Los neuquinos no conocen a sus personajes históricos

Monumentos los recuerdan. Pocos saben quiénes son.

Flavio Ramírez

ramirezf@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Apurados por el vértigo de la ciudad, los neuquinos suelen no prestarles atención a los monumentos que pueblan las plazas, parques y avenidas. Al menos así lo cuentan cuatro de las figuras que forjaron la historia de la provincia.

Don Felipe camina por el Bajo neuquino. Lleva el paso cansino de sus últimos años. Con una amplia sonrisa, echarpe de vicuña al cuello y las manos cruzadas por la espalda, invita a los peatones a sacarse una selfie, aunque pocos, muy pocos, le prestan atención.

El monumento del ex gobernador Sapag está en el bulevar de Avenida Olascoaga donde Alcorta se convierte en Perito Moreno.

Los bancos de la plazoleta dan descanso y relajo a turistas y paseantes. Algunos toman mate, se asolean, pasan el tiempo. La mayoría revisa sus teléfonos móviles, indiferentes a lo que ocurre más allá de sus narices. Don Felipe permanece estoico en su lugar. Esperando que alguien lo reconozca. Pero la gente lo ignora.

Entre tantos transeúntes, por fin consigue uno que se interese. Es un hombre joven. Camina con la mirada puesta en el suelo. Cuando alza la vista se encuentra con el monumento, se acerca y lee las placas, mira la obra y sigue viaje, como si no le interesara la vida del cuatro veces gobernador neuquino.

“Recién vino una chica y se sacó fotos”, contó Ivonne, que colabora con el puesto de panchos solidario. “Se ve que no era de acá”, agregó.

100 monumentos tiene la ciudad.

Esculturas, bustos, placas, hitos, construcciones y señalizaciones están distribuidas por toda la ciudad, la mayoría de ellos se concentran en las avenidas Argentina y Olascoaga. El cenotafio a los caídos en Malvinas está entre los que más daños sufren.

“No sé quién es”, fue la respuesta de una vecina de Cipolletti que se tomaba un respiro con sus hijos. Aunque enterada del nombre de la personalidad, soltó un “ah, el que era gobernador”. El fundador del MPN pierde ante la popularidad de Marcelo Berbel a la hora de las fotos. El poeta y compositor es más requerido para las selfies. El hecho de estar sentado en un banco en el microcentro (Avenida Argentina e Independencia) le ayuda mucho más. Los turistas y los niños suelen acompañarlo para la foto. Pero el músico tampoco las tiene todas consigo. Son pocos los que lo reconocen a primera vista.

Desde su pedestal, Joaquín V. González observa todos los movimientos de la plaza que lleva su nombre. A sus pies, los niños disfrutan los juegos, los vecinos del barrio pasean a sus mascotas, toman mate en los bancos o juegan a la pelota en el césped.

Nadie le presta atención al único ministro que Julio A. Roca mandó para la inauguración de la ciudad de Neuquén como capital provincial el 12 de septiembre de 1904. Sólo las palomas le dan bolilla para posarse en sus hombros.

Dos jóvenes amigas charlan bajo los tibios rayos del sol invernal. Melina se sorprende ante la pregunta de quién es el del monumento. Sabe su nombre, pero desconoce qué hizo. “Estudié historia en la escuela, pero nos enseñaron poco de la historia neuquina”, se excusó.

Una respuesta similar dieron Virginia y Sofía, ambas de 20 años, mientras tomaban mate: “La historia neuquina se ve muy por arriba en la escuela, y cuando sos muy chico. Es difícil que la recuerdes”.

Tadeo tiene 26 años, está lleno de tatuajes y piercings. Con su guitarra entretiene a sus amigos que practican malabares. Él también sabe que don González “fue un ministro nacional”, aporta. Pero no tiene más datos. Mauro, de 17 años, reconoce no saber nada de él, pero se muestra interesado. “Está bueno saber quiénes son los monumentos”, dice. “Seguro que es un hijo de puta que vino a matar muchos mapuches”, sentencia otro adolescente con la impunidad de su edad.

Como buen militar, el primer gobernador del Territorio Nacional del Neuquén otea el valle desde lo más alto, donde nace Parque Norte y se alza la bandera. En la avenida cientos de personas practican deporte sin prestarle la mínima atención. Manuel Olascoaga es una parte más del paisaje. En el mejor de los casos, los escalones de su monumento servirán para hacer algún ejercicio.

“Lo he visto mil veces, pero nunca le presté atención”, afirma Víctor.

Eulogio “Chiche” Villegas lleva 6 años hidratando a los deportistas en su puesto ambulante y oficiando de guía turística informal para los visitantes. “A los turistas les llama la atención el monumento de un militar. Muchos me consultan sobre quién es, yo les cuento y después me piden que les saque fotos”, reflexiona. Sólo para contradecirlo, Olascoaga posa desde su pedestal junto a una familia neuquina, que aprovechó las vacaciones de los nenes para salir a recorrer la ciudad.

Sin dudas que el más conocido de todos es José de San Martín. Su monumento es el centro de todas las manifestaciones de la ciudad. Y las fotos que recibió van de la mano de las pintadas y pegatinas que sufrió a lo largo de su historia.

Panteón de héroes para construir la identidad

“Los monumentos reflejan la mirada que se tiene del pasado en un momento determinado, tienen que ver con un panteón de héroes que construye la sociedad”, señaló Enrique Mases, investigador del Grupo de Estudio de Historia Social de la Universidad Nacional del Comahue, sobre por qué están las esculturas en la ciudad.

En la Argentina de fines de 1800 la elite gobernante “sintió que los inmigrantes podían cuestionar su poder y alterar el orden social. Por eso deciden construir su idea de nación a partir de la escolarización de los chicos, la constitución de los héroes y el servicio militar”, afirmó.

“Neuquén es una provincia nueva y estuvo obligada a construir su propio panteón de héroes, que están vinculados a los actos fundacionales del territorio y la provincia”. Por eso están los monumentos a González, Olascoaga, Roca, Fotheringham, Sapag, Berbel y Álvarez, entre tantos otros.

Estas obras intentan construir una identidad neuquina, “tener sus raíces propias”, dijo Mases.

“Pero cuando el horizonte la mirada social cambia, los monumentos son reemplazados”, indicó Mases. Por eso el monumento a Roca es vandalizado. Pasó de ser el héroe de la conquista del desierto a genocida del pueblo mapuche.

Respecto del desconocimiento de los neuquinos de sus personajes históricos, el investigador de la UNCo señala que “hay una pérdida de capital informativo muy grande en los ciudadanos”. “Hay una pérdida de lectura e información que no está en generaciones anteriores”, agregó.

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