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Ser inspector en Taquimilán: "Multo a un local en la mañana y a la tarde voy a comprar"

Roberto es bromatólogo y se encarga de que los comercios respeten las medidas sanitarias por la pandemia. Además, es quien recibe a los proveedores entre la paranoia y los cuidados.

Roberto Contreras, de 33 años, aseguró tener “un trabajo complicado”, ya que, además de probar día a día su ética laboral, es quien debe recibir a los proveedores en Taquimilán. “Soy inspector de bromatología y tránsito, y salgo por las mañanas a controlar y multar a los locales para que cumplan con los controles sanitarios, pero por las tardes les tengo que ir a hacer las compras para mi casa”, contó y describió que hay pocos comercios y “todos son amigos”.

Esta localidad, sin casos aún confirmados por coronavirus, tiene “alrededor de 1000 o 1200 habitantes”. “Las ciudades acá en el Norte son muy parecidas”, sostuvo Roberto y desarrolló que el temor por el virus que circula en esa zona neuquina “lo tocó de cerca”.

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Es que este inspector también es, junto con otro compañero más, quien tiene que salir a recibir a los proveedores que llegan desde otras ciudades. “Algunas de ellas con circulación constante del virus y nosotros somos quienes tenemos que revisar la mercadería, constatar que se haga todo el protocolo como corresponde y, si viene con elementos fríos, lo acompañamos hasta la puerta del local”, describió.

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Roberto suele realizar varias tareas, pero por la pandemia solo se abocó al control sanitario: “Casi todos mis días laborables con este coronavirus se basaron en multar a mis amigos o recibir el virus”.

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-> Controlar a los amigos, la rutina

Cuando comenzó la pandemia, el trabajo de Roberto se basó en informar. Recorrió todos los locales comerciales en Taquimilán y explicó en cada uno cuáles eran las medidas de seguridad sanitarias que el Ministerio de Salud de la Provincia exigía.

“Acá hay locales pequeños en donde mucha gente se junta y el almacenero se queda hablando largo tiempo con la gente y eso genera uno de los principales problemas: no se respeta el distanciamiento social”, describió y contó que la solución fue explicarle a cada comerciante “de la mejor forma”: “Como ya los conozco, sé quien tal vez es el más retobado o quien él más comprensible, entonces intento hablarle desde la empatía y explicarle la situación”.

La confianza que tiene con los comerciantes Roberto la utiliza para concientizar y para que se respeten las medidas sanitarias sin la necesidad de poner una multa.

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Viene la mercadería, ¿llega el virus?

Con el rebrote de casos en el norte neuquino, el protocolo de ingreso de mercadería “volvió a ser como era el 20 de marzo” (cuando arrancó el aislamiento en la Argentina), pero “la gente ya no tiene tanto miedo”. “Hasta uno mismo le pasa que la paranoia que tenía cuando todo esto arrancó, dejó de ser así, aunque sigo teniendo el mismo cuidado”, planteó y contó que ahora “va más confiando” al puesto de ingreso.

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Es que, como en varias localidades del norte neuquino, a los camiones no se los deja entrar. Se colocó un arco de desinfección a las afueras y se los detiene ahí para “controlar el acceso de los proveedores”.

Roberto recibe el llamado de los efectivos en el ingreso de Taquimilán y una camioneta del Municipio lo lleva hasta el puesto de control. Verifica que ese camión traiga mercadería esencial y llama a el o los comerciantes a donde irá destinada esos productos.

“Me quedo esperando que se haga la transacción con las medidas de seguridad correspondientes, porque entre el comerciante y el proveedor usualmente también son amigos. Son relaciones de muchos años, entonces estamos ahí para verificar que haya distanciamiento, que se rocíe los productos con alcohol y no haya ningún saludo fuera de las normas sanitarias”, detalló.

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Para los productos fríos, como los lácteos, el vehículo ingresa escoltado por Roberto y efectivos de seguridad de la localidad hasta la puerta del local, en donde se lleva a cabo el mismo protocolo: distanciamiento, desinfección, pago y saludo “acorde a las medidas de seguridad sanitarias”.

De la paranoia a la seguridad

Roberto concuerda que el brote de casos en el norte neuquino llevó “miedo, pero no la paranoia de cuando todo esto arrancó”. “Y me siento parte de ese sentimiento, porque las primeras veces en marzo cuando me tocaba ir a verificar la mercadería que ingresaba, me daba mucho miedo de contraer el virus, pero sobre todo de contagiar a mi familia”, fundamentó.

Si bien la mercadería a Taquimilán llega desde tres puntos que ya tienen casos confirmados y activos (Mendoza, el conglomerado neuquino y Chos Malal), “ir ahora al puesto es distinto”. Roberto aseguró que está al tanto de todas las medidas de seguridad y aprendió a convivir con las restricciones, pero también con el virus mismo. “Antes sentía todos los días que tenía síntomas y verdaderamente la pasé mal, pero ahora creo que lo tomamos de otra forma. Ya estamos habituados, ya está con nosotros, pero no por eso hay que dejar de cuidarse”, explicó.

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Con lo que está pasando en Las Ovejas, con una muerte y 30 casos confirmados, Roberto explica que en Taquimilán “puede pasar lo mismo” ya que “son dos localidades muy parecidas” en cuanto a cantidad de habitantes y la idiosincrasia de sus habitantes. “Una vez que entra el virus, la cultura de acá hace que sea muy fácil que circule rápido”, explicó y deslizó: “En el norte hay muchas ciudades que se contagiaron y estoy convencido de que acá aún no ingresó porque la gente realmente respetó y estamos trabajando muy bien en los controles de la localidad”, contó.

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La cancha: la desconexión de la pandemia

Para Roberto entrenar con el equipo de fútbol de la localidad, La Naranja, es “volver a una normalidad”. “Es que es mi cable a tierra, volver a hablar en el lunfardo nuestro, bromear y volver a ver a personas que hacía meses no veía”, describió y contó que fueron dos semanas de entrenamiento con distancia, como “lo había habilitado Provincia”.

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Con el virus cerca de Taquimilán, todas las habilitaciones “volvieron para atrás”. Como así también el sueño de convertir ese equipo de fútbol en una institución. “Los chicos que nacen acá no pueden elegir otro deporte”, expuso y planteó el objetivo de La Naranja: “Queremos lograr la personería jurídica y hacer que La Naranja pueda desarrollar más deportes y ser la contención de muchos chicos que no quieren jugar solo al fútbol”.

Con la construcción de la sociedad “con los valores del deporte tanto físico como psicosocial ”, Roberto apela por la conciencia de la gente: “Tanto poder formar una institución, como frenar el ingreso del virus a esta localidad, pasará siempre por cada uno de nosotros y cómo queramos que Taquimilán”, y agregó: “Yo, desde mi empleo público o como jugador de fútbol, querré siempre lo mejor para esta localidad”.

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Con la certeza de que “la localidad siga haciendo bien las cosas”, Roberto concluyó con un mensaje para Taquimilán: “Ojalá que llegue esa maldita vacuna lo antes posible, pero hasta que eso pase nosotros seguiremos cuidándola y quiero que los vecinos sepan que no es una persecución a los comercios lo que nosotros hacemos. No es mala fe, solo estamos cuidando a Taquimilán y espero que eso lo entiendan todos y que nos ayuden a respetar, pero sobre todo a concientizar”.

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