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El asesino enamorado y la gitana prófuga

El aberrante homicidio que conmocionó a Junín de los Andes es una herida que sigue abierta. Repasamos la trama y los detalles clave de la caída de Salcedo, las pistas truncas de la gitana Costich y una intriga latente: ¿quién entregó al Gordo Roca Jalil?

El crimen del hotelero Alfredo “el Gordo” Roca Jalil está grabado a fuego en la memoria de los habitantes de Junín de los Andes. Nadie podrá olvidar la imagen del empresario tirado en el suelo de una de las habitaciones de su hostal céntrico todo ensangrentado, amordazado y atado de pies y manos. Su esposa, María Enrica “Picha” Buscaglia, desesperada desde su cama pidió ayuda en vano. Esa Semana Santa de 2014, la localidad cordillerana vivió su propio calvario.

El caso se esclareció a medias con la detención del Gabriel Darío Salcedo, alias el Mendocino, pero aún no se ha logrado dar con la gitana Costich, que estiman que está protegida por la comunidad zíngara y se mueve por varias provincias del país para evitar que la atrapen.

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En la trama profunda de esta historia de horror, todavía hay una intriga vigente: ¿quién entregó al Gordo Roca Jalil?

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Familia de pioneros

Los Roca Jalil en Junín de los Andes cargan en sus espaldas con ese bello privilegio de ser una de las familias pioneras de la localidad. El Gordo Roca Jalil tenía un hostal céntrico, ubicado en calle San Martín 550, frente a la plaza central. El negocio era el sostén de la familia.

Su hijo, Juan, le daba una mano. María Enrica Buscaglia, más conocida como la Picha, y Alfredo llevaban 41 años de casados y él se había transformado en su sostén y su todo, desde que la esclerosis múltiple la dejó en cama hace ya unas tres décadas.

“Son gente de plata, pero de los que la laburaron”, cuenta un habitante de Junín, y una fuente de la investigación recuerda: “Tras el crimen, cuando hicimos la inspección ocular, encontramos muchísimo dinero guardado en distintos lugares de la casa. Abrías una caja de galleta y había dinero. Por eso es que no se sabe cuánto se llevaron en el robo”

Es por la plata que los pesquisas del caso creen que al Gordo lo entregaron, pero no está claro quién lo hizo y cuál era el nexo con su asesino. Pero su círculo íntimo de familiares y amigos siempre será una sospecha latente.

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El Mendocino

Gabriel Darío Salcedo era oriundo de Mendoza, provincia donde estuvo tras las rejas cumpliendo una condena por robo con arma y privación de la libertad. El 10 de julio de 2003 le dictaron una pena de 8 años de prisión, pero cinco años, cuatro meses y 23 días después, es decir, el 20 de julio de 2007, se le otorgó la libertad condicional. La pena se dio por cumplida el 27 de enero de 2010.

El derrotero de cómo llegó Salcedo a Neuquén es incierto, pero hay una versión que lo vincula a la comunidad zíngara. De ahí que conociera a la gitana Costich, su cómplice en el crimen de Roca Jalil.

Cuando el Mendocino desembarcó en Neuquén, se instaló en Valentina Sur, un barrio de la capital muy conocido por sus kioscos de venta de droga que generan un importante movimiento vehicular durante las noches, de ahí que esta popular barriada haya sido bautizada “ciudad luz”.

El plan

En 2014, Semana Santa arrancaba con el Domingo de Ramos, que caía el 13 de abril.

Salcedo ya tenía el dato para dar el golpe y la gitana Costich lo acompañaría. El 12 salieron de Neuquén e hicieron noche en Zapala. Al día siguiente completaron la ruta que los llevaba a Junín de los Andes.

