En otra noche donde desbordó la emoción, los destaques entre las últimas seis escuelas de samba en desfilar fueron las populares Mangueira y Vila Isabel, junto a la Grande Rio, integrada por celebridades locales y gente bonita carioca.
El desfile iniciado la noche del lunes entusiasmó a buena parte de los 60.000 espectadores, aunque no escapó de problemas técnicos, varios por la fastuosidad de despliegue y la ambición por sorprender al jurado.
El inicio fue para Mocidade Independente, con una samba enredo (tema central) sobre paraísos, como el del consumo, los religiosos y fiscales, expuesto con frenesí por sus miembros.
Le siguió Porto da Pedra, que desfiló por el Sambódromo con los cambios de la vestimenta y la moda a lo largo de la historia.
El tercer turno fue de la máxima campeona del carnaval carioca, Portela (21 títulos), que tomó la pasarela con un colorido y sofisticado show tecnológico sobre los cambios impulsados por Internet y su poder de transformación social.
Sin embargo, las intenciones de Portela (sin cetros desde 1984) no se consumaron plenamente pues transmitió su idea de forma algo confusa, pese a estar sus 37 alas repletas de antenas parabólicas, luces, computadoras y vistosas carrozas.
Luego salió Grande Río con lucido homenaje a los 25 años del Sambódromo, a las diferentes escuelas y los puntos altos de los carnavales.
Pese al contratiempo, el colorido, las originales carrozas y sus hermosas vedettes le valieron fuertes aplausos y quedó como aspirante al cetro.
Vila Isabel, cuna de compositores cariocas, fue penúltima en desfilar con 3.500 miembros, quienes representaron de forma vistosa la vida bohemia y la obra del poeta sambista Noel Rosa, autor de clásicos que cumpliría 100 años en 2010. Pero tuvo un serio problema de sonido.
El broche final fue para la escola más popular de Brasil y en el exterior: Mangueira (2ª mayor ganadora, 15 coronas), que no gana desde 2002. Con una de las mejores baterías de la samba, se lució con su tema “Mangueira es la música de Br>asil”, un homenaje a músicos populares.
Un aplauso aparte se lo llevó el original recuerdo a la censura artística durante la última dictadura (1964-85), con un grupo vestido de soldados dejando tras rejas portátiles a los percusionistas, que vestían de presos con la palabra “censurado”.


