica. El Serbio le exhibió una credencial y le pidió los documentos. La adolescente terminó subiendo por temor y porque en ese entonces el concepto de autoridad estaba muy arraigado.

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Cuculich pasó de utilizar un Ford Falcón gris a un clásico Peugeot 404 blanco.

Cuculich pasó de utilizar un Ford Falcón gris a un clásico Peugeot 404 blanco.

En el trayecto, en base a unas preguntas descubrió que la chica era virgen por lo que su excitación creció y la condujo hasta una zona descampada entre Neuquén y Centenario donde la violó. El periodo de enfriamiento se estiró demasiado en el tiempo para este tipo de agresores. Suponen que se debió al nacimiento de su hijo.

En septiembre de 1986, a pocos meses de consagrarse Argentina campeón del mundo en México de la mano de Diego Armando Maradona y Salvador Bilardo, Cuculich volvió a cazar. Para ese entonces ya tenía un Peugeot 404 blanco y se valió del mismo engaño que ya le había resultado en su anterior incursión. Así estableció su modus operandi.

Fue en Avenida Olascoaga y Lastra donde tomó por sorpresa a una joven de 16 años y la obligó a subir. Tras distintas preguntas que le fue haciendo en el trayecto, descubrió que la chica ya había tenido relaciones, por lo que la manoseó, la amenazó con embarazarla y finalmente la abandonó. Casi tres horas duró el tormento.

A los pocos días, se produjo otro ataque del Serbio. Esta vez la víctima fue levantada en Avenida Argentina y Pinar bajo la excusa de que se dirigía a un procedimiento y necesitaba un testigo. Cuando descubrió que era virgen, la llevó a un descampado de Alta Barda donde la humilló y violó.

En noviembre de ese mismo año, Cuculich, haciendo su papel de policía, subió a una chica de 14 años en la esquina de Bouquet Roldán y Roca. La joven había terminado de entrenar hacía un rato en el CEF N° 1. Su modus operandi se repitió y tras descubrir que se trataba de una adolescente virgen, la llevó hacía un descampado en dirección a Centenario donde la violó.

Si bien todas las víctimas denunciaron los abusos, este último caso fue vital para los investigadores porque a los dos días del ataque, Cuculich volvió a merodear por el CEF N° 1 y su última víctima, que estaba con su padre, lo vio pasar y avisaron rápidamente a la policía que montó un operativo por el cual terminaron deteniéndolo.

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El último ataque fue en inmediaciones del CEF N° 1 donde su víctima entrenaba.

El último ataque fue en inmediaciones del CEF N° 1 donde su víctima entrenaba.

Condena de la Justicia y rebajas de la política

Los jueces de la Cámara Criminal Primera, Arturo González Taboada, Federico Gigena Basombrio y Roberto Savariano aplicaron toda la fuerza que la ley tenía en ese entonces.

Los magistrados destacaron que Cuculich realizó un “despliegue de violencia física y moral para vencer la resistencia de las víctimas”. Además, trataron la gravedad de las secuelas que implicaba para estas jóvenes vírgenes haber ingresado a la vida sexual tras una violación, sumamente traumático, a tal punto que señalaron en el fallo que “arruinó sus vidas”.

El 7 de abril de 1988, por mayoría, la Cámara le dictó una pena de 24 años de prisión —en ese momento, el máximo era de 25 años­— por tres delitos de violación y uno de privación ilegítima de la libertad. Hoy, con la normativa vigente, estaríamos hablando de cuatro abusos.

A los pocos años de estar tras las rejas, comenzaron a brindarle rebajas de penas.

Para que se entienda, en ese entonces el gobernador tenía la potestad de dictar indultos que se traducían en perdones completos o en rebajas de pena.

Los informes criminológicos practicados al Serbio siempre advirtieron sobre la elevada posibilidad de reincidencia, pero también daban cuenta de su buena conduta, típica de estos tipos de agresores.

Jorge Sobisch dijo que Neuquén tendría una posición mejor que la actual para incidir en el futuro de sus represesas si no se vendían las acciones.
Jorge Sobisch le firmó dos rebajas de pena y Felipe Sapag una. Así fue como el primer violador serial de Neuquén logró acortar su condena.

Jorge Sobisch le firmó dos rebajas de pena y Felipe Sapag una. Así fue como el primer violador serial de Neuquén logró acortar su condena.

Lo cierto es que Jorge Sobisch, en dos oportunidades, y Felipe Sapag, en una, le rebajaron la pena a Cuculich. Tremenda la mirada que había en esos años respecto de los violadores.

En marzo de 1994, recibió una reducción de seis meses. En noviembre de 1995, le restaron cuatro meses más y finalmente, en octubre de 1999, le redujeron otros seis meses, por lo que la pena que se agotaba en noviembre de 2010 pasó a vencer en julio de 2009.

A los 57 años Cuculich volvió a las calles tras permanecer casi 15 años tras las rejas, de los 24 que le dictaron. Supo vivir en el coqueto barrio Santa Genoveva donde residía con su hermana y luego en un inquilinato en el bajo neuquino.

En noviembre de 2002 fue denunciado en la comisaría quinta de Centenario porque intentó abordar a una chica de 16 años en el hospital de la localidad. Luego, en enero de 2003 el Serbio intentó avanzar sobre una joven que caminaba por calle Río Negro en inmediaciones del club Ceppron.

Estas denuncias no prosperaron y finalmente en julio de 2009 Cuculich terminó de cumplir su pena, pero sus víctimas siguieron arrastrando sus secuelas.

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Una de sus víctimas me contó que “se me hizo todo muy difícil. Yo lo único que quería era ser fea, para que nadie me mirara ni me hiciera nada. Yo era re flaca y a partir de ahí, empecé a engordar”.

La mujer que ahora tiene 57 años nunca pudo formar familia ni tener hijos. Cuando trascendió la historia de Cuculich intentó sin éxito hacer terapia, pero como dijeron los jueces en el fallo “arruinó sus vidas”.

Hoy, a los 80 años, merodea sucio, rengo y desgarbado por la Ciudad Judicial donde busca asesoramiento jurídico, según me contaron, no le habrían cumplido con el pago de unos alquileres.

Cuculich es un monstruo con apariencia de abuelito vulnerable, pero su estado actual no lo redime para nada de sus actos atroces que podrán prescribir para la justicia, pero no así para las víctimas.

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