Ese domingo, el Gordo Roca Jalil miraba el partido que enfrentaba a River con Rafaela. El encuentro lo ganó el equipo de Ramón Díaz 2 a 0 con goles de Teo Gutiérrez y Carbonero. Durante el segundo tiempo, a las 18:52 sonó el teléfono fijo de la hostería El Montañés y Alfredo atendió. Del otro lado de la línea, el Mendocino le hizo una reserva y anunció que llegaría esa noche a las 22.

Alfredo le avisó a su hijo, Juan, que esperara al cliente así él se iba para estar con su esposa. En su ritual de pareja, Alfredo todas las noches le ofrecía un caramelo o un chocolate a Picha y charlaban un rato antes de dormirse.

Cuando arribó la pareja, Juan le entregó la llave de la habitación D y los acompañó. En el camino, como quien no quiere la cosa, entre el Mendocino y la gitana le sacaron información clave al joven. Por ejemplo, si había otros huéspedes o mucama, y si la reja del complejo quedaba abierta o cerrada porque ellos a primera hora de la mañana seguían camino a Chile. Por último, preguntaron por un lugar para ir a comer y se despidieron de Juan.

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El crimen

Hubo un plan criminal previo, sostuvieron los investigadores y el jurado popular que condenó a Salcedo. Sabían que no había pasajeros en el hostal, sabían de la enfermedad de Picha y de la existencia de dinero. Sabían lo suficiente para articular el robo y así fue como lo hicieron.

Salcedo y la gitana salieron del hostal y se fueron a cenar, y en el camino aprovecharon a pasar por un cajero automático del BPN. Estos movimientos lo hicieron con la finalidad de ganar tiempo para que se fuera el hijo de Roca Jalil así quedaban solos.

Volvieron pasada la medianoche al hostal y desde la habitación llamaron a Roca Jalil con una excusa que solo conocen los asesinos. Con mucha voluntad, Alfredo se levantó de la cama y fue en pantuflas hasta la habitación D, sin presumir siquiera que sería agredido por sus huéspedes.

Los forenses explicaron que la golpiza que le propinaron al hotelero fue brutal y que cada una de las tantas fracturas que sufrió “fueron vitales, todas contribuyeron a su muerte”, señala el reporte de autopsia.

Ni bien Roca Jalil ingresó a la habitación, lo golpearon con un elemento contundente en la cabeza, lo tiraron al suelo, lo amordazaron con una toalla, las manos se las envolvieron con la funda de una almohada y luego se las ataron con alambre. Finalmente, le sacaron el cinturón y le ataron los pies.

Una vez reducido, Salcedo se ensañó con Roca Jalil y le dio varias trompadas mientras le exigía el dinero. Incluso le pateó la cabeza mientras estaba tirado en el suelo, lo que demuestra el nivel de salvajismo del hombre.

La gitana aprovechó para subir a la habitación de Picha, a quien no necesitó amenazar con ningún tipo de arma, pero mientras le pedía el dinero le decía que abajo tenían al hijo con una pistola apuntándole a la cabeza y que si no le daban el dinero lo ejecutarían.

En definitiva, la gitana se llevó varias joyas de oro y plata que eran de la familia y una suma de dinero que aún hoy no ha podido ser establecida.

Antes de emprender la fuga, la pareja de asesinos registró todo el hostal y rompió puertas y cajones en busca de dinero.

La mañana del lunes 14 de abril, cuando Juan llegó al trabajo, no vio a su padre y la madre le contó la pesadilla que habían sufrido. De inmediato llamó a la Policía que, tras revisar el hostal por completo, encontró en la habitación D al Gordo Jalil sin vida, en una brutal escena del crimen.

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Una semana a la deriva

El impacto social del crimen obligó a la jefatura de Policía a mandar a sus mejores investigadores para tratar de dar caza a la pareja asesina.

Con un detective a la cabeza, efectivos de Seguridad Personal, lo que sería homicidios, desembarcaron en Junín. Criminalística rastrilló la escena del crimen y consiguió levantar un par de huellas clave. Además, secuestraron los lentes que olvidó Salcedo en la huida, lo que permitiría obtener el ADN del asesino.

