Libertad asistida: un programa para rescatar a los adolescentes
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El acompañamiento dura más de un año y medio. El programa forma parte del Ministerio de Desarrollo Social.
Neuquén > Desde hace catorce años un grupo de profesionales, conformado por licenciados en servicio social y trabajo social, psicólogos y operadores de calle, aborda de manera integral la atención de jóvenes que ingresan en el sistema penal, garantizándoles la asistencia sin la privación de la libertad.
"La tarea consiste en “resignificar la trayectoria social del sujeto, trabajar el posicionamiento del adolescente ante la infracción y propiciar la construcción de un proyecto de vida”, según los objetivos establecidos por el Programa Libertad Asistida que funciona dentro de la Dirección de Tratamiento Familiar Ambulatorio dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia.
La ley 2302, sancionada por la Legislatura provincial en 1999, señala que si un adolescente comete un delito no puede ser tratado como un adulto ni puede ir a prisión. Los artículos 71 y 79 de esta ley estipulan un régimen de libertad asistida como una medida jurídica superadora de la privación de la libertad, que una persona puede sufrir como pena ante un delito cometido.
Es decir, que se le otorga al adolescente, dentro de un debido proceso, el goce de la libertad a la vez que se lo insta a asumir la obligatoriedad de sujetarse a un tratamiento de carácter tutelar.
“La medida es una posibilidad para evitar la condena de los jóvenes menores de 18 años”, resumió la trabajadora social Graciela Marín, quien desde hace doce años trabaja en el programa.
En la actualidad el equipo de trabajo está conformado por trece personas que atienden a unos cuarenta jóvenes infractores de la ley penal que van desde los 16 a los 18 años. La mayoría de estos jóvenes han cometido robos, homicidios y agresiones, entre otros delitos.
“La cantidad de jóvenes que asistimos varía, hubo épocas que tuvimos más de cien y en un contexto de escaso recurso material y humano”, explicó Marín, y agregó que “por suerte hoy no tenemos adolescentes en lista de espera como los tuvimos en otros momentos”.
Cuando el joven está imputado de un delito y se lo declara responsable del hecho, el juez resuelve el cumplimiento de una de las medidas de la ley 2302 que es el tratamiento de libertad asistida y a partir de ahí “iniciamos nuestro trabajo que consiste en primer lugar en una aproximación al joven y también a su entorno, y después se definen las acciones para realizar el tratamiento que por lo general se extiende entre un año y medio y dos años”, describió Paulina Tapia, trabajadora social, que ingresó al equipo hace más de cuatro años.
En lo cotidiano
Juan Alvarado define su función de operador de calle como “la presencia en la cotidianeidad del joven”. Este trabajador social, que hace cuatro años eligió incorporarse al equipo de Libertad Asistida, explicó que su tarea es “acompañar al joven en diferentes actividades que se van planificando conjuntamente como puede ser la realización del documento de identidad, asistir a un centro de salud, buscar lugares de capacitación, estar en su domicilio y en los lugares donde asiste”. En realidad, el operador se convierte en un referente para el joven, en un verdadero pilar de su vida.
Alvarado comentó que en un principio no es fácil establecer con el joven este lazo porque “hay que tomarse el tiempo para conocer a ese sujeto y su situación, y crear un clima de confianza, porque no lo consideramos un expediente, un número, es una persona que cometió un delito”.
Y agregó: “Me gusta mi trabajo, sobre todo cuando estos chicos pueden empezar a ver que ellos pueden, que no todo está perdido, y eso nos provoca una enorme satisfacción”.
Sostuvo que crear ese vínculo no es nada fácil porque “a estos jóvenes a muchas veces se le han prometido muchas cosas, son parte de familias a las cuales el Estado muchas veces le ha llegado con distintas promesas y propuestas que nunca se concretaron. Entonces generar ese vínculo es complicado porque nosotros también somos parte de ese Estado que prometió y no cumplió”.
La función de cada integrante del equipo es acompañar, orientar y asistir al joven con la finalidad de construir un proyecto de vida y para ello “se utilizan diversas herramientas como entrevistas, espacios grupales, búsqueda de espacios de capacitación y de recreación, actividades socioeducativas y talleres estéticos expresivos”, comentaron.
Cuestión de sobrevivencia
La población con la que habitualmente trabaja este equipo de profesionales proviene de los sectores más humildes de la ciudad “con diferentes problemáticas como la falta de un trabajo formal en los integrantes de la familia, subocupados y excluidos del sistema educativo”, acotó Alvarado. Y de inmediato aclaró que “los chicos no delinquen porque sí, no nacen delincuentes sino que son un producto de una realidad social”.
Marín suma su opinión: “Estos pibes no nacen chorros, como piensa una parte de la sociedad, sino que hay toda una serie de condiciones que se van dando para que el adolescente en determinado momento tenga o vea como única opción transgredir; entonces van y roban zapatillas, ropas, comida, plata, es decir entran en un círculo que está vinculado con la sobrevivencia de él y de su familia”.
Como bien señaló el trabajador social Javier Lombardo el delito aparece y se manifiesta en una familia “como parte de una estrategia de reproducción o de sobrevivencia, siendo la posibilidad de alimentarse, de vestirse y de poseer ciertas ‘comodidades’, entre otras, un condicionamiento material concreto que contribuye a fijar o regularizar ciertos aspectos de la constelación familiar, a través de la modificación de los hábitos y a través de la significación que de esto se va realizando”.
Las fallas
Los tres coinciden en que el derecho penal no soluciona los conflictos de estos jóvenes. “Cuando el adolescente llega a libertad asistida lo hace cuando la familia no pudo estar, cuando el Estado no pudo estar, cuando la escuela no pudo estar, la comunidad en la que se desarrollaba no estaba”, precisó Tapia.
“La única alternativa de asistencia y prevención que tiene hoy por hoy un adolescente transgresor a la ley penal es la libertad asistida. Es el único recurso que en este momento cuenta el Estado para trabajar con este adolescente”, agregó.
Marín precisó que no siempre los adolescentes que ingresan al programa están vinculados con un ambiente familiar de violencia o delito. “Una de las intervenciones que se establece en el programa de libertad asistida es poder empezar a valorar la vida, el cuidado de no exponerse a una situación de riesgo o donde existe la posibilidad de que pierdan la vida o resulten heridos. Desde siempre me ha impactado esto que tiene que ver con la no valoración de la vida que tienen estos chicos. En algunos es imposible adentrarse y generar alguna línea de intervención porque como dicen ellos ‘ya estoy jugado’ y sólo tienen 16, 17 años”, explicó.
Tapia propone que se analicen todos los mensajes que la sociedad va repitiendo en relación a los delitos de los menores “como la frase de que los menores entran por una puerta y salen por la otra. Esto no es así. Hay un sistema judicial, penal que está armado y tiene que respetarse, es decir los chicos pasan por un proceso".





