Por Ramiro Morales
El incendio del pozo de Pluspetrol en Plottier, que mantuvo en vilo a la comunidad que vive en las cercanías y generó preocupación entre las autoridades de gobierno, desnudó una realidad que parecía en segundo plano en la actividad hidrocarburífera: el increíble avance de las urbanizaciones a las zonas productivas de extracción de petróleo y gas.
El pozo en cuestión, finalmente apagado ayer por especialistas que llegaron de Estados Unidos, está ubicado a unos 200 metros de un plan de viviendas, en las afueras de Plottier. Cómo llegó ese plan hasta ese lugar y quién lo autorizó ya es motivo de debates, aunque ahora lo importante es saber qué se hará en adelante.
En forma paralela, durante los días que estuvo encendido el pozo, se conoció el informe sobre contaminación que habían elaborado especialistas de la Universidad Nacional del Comahue en toda la zona de Valentina Norte.
En esta caso, la situación es mucho más preocupante y tiene matices dramáticos. La empresa Pluspetrol viene realizando la actividad petrolera en el lugar hace 20 años. A lo largo de todo este período fue empapando el suelo con hidrocarburos a tal punto que las napas freáticas y la tierra tienen un alto grado de contaminación y las aguas subterráneas ya no son aptas ni para el riego ni para el consumo de la población.
Las últimas imágenes que se conocieron del lugar son alarmantes: en ellas se pueden ver pequeñas e improvisadas viviendas construidas a unos pocos metros de las cigüeñas que extraen el petróleo. Las postales parecen trucas, pero son reales. En total hay 46 pozos petroleros conviviendo con barrios, tomas y chacras productivas.
¿Es responsabilidad de la empresa, de los vecinos que se asentaron o de los gobiernos que permitieron esos asentamientos, aun a sabiendas que eran riesgosos?
Durante los últimos años, los avances urbanísticos tanto en Plottier como en algunos sectores de la capital neuquina se hicieron de manera improvisada y riesgosa. Los municipios pecaron de demagogos en más de una oportunidad para no pagar costos políticos con desalojos, no sólo donde el urbanismo choca con la actividad petrolera, sino también en otros sectores de alto riesgo, como la zona de la cabecera de pista que tiene el aeropuerto de Neuquén (del lado de Plottier florecieron barrios que no deberían estar permitidos) o en zonas inundables, aprovechando la poca cantidad que traen los ríos por la persistente sequía.
Durante la semana, el gobernador Sapag se refirió al tema y recordó que hay una ley provincial (17.319) que prevé incluir zonas de exclusión para evitar nuevos avances de las zonas urbanas y dijo que se debería iniciar un debate al respecto.
Es probable que la polémica en cuestión sirva para solucionar el tema. Sin embargo, lo que se debería firmar es un pacto político y social lo más representativo posible para no dejar zonas grises, evitar los actos de demagogia y hacer cumplir las leyes vigentes que pocos las tienen en cuenta.