Con las características físicas y las facciones de la pareja, datos que fueron aportados por la esposa y el hijo de Roca Jalil, más los que brindó el taxista que los llevó de la terminal al hostal, se realizó un identikit que en menos de 48 horas ya se había difundido por todos los medios provinciales. El identikit también fue enviado a todas las policías del país. Luego, surgieron las imágenes de las cámaras de seguridad del cajero del BPN.

Entre las tareas investigativas que se llevaron adelante por esos días, se verificó a todas las personas que bajaron, en Junín y San Martín, del mismo colectivo en el que arribaron el domingo 13 la gitana y el Mendocino.

Por el tipo de ropa que utilizaban los asesinos, se presumió que podrían ser feligreses evangelistas, por lo que se recorrió todas las iglesias de la zona, aunque sin suerte.

Como Salcedo había mencionado que iban a seguir camino a Chile, se verificaron los puestos de frontera y los datos migratorios, pero no surgió nada. Se había chequeado todo y no tenían nada, por lo que el ánimo no era el mejor. “Durante una semana estuvimos a la deriva corroborando datos”, confió durante el juicio Sergio LLaytuqueo, el detective responsable de la captura de Salcedo.

Al concluir esa semana, el gobierno provincial había librado una recompensa de 50 mil dólares para quien brindara información clave para dar con los asesinos.

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Amores perros

Salcedo cayó por amor. Sí, hasta el peor asesino se enamora. En marzo de 2014, el Mendocino salió de ronda para tratar de animar una noche de fin de semana y en el boliche Las Palmas, donde se perdió para siempre Sergio Ávalos, encontró el amor: una mujer llamada Claudia.

La neuquina no llegó a conocer todo el derrotero de la vida del Mendocino, pero la Policía sí descubrió que el hombre estaba enamorado y ese amor se transformó en su talón de Aquiles.

El detective Llaytuqueo explicó al jurado popular que tuvieron que hacer un minucioso trabajo cruzando líneas telefónicas. Básicamente fue así. A partir del teléfono de la hostería, se ubicó el número desde el que la pareja asesina hizo la reserva bajo un nombre falso, Luis Paez. Ese chip lo utilizaron solo para hacer ese llamado y luego lo descartaron.

Pero fue a partir de esa línea que los policías obtuvieron el número de IMEI de aparato, lo que permitió comprobar que se habían utilizado cuatro chips y en al menos tres se repetía un mismo celular, el de Claudia.

Se resolvió intervenir el celular de la mujer, sin saber quién era, y así fue que descubrieron que era la novia de Salcedo.

“Estoy enamorado de vos”, “venite a Buenos Aires que a mí me salió mal un trabajo y me tuve que ir de Neuquén”, “estoy en un edificio escondido y no puedo salir porque mi cabeza tiene precio”. Esos fueron algunos de los dichos de Salcedo a su novia, que le pedía que le explicara qué había pasado y él le insistía que cuando fuera a verlo le contaría todo.

La desesperación del Mendocino por encontrarse con Claudia fue creciendo hasta que el viernes 9 de mayo le compró un pasaje de colectivo en el Rápido Argentino y la llamó para darle todos los detalles. Le pasó un código para que retirara el pasaje en la ventanilla de la terminal y le avisó que el colectivo salía esa noche a las 21:45.

Esa llamada fue escuchada en vivo por los investigadores, que ahí pudieron obtener toda la información de la mujer, por lo que arrojaron sus datos dentro del sistema de registro de personas y hasta obtuvieron la foto de ella. Esto les permitió descartarla como la cómplice, ya que la gitana era más alta que Salcedo y Claudia era más baja que él.

Tras obtener los pesquisas el dato clave del viaje, comenzaron a actuar. “Ordené de inmediato que dos policías abordaran ese colectivo para seguir a la mujer y con otro efectivo nos fuimos en camioneta hasta la terminal de Liniers en Buenos Aires”, detalló Llaytuqueo en el juicio.

