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Este es el electrodoméstico que consume más energía que cuatro lavarropas nuevos

Un solo equipo en funcionamiento puede costar lo mismo que semanas enteras de otros electrodomésticos de bajo consumo.

El consumo de energía en los hogares argentinos está marcado por un protagonista silencioso y costoso. Un lavarropas eficiente completa un ciclo con menos de 0,6 kWh, pero un este aparato demanda hasta 2,5 kWh por cada hora de funcionamiento.

La diferencia no es menor: en apenas unas horas de uso, un aparato viejo consume lo mismo que varios lavados semanales. Esta disparidad convierte a la renovación tecnológica y al mantenimiento de los equipos en una cuestión central para el presupuesto familiar.

Se trata del aire acondicionado antiguo. Los equipos fabricados hace más de 15 años pueden multiplicar el gasto eléctrico en comparación con electrodomésticos modernos de bajo consumo.

La tecnología que multiplica el consumo

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Subir la graduación del aire acondicionado genera un gran ahorro de energía.

Subir la graduación del aire acondicionado genera un gran ahorro de energía.

El motivo principal detrás de este consumo desmedido se encuentra en la falta de tecnología inverter en los equipos antiguos. Estos modelos trabajan siempre a máxima potencia: motor y compresor no regulan la intensidad, lo que produce un gasto eléctrico constante y elevado.

Los equipos modernos, en cambio, ajustan su funcionamiento de acuerdo a la temperatura del ambiente, reducen el uso innecesario de energía y optimizan el rendimiento. Esta diferencia tecnológica se refleja en la factura: un aire acondicionado clase A+++ puede reducir el consumo en un 40 % respecto de los modelos tradicionales.

A lo largo de un año, mantener un equipo obsoleto puede sumar más de 300 kWh extra, una cifra que golpea directamente la economía de los hogares y que demuestra la importancia de actualizar los dispositivos.

Obstáculos al recambio tecnológico

¿Por qué tantos hogares siguen utilizando equipos que ya superaron la década de uso? En muchos casos, la resistencia al recambio se explica por dos factores: la durabilidad original de los artefactos y el costo elevado de los modelos eficientes.

El precio de un aire acondicionado nuevo de bajo consumo representa una inversión importante, lo que empuja a muchas familias a reparar los equipos antiguos en lugar de reemplazarlos. Esta práctica, sin embargo, mantiene el círculo de alto consumo y gasto mensual.

A nivel urbano, la permanencia de estos aparatos genera otro problema: en jornadas de calor extremo, el uso masivo de equipos ineficientes presiona las redes de distribución y produce picos de demanda que comprometen la capacidad del sistema eléctrico.

Hábitos de uso y medidas de eficiencia

El consumo no depende sólo de la tecnología. También influyen los hábitos domésticos. Programar el aire entre 24 y 26 °C, limpiar filtros de manera periódica y controlar el nivel de gas refrigerante son acciones que mejoran el rendimiento y prolongan la vida útil del equipo.

Otros recursos simples, como el uso de ventiladores de techo, la apertura estratégica de ventanas o el refuerzo del aislamiento con cortinas y persianas, reducen la necesidad de recurrir al aire acondicionado de forma constante. Incluso, establecer horarios limitados de uso o emplear temporizadores ayuda a bajar la factura sin resignar confort.

El contraste con el lavarropas eficiente resulta evidente: este electrodoméstico logra mantener un consumo bajo, incluso utilizando agua caliente, y completa su tarea en ciclos breves. En cambio, el aire acondicionado antiguo acumula gasto hora tras hora, lo que lo convierte en el aparato más costoso de operar dentro de un hogar.

Un desafío económico y ambiental

De acuerdo al programa que se utilice el lavarropas admite distintas cargas. Si no se usa bien, las prendas no saldrán bien y el motor puede sufrir daños..jpg

El uso extendido de aires acondicionados obsoletos no sólo impacta en el bolsillo. También plantea un problema ambiental: la falta de políticas de reciclaje para los equipos fuera de uso impide cerrar su ciclo de vida de manera sustentable.

La modernización tecnológica, sumada a hábitos de consumo más racionales, aparece como la combinación importante para enfrentar este desafío. Renovar equipos y aplicar estrategias de eficiencia energética no sólo disminuye el gasto de las familias, sino que también reduce la presión sobre la red eléctrica en momentos de alta demanda.

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