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La Mañana

Semblanza de Eduardo Luis Duhalde

Por SERGIO FERNÁNDEZ NOVOA (*)

La columna de hoy cobra forma de semblanza, porque, tal como lo expresaron las Madres de Plaza de Mayo, el martes último falleció “un militante permanente de la vida y la libertad”. Nos dejó Eduardo Luis Duhalde. Era secretario de Derechos Humanos de la Nación. Tenía 72 años y una larga trayectoria como abogado defensor de víctimas de la represión de Estado antes, durante y después de la última dictadura militar. Su compromiso y militancia lo llevó a ocupar el cargo desde 2003, durante la presidencia de Néstor Kirchner. Continuó junto a Cristina Fernández.
Desde ese lugar, trabajó con denuedo para impulsar los procesos abiertos contra centenares de represores y genocidas, al mismo tiempo que promovió numerosas actividades por el rescate de la memoria y la verdad. Fue también quien propuso que la ex ESMA, un símbolo del horror, se convirtiera en ese espacio que se volvió luminoso para la promoción de los derechos humanos.
A principios de los años 70, Duhalde comenzó a representar a militantes políticos reprimidos y detenidos por los gobiernos que mantenían la proscripción del peronismo. Por entonces, dirigió la revista “Militancia peronista para la liberación” junto al abogado Rodolfo Ortega Peña, quien luego fue asesinado por la Triple A. Desde ese momento asumió la defensa de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) por el secuestro -seguido de muerte- del gerente de la empresa automotriz Fiat, Oberdan Sallustro.
En su extensa trayectoria en la defensa de presos políticos, estuvo vinculado por décadas al movimiento de derechos humanos. En 1976, la dictadura militar lo privó de sus derechos civiles y políticos, dispuso la incautación de sus bienes y su captura, por lo cual se exilió en España, país desde donde fue uno de los organizadores de la denuncia internacional contra el terrorismo de Estado en la Argentina.
Al volver, se desempeñó como Juez de Cámara de los Tribunales Orales en lo Criminal de la Capital Federal, asesor de Derechos Humanos de la ONU, profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Fue profesor titular de materias de derecho, historia y política en diversas universidades argentinas y extranjeras, como también  miembro de instituciones académicas y de derechos humanos de Argentina,  América Latina y Europa. Escribió una veintena de libros, destacándose entre ellos, “El Estado terrorista argentino”.
Cinco días antes de ser internado, Duhalde participó de una actividad pública en la que expresó su solidaridad con el ex juez español Baltasar Garzón, en la que reivindicó la investigación iniciada por los crímenes registrados durante la