Dos horas antes de arribar a la terminal, los policías se sentaron con Claudia y le contaron todo. La mujer entendió la situación y aceptó actuar con normalidad una vez que llegaran a destino.

En el resto del viaje pautaron que cuando ella bajara del colectivo iba a abrazar a Salcedo y luego entrarían en escena los policías. Ni bien Claudia envolvió en sus brazos al Mendocino, los cuatro policías se presentaron y le explicaron que estaba detenido por el crimen de Roca Jalil.

Salcedo no olvidará nunca más ese 10 de mayo, su ser se revolvía en contradicciones de todo tipo. Fue trasladado a una dependencia de la Policía Federal y días después fue escoltado hasta Neuquén.

Juicio y castigo

Una vez que arribó a Junín, fue acusado por el equipo fiscal que encabeza Fernando Rubio con Manuel González y el asistente letrado Maximiliano Bagnat.

Lo acusaron por homicidio en ocasión de robo y se le dictaron seis meses de prisión preventiva por riesgo de fuga y entorpecimiento de la investigación.

El juicio por jurados se realizó entre el 10 y el 13 de noviembre, y fue el primero de Junín de los Andes ya que en enero de ese año se había puesto en vigencia el nuevo Código Procesal Penal.

Todos los medios estuvieron atentos al juicio donde la fiscalía y la querella de Roca Jalil, representada por Roa Moreno, presentaron pruebas contundentes al jurado.

Los defensores, Facundo Trova y Alejandro Bustamante, intentaron instalar la duda en el jurado popular, pero no lo lograron.

A la hora de las pruebas, el hijo del empresario ubicó a Salcedo en el lugar y las huellas digitales que levantaron en la habitación D coincidían con las suyas. El ADN extraído de los lentes de marco blanco que olvidó en la huida y con los cuales se lo veía en las cámaras del cajero del BPN fue contundente.

El jurado popular lo declaró culpable, por 10 votos a 2, y en enero de 2015 le dictaron una pena de 22 años y la reincidencia.

Hoy, Salcedo está en el pabellón de máxima seguridad de la U11. Hace más de un año que no lo visita nadie y Claudia desapareció de su vida para siempre.

Continúa la búsqueda de la gitana

En la actualidad, sigue vigente una línea investigativa para dar con la gitana Costich. Los pesquisas están convencidos de que la comunidad zíngara se encarga de brindarle protección y suponen que esto se debe a que es la hija de algún jefe gitano importante. “Es muy difícil entrarles a los gitanos. Además, las gitanas son todas parecidas, por lo que va a ser complicado ubicarla”, reveló un investigador.

A la hora de las hipótesis, suponen que a la gitana la mueven de provincia en provincia y de comunidad en comunidad para evitar que la capturen. Los últimos datos que se tuvieron fue que habría estado en Bahía Blanca y luego se siguió un rastro hasta Santa Fe, pero sin suerte.

Los investigadores saben que las capturas son tareas que llevan su tiempo, por lo que hay que armarse de paciencia, “pero tarde o temprano caen”, concluyó uno de los pesquisas.

La intriga que permanece

En un crimen, la fiscalía solo tiene la obligación de demostrar la autoría, no el móvil o dar con los entregadores.

De todas formas, en el crimen de Roca Jalil, los investigadores, no dejan de darle vueltas a la historia. Para ellos hubo una entrega, alguien pasó el dato fino. “Salcedo estaba en Neuquén, alguien de Junín le tuvo que haber dado el dato para que fueran a hacer el trabajo”, contó un pesquisa

Típico de toda investigación criminal es analizar el perfil de la víctima. En este caso, se averiguó si tanto Alfredo Roca Jalil como su núcleo familiar tenían deudas que pudieran haber provocado semejante ataque, pero estaban limpios. Solo Salcedo podría revelar quién entregó a Roca Jalil.

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