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El peronismo de Cristina, el libro para entender al Frente de Todos

Diego Genoud hace en sus páginas un recorrido por la coalición de gobierno. La buena prosa y entrevistas conviven con algunos sesgos sobre la gestión anterior.

Quienes seguimos a Diego Genoud sabíamos que es uno de los periodistas que mejor contó la intemperie del peronismo y la reorganización y reunificación que culminó con su vuelta al poder. Dueño de una prosa elegante que lo emparenta con la mejor tradición del periodismo político, Genoud se revela siempre, ya sea en sus entrevistas como en sus crónicas, como un agudo y muy informado analista de la actualidad política.

La llegada a las librerías, este mes, de El peronismo de Cristina (Siglo XXI Editores), su segundo libro, es una gran oportunidad tanto para conocerlo como para revisitarlo. Si usted no lo conoce, es porque Genoud construyó su prestigio trabajando en diversos pequeños medios desde los cuales no se privó nunca de dar sus puntos de vista. Si bien publicó notas en algunos de los “medios hegemónicos” -como los llama en su libro-, Diego eligió moverse mayoritariamente en un ecosistema de pequeños medios que nunca le pidieron pruebas de amor -que él tampoco estaba dispuesto a darlas-.

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Bajo el subtítulo El Frente de Todos, entre la dolorosa unidad, la escasez y la guerra interminable con el establishment, Genoud traza una crónica razonada que va y viene por la historia reciente de la Argentina y llega hasta nuestros días. Además, el libro contiene tres muy buenas entrevistas con algunos de sus más lúcidos protagonistas: al presidente de la Cámara de Diputados durante el período cambiemista Emilio Monzó, al ministro del Interior de Carlos Menem y actual empresario José Luis Manzano y al ex ministro de Justicia y Derechos Humanos de Néstor Kirchner y actual juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eduardo Rosatti.

Diego es un gran narrador, es incisivo, por momentos gracioso, y siempre honesto, por lo que la lectura es ágil y divertida. Cada tanto, la primera persona de Genoud aparece en el texto para recordarnos que esta es una historia que él ya contó en tiempo real, como cuando tuvo la primicia de que Cristina Kirchner había escrito Sinceramente y estaba terminando de ultimar su publicación. El peronismo de Cristina satisface tanto a quienes están interesados en la política y sus entresijos, como también a quienes valoran la felicidad de un giro verbal, la gracia de un apodo o la justeza de un epíteto. No pocas veces se escapa una sonrisa ante un estilo que recuerda por momentos a Horacio Verbitsky, en otros a Jorge Asís, a veces a Carlos Pagni e incluso al Joaquín Morales Solá de Asalto a la ilusión (Planeta, 1990).

Esta muy prolija y usualmente muy lograda preocupación retórica cae, sin embargo, en algunos excesos: es cansador que Mauricio Macri no se olvide nunca de ser “el egresado del Cardenal Newman”, una expresión que las más de las veces en que aparece en el libro no tiene ningún valor explicativo y sólo sirve para reforzar la imagen algo rudimentaria que traza del ex presidente.

Otro rasgo estilístico algo molesto tiene que ver con el tono que Genoud le imprime a una historia de la que ya sabe el final. A diferencia de sus crónicas “en tiempo real”, en las que suele ser asertivo pero delicado, nunca avasallante, por momentos especulativo, como si pensara mientras escribe, el libro está escrito con “el diario del lunes” del triunfo kirchnerista, y cae no pocas veces en la tentación de echarle en cara a los perdedores el final de la película. A Genoud le sienta mucho mejor la incertidumbre ante el futuro que la certeza del pasado.

Un ejemplo de este rasgo es el tratamiento que recibe el peronismo no kirchnerista -el de Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey o Juan Schiaretti-, cuya falta de votos es señalada una y otra vez, no tanto como la coherencia que han tenido en algunas posiciones liberales, por llamarlas de algún modo. Por supuesto, en las democracias manda el que gana, pero uno esperaría algo más de respeto por dos millones de votos, sobre todo viniendo de alguien como Genoud, dueño de una sensibilidad de izquierda contramayoritaria.

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Otros excesos van más allá de lo estilístico

Pocos días atrás, entrevistado por Carlos Pagni, Genoud aseguró que intentó evitar la demonización de Cristina porque eso “nos deja a todos muy cómodos”, y es “insuficiente para pensar el kirchnerismo”. El libro, es cierto, hace ese esfuerzo a la hora de ver matices, de subrayar logros y marcar errores de la ex presidenta. Pero ese esfuerzo, esa voluntad de comprender el fenómeno en la mayor cantidad de aristas posibles, está ausente cuando el foco está puesto en la gestión macrista, en el peronismo no kirchnerista, los “medios hegemónicos” o en el llamado “Círculo Rojo”. Sentados demasiadas veces en el banquillo de los acusados por Genoud, ¿no merecerían los “medios hegemónicos” un trato más fino que el que se les da en el libro? Mientras, del otro lado, el periodismo de Cristina tiene apariciones mucho más fugaces: por caso, el desfalcador Sergio Szpolski le merece una única mención.

Para Genoud el apoyo del Círculo Rojo a la gestión macrista siempre es acrítico, total y sin reparos. Durante la gestión cambiemista, he visto no pocas veces empresarios, periodistas y políticos reticentes a apoyar al macrismo. Alguna vez, sin ser yo mismo un periodista político, algo de eso conté en Infobae, uno de los medios que Genoud denuesta en bloque, y que por ejemplo fue el primer medio nacional en publicar la desaparición de Santiago Maldonado y luego el video del procedimiento de la Gendarmería Nacional en el que se observa a gendarmes juntando piedras para atacar a manifestantes, ambas notas con la firma de Diego Rojas. Me consta que muchos otros periodistas hicieron lo mismo diariamente en ese mismo y en otros medios de un Círculo Rojo que fue menos unánime y caricaturesco que lo que Genoud sugiere, y que de ningún modo emitió cheques en blanco.

Y sin embargo, aun con las reservas aquí enunciadas, hay que leer El peronismo de Cristina, un libro que será, merecidamente, uno de los libros del año, y que confirma a su autor como el mejor de su (nuestra) generación.

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