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La historia de un pueblo neuquino sin calles que es un ejemplo de fortaleza

En el 2000 se subastó el pueblo, pero Los Catutos aún sigue de pie. Las encomiendas no llegan y los vecinos tienen que viajar 17 kilómetros para retirarlas. Ahora lo golpeó el COVID. Conocé su historia.

Benedicto Cáceres fue el primer Presidente de la Comisión de Fomento de Los Catutos, una localidad que hace 23 años se fundó, pero en el año 2000 una subasta había puesto en jaque su continuidad. Actualmente tiene poco más de 300 habitantes, sus calles continúan sin nombre, las encomiendas o compras online no entran y hasta este domingo reportó dos muertes por COVID.

Este asentamiento, a 17 kilómetros de Zapala, nació por los recursos naturales que posee. La extracción de piedra laja en la zona y la creación de una empresa de cal, levantó las primeras casas alrededor de la fábrica.

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“Nunca supe por qué le pusieron Los Catutos y eso que viví ahí desde los 5 años”, contó Cáceres quien fue la máxima autoridad desde 1997 al 2007.

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Hubo tres fechas que marcaron a los vecinos. La primera, en 1989, cuando la fábrica cerró sus puertas en medio de una crisis económica, dejando a la gran mayoría de la localidad entre el hambre y el exilio. La segunda, 2000, cuando el remate de la localidad por 5000 pesos puso de pie a todos los que allí vivían. La tercera, este 2020, en la que la pandemia mató a dos de sus vecinos y otros dos continúan internados.

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En medio de la hiperinflación del período presidencial de Raúl Alfonsín, todo el país entró en crisis. Bajo ese contexto, la empresa productora de cal, que adquirió deudas impagables y era fuente de trabajo de casi todos los vecinos, cerró de un día para el otro.

“Recuerdo ese día, no nos dejaron entrar a la fábrica y ahí nos dijeron que había cerrado”, contó Benedicto. Los siguientes días y meses, “el hambre llegó”. Si bien nadie pasó a vivir en la calle, las heladeras se vaciaron y muchos decidieron emigrar.

Quienes se quedaron, “muchos de ellos para no perder la casa”, debían caminar los 17 kilómetros que los separa de Zapala para ir a buscar una changa que “por ahí nunca salía”.

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“Tardaron como siete años en pagarnos la indemnización y encima no fue la que nos correspondía”, denunció este hombre de 59 que en aquellos tiempos se dedicaba a hacer “lo que la empresa necesitara”. “Uno iba y esa misma mañana te decían qué tenías que hacer, no es que tenías algún rol asignado o te dedicabas a alguna cosa”, agregó.

Al cerrar la empresa, Cáceres buscó el apoyo del Gobierno de la Provincia para poder darle un marco legal a la situación de los vecinos que se encontraron en su casa, pero sin trabajo y con hambre en una localidad que, hasta ese momento, no existía.

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Cáceres junto al entonces Gobernador Jorge Sobisch y al Vice, Jorge Sapag.

Cáceres junto al entonces Gobernador Jorge Sobisch y al Vice, Jorge Sapag.

Los viajes a Zapala de Cáceres y las reuniones con los distintos funcionarios, hicieron posible que para 1997 Los Catutos se convierta en una Comisión de Fomento junto con otras localidades que también nacieron en esa gestión. “Ahí, a partir de una asamblea, me eligieron presidente”, recordó.

El reconocimiento y la categoría como Comisión de Fomento estableció en Los Catutos un lugar para reclamar. “Fue un cambio grande para todos. Los vecinos, a partir de ahí, teníamos alguien para reclamar cuando nos quedábamos sin agua o cuando no andaba la luz. Antes teníamos que ir a hablar con nuestro patrón”, describió.

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El miedo al remate

Un día de agosto del 2000, el teléfono de Cáceres sonó. “Era muy temprano, como a las 6 de la mañana. Atendí y era el periodista Víctor Hugo Moráles preguntándome qué pasaría si al pueblo lo remataban por 5.000 pesos”, revivió aquel susto.

“Era muy temprano, como a las 6 de la mañana. Atendí y era el periodista Víctor Hugo Moráles preguntándome qué pasaría si al pueblo lo remataban por 5.000 pesos”

Es que por las deudas que había contraído la fábrica, se le había realizado un juicio. “Un martillero llevó a cabo un remate por esa suma de dinero y empezó a circular por la prensa y por los propios vecinos que en ese remate entraban todas las casas”, contó.

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En el diario Clarín, quien “compró la localidad de 49 hectáreas”, había declarado: “La cifra es ridícula. Pasa que en la primera subasta, que fue el año pasado (1999), no se presentó nadie. La cifra era elevada, más de 200 mil pesos. Ahora sólo me presenté yo, fui para defender los intereses de mis clientes y mis honorarios. La base, por ser el segundo remate, era cero, y dije 5 mil. Había otra gente, pero nadie la levantó”.

La desinformación y el miedo de quedarse sin la casa, potenció el rumor y lo convirtió en una noticia nacional. Desde Clarín, hasta Canal 9 informaron sobre el remate de una localidad, pero no aclararon que solo era la fábrica y no las casas “ni la Comisión de Fomento que ya estaba consolidada”.

El COVID no tiene maps

A 20 años de aquel susto, el terror volvió a la localidad. Esta vez, Los Catutos no es la excepción. Todos los puntos de la provincia están atravesando y padeciendo las consecuencias de esta pandemia, aunque entre los 300 habitantes que tiene este joven asentamiento ya murieron dos con COVID.

Entre los 300 habitantes que tiene este joven asentamiento ya murieron dos con COVID

En total, hasta este domingo, 9 personas tuvieron el virus. Cinco lo están atravesando sin problemas, y otros dos están en terapia intensiva. “Somos una localidad que tiene muchas personas mayores”, contó Mariela Antiñir, quien es la única enfermera de la posta sanitaria.

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Una de las personas que falleció, se contagió por uno de los jóvenes familiares que habían vuelto de Zapala. “Al parecer presentó síntomas y se aisló con todas las personas con las que convive y uno de ellos es nuestra segunda víctima”, deslizó la enfermera que nació en Los Catutos, estudió fuera, pero volvió a ejercer la profesión.

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La localidad sin calles

Los puntos de ubicación suelen ser las entidades públicas. “Acá nos conocemos todos, pero si viene alguien que por ahí no sabe cómo llegar a una casa en particular nos guiamos por la Comisaría. Por ejemplo, fulanito vive tres casas al norte de la comisaría, del lado de enfrente, casa blanca”, contó.

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Esto de no tener nombre de las calles ni altura generó que las compras por las empresas de encomiendas deban poner la dirección de Zapala para ir a buscar al transporte. “Claro, es que no te llega nada a tu casa. Las boletas o el correo suele llegar a la comisión de fomento y de ahí lo reparten o lo buscas, pero el resto todo a Zapala”, continuó Mariela.

Entre el recuerdo de los “años de hambre”, el miedo a la venta y la actualidad prospera, Cáceres entiende que aquella fábrica “fue un símbolo para el pueblo” y explicó: “Pero lo que tenemos hoy con la fábrica no lo hubiésemos tenido. Te puedo garantizar que Los Catutos no tendría la grandeza que tiene si la fábrica seguiría operando”.

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El dolor de la pérdida de los dos vecinos por esta pandemia y la fortaleza de muchos ciudadanos que atravesaron la dura historia, confirma que Los Catutos, para muchos vecinos, pasó a ser un sinónimo de reivindicación y levantan su bandera con orgullo.

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