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En un 2020 que estuvo atravesado por la pandemia de coronavirus, cada parte del interior de la provincia de Neuquén lo vivió de una forma distinta y en LMNeuquén se describieron en más de 40 historias. Desde la localidad que no existe y reportó un muerto, hasta los ingenios para educar a los alumnos estando cada uno desde su casa.
Es que desde las más de 40 personas tomaron la voz de las ciudades y contaron cómo atravesaron el aislamiento, los problemas que tuvieron y las soluciones creativas.
Acá las historias más importantes de la sección #InteriorDeLaPandemia
María Troncoso nació en el Paraje Yahuincolo hace 39 años. El pasado viernes murió su abuelo, Pedro Juan, uno de los pocos habitantes de esta localidad en la que viven solo tres familias y su ubicación no figura en Google Maps. “Es por acá”, mandó María junto con una captura de pantalla de un mapa y marcó “más o menos” donde quedaría. El lugar pertenece a la comunidad RAMS y la posta sanitaria más cercana está a varias horas a pie.
Según describen, la vegetación de Yahuincolo es propicia para darle a las chivas en verano, se extrae agua desde las napas y la comida la compran por cantidad “una vez cada tanto” cuando alguien va a la “ciudad”.
Erica y Maximiliano despertaron en su casa en San Martín de los Andes el 21 de marzo con tres visitas que prácticamente no conocían: un coreano, que había pedaleado durante cinco años por el mundo; y una pareja veinteañera alemana, que estaba desesperada. Tras decretarse el aislamiento, los neuquinos debieron cerrar el camping que habían inaugurado hacía dos meses y abrieron las puertas de su hogar para albergar a los turistas que aún quedaban.
Esta pareja neuquina, de 39 y 42 años, se organizó rápido. Son los dueños y creadores de "Travellers", el único camping habilitado en la localidad y aquel 20 de marzo, cuando declararon el aislamiento social, tenían cinco personas en su establecimiento que no tenían dónde ir. “Ahí fue cuando hablamos y nos trajimos a estas tres personas a casa, y dejamos a dos chicos de San Luis durmiendo dentro de la recepción del camping”, contaron a dúo.
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Benedicto Cáceres fue el primer Presidente de la Comisión de Fomento de Los Catutos, una localidad que hace 23 años se fundó, pero en el año 2000 una subasta había puesto en jaque su continuidad. Actualmente tiene poco más de 300 habitantes, sus calles continúan sin nombre, las encomiendas o compras online no entran y hasta este domingo reportó dos muertes por COVID.
Este asentamiento, a 17 kilómetros de Zapala, nació por los recursos naturales que posee. La extracción de piedra laja en la zona y la creación de una empresa de cal, levantó las primeras casas alrededor de la fábrica.
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Roberto Contreras, de 33 años, aseguró tener “un trabajo complicado”, ya que, además de probar día a día su ética laboral, es quien debe recibir a los proveedores en Taquimilán. “Soy inspector de bromatología y tránsito, y salgo por las mañanas a controlar y multar a los locales para que cumplan con los controles sanitarios, pero por las tardes les tengo que ir a hacer las compras para mi casa”, contó y describió que hay pocos comercios y “todos son amigos”.
Esta localidad, sin casos aún confirmados por coronavirus, tiene “alrededor de 1000 o 1200 habitantes”. “Las ciudades acá en el Norte son muy parecidas”, sostuvo Roberto y desarrolló que el temor por el virus que circula en esa zona neuquina “lo tocó de cerca”.
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Den, de 56, y Vladka, de 57, salieron con su camioneta de Zapala con destino a Chile, cuando se decretó la cuarentena el 20 de marzo. Las ciudades se cerraron, y este matrimonio de República Checa se quedó sin hogar y a la deriva en medio de la ruta neuquina. “Los fueron rebotando en varias localidades, hasta que acá en Loncopué le pudimos dar una solución”, aseguró Valeria, quien hoy es amiga de estos turistas y le prestó su restaurante cerrado para que puedan vivir ahí.
Con el objetivo cumplido de conocer la Patagonia, esta pareja de jubilados estaba de camino al vecino país. Tenía vuelo de regreso de Santiago de Chile a Canadá, donde vive su hijo, y luego otro con destino a su hogar en la localidad de Pilsen.
Doña Bica tiene las manos más conocidas de todo El Cholar. Si bien dentro de la localidad de 3000 personas donde vive fue partera de casi todas madres que ya son abuelas, su nombre resuena en toda la provincia y en varios puntos del país por sus habilidades en la cocina. Su jubilación en el hospital local y la cultura de los almuerzos familiares, hicieron que el quincho que tenía destinado para sus hijos y nietos cubra la capacidad gastronómica del pueblo.
Es que El Cholar es una ciudad en donde las mujeres revolucionaron y quieren seguir haciéndolo. Por un lado, según contó Bica, Doña Petrona es la curandera que “le dio vida al Cholar”. “Ella hizo crecer mucho a nuestra localidad que ahora se calmó en esta pandemia”, relató.
Juan Sandoval fue “delivery de salud” durante los peores días que le tocó vivir a Santo Tomás. Es el único enfermero de la localidad de 400 habitantes y tuvo que atender casa por casa a los vecinos que tenían síntomas en medio de un brote de casos que dejó un saldo de 3 muertos y más de 40 recuperados.
“En esas tres semanas en donde la localidad volvió a fase 1, yo salía con mi moto a ver a cada uno de los pacientes en sus hogares”, contó el hombre de 40 años.
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Mariela Fuentes dirige la Escuela 97 de Chorriaca, ese recóndito establecimiento del norte neuquino se está conociendo en todo mundo. A fin del año pasado, un grupo de documentalistas británicos visitó el pueblo de 500 habitantes, entre los que se destacó el actor de Star Wars, Ewan Mc Gregor, pero hoy, a partir de la pandemia, atraviesa una realidad distinta: la extinción del idioma mapuche.
Dentro de esta localidad, ubicada a 73 kilómetros de Chos Malal, el coronavirus y el avance del evangelismo están produciendo que la transmisión del mapudungun quede a un lado. “Somos una escuela bilingüe de 72 alumnos, tenemos docentes de la comunidad que enseñan el idioma, como así también analizamos la historia y nos interpelamos esos días que creemos patrios”, contó la directora.
Gabriel Retamal, de 35 años, se prepara para aislarse en una casa sin luz. Como todos los años, mudará su hogar a tres días a pie de Manzano Amargo, donde vive la mitad del año. “Allá vamos a estar mucho más seguros y tranquilos, porque nos alejaremos aún más del coronavirus”, contó a LMN.
Viajará con 700 animales, entre ovejas y chivas. “Los llevo a la veranada, el campo de verano que tengo para que pastoreen y engorden”, describió tras anunciar que “la idea a fin de mes es partir para allá”.
Fabiana tuvo WhatsApp estuvo a punto de colapsar. Tuvo, al menos, cinco grupos con sus compañeras de trabajo para coordinar la imaginación y la educación de los más chicos. El chat más importante, sin dudarlo, es el que tiene de título: “El Jardín va a tu casa”, ya que ahí caían uno a uno, y de forma cronológica, los audios que conformarían el programa de radio que revolucionó a El Huecú.
Es que desde que la cuarentena avanzó, la localidad -que se encuentra a 90 kilómetros de Chos Malal- comenzó a tener entre sus dos mil habitantes un grupo de 6 maestras jardineras que crearon este ciclo. El primer y único objetivo que tenían era educar a los 70 niños y niñas entre 3 y 5 años que viven en el casco urbano y en los alrededores.
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