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La Mañana Cárceles

Qué hay de cierto sobre la serie que muestra las cárceles de mujeres: el testimonio de una ex presa de Neuquén

"En el barro", la serie furor de Netflix que muestra la vida dentro de un penal bajo la lupa de una neuquina que pasó más de dos años en la Unidad 16.

Desde su estreno, "En el barro" se convirtió en un fenómeno de Netflix. La serie argentina, que retrata la vida de un grupo de mujeres tras las rejas, no solo escaló entre las más vistas de la plataforma, sino que también despertó debates: ¿Cuánto de lo que muestra está basado en hechos reales y cuánto es una licencia narrativa? En Neuquén, Cristina Villar, una mujer de 49 años que estuvo presa en la Unidad 16, contó su experiencia en primera persona y permitió comparar la ficción con la vida cotidiana dentro de un penal de mujeres.

En "En el barro", las primeras escenas muestran el desconcierto de una recién llegada al penal: los gritos, la requisa, la desnudez forzada, la tensión de convivir con desconocidas. Cristina asegura que ese pasaje está lejos de ser exagerado. Tras ser detenida en marzo de 2021, pasó dos días en un calabozo de la comisaría 22 de Zapala. "Era una letrina nauseabunda, llena de moscas y mosquitos. Dormí sentada en una silla para no estar pegada al piso húmedo y mohoso", contó a LMNeuquén.

Cuando la trasladaron a la Unidad 16, esposada dentro de una camioneta sin ventanas, la experiencia no fue mejor. "Me llevaron toda la noche en un móvil a los tumbos, con un frío tremendo. Sentía que querían que me lastimara contra las paredes", recordó. Al llegar, vivió lo que la serie también retrata: la requisa completa y degradante. "Te obligan a desnudarte, a hacer sentadillas, a mostrar tu cuerpo frente a las celadoras. Es un cachetazo muy fuerte", confesó.

SFP Unidad de Detencion Mujeres carcel 16 (6)

En la ficción, la vida en el pabellón está marcada por jerarquías, alianzas y peleas constantes. Cristina dijo que ese aspecto también refleja una verdad incómoda. "Dormís con un ojo abierto y el otro cerrado. En un momento me intentaron apuñalar con un palo de escoba. Me defendí con el brazo y quedé llena de hematomas. Ahí entendés que es tu vida o la de la otra", contó con crudeza.

La Unidad 16 aloja a 21 mujeres, un número mucho más reducido que el de las mega cárceles que aparecen en pantalla, pero la tensión es la misma. "El sistema está ideado para el 'sálvese quien pueda'. Tenés que sobrevivir entre internas con causas distintas y también lidiar con el destrato policial", aseguró.

Comida y salud: un abismo con la ficción

A la hora de la comida, en la serie aparece un lugar que es el comedor, donde las presas pasan por una especie de mostrador con sus bandejas para que les pongan ahí sus alimentos, momento que recuerda más a una casa de comidas rápidas o un campamento estudiantil.

Pero aunque parezca alejado de la realidad, Villar dijo que en la cárcel de mujeres de Neuquén también hay un comedor, aunque las presas no van con bandejas sino que les dan viandas plásticas y que las pueden comer ahí o en sus celdas.

EN EL BARRO

Para Cristina, las comidas desagradables que se muestran en la serie se quedaron cortas ante las que ella probó. "Nos daban guisos incomibles, tallarines pasados, viandas podridas. Estaban facturadas como cenas de hotel y eran un masacote de fideos. Si tenías dieta especial, te daban el mismo arroz blanco que a las demás, pero quizás le sacaban la albóndiga", relató.

El acceso a la salud que se muestra en la serie comparada con la realidad es un "privilegio", dijo. "No había médicos ni psicólogos en la Unidad. Si te tocaba un turno, te sacaban esposada hasta la Unidad 11. Las chicas con consumo problemático pedían medicación y el psiquiatra les daba a mansalva. Era un abandono disfrazado de atención", aseguró.

Intimidad perdida y cuerpos expuestos

Uno de los puntos de mayor debate de la serie es la representación de la sexualidad en las cárceles. En la ficción, los vínculos amorosos entre internas y las escenas de intimidad son frecuentes. Cristina confirmó que existían parejas dentro del penal, pero resaltó el costado más violento del sistema. "En los días de visita las requisas eran constantes. Te hacían desnudarte aunque no hubieras tenido visitas. Te revisaban toda. Es muy denigrante, perdés el valor de persona", aseguró.

SFP Maria Cristina Villar estuvo en carcel y escribio un libro de poemas poesias (7).JPG

Según contó la mujer, en esas jornadas la cárcel se convertía más en un hotel alojamiento que en un espacio familiar. "Muchas recibían a sus parejas y tenían sexo en los pasillos o baños, a la vista de menores. Es muy complejo que niños crecieran en medio de eso", consideró.

En la ficción muestran cómo las presas hacían videos sexuales y los comercializan por internet. Cristina dijo que en la cárcel neuquina solo tenían un celular de los viejos sin cámara, por lo que aquella escena no se repetía.

La serie expone la cárcel como escenario de drama, violencia y sororidad. La experiencia de Cristina en la Unidad 16 confirmó que muchas de esas escenas están inspiradas en realidades concretas: la violencia entre internas, las jerarquías, las relaciones amorosas, las requisas degradantes. "Entrás a la cárcel y dejás de ser persona para ser una cosa. Eso no lo muestra ninguna serie", dijo Cristina. Su testimonio pone en evidencia que, aunque la ficción acerque la mirada, la realidad siempre es más dura.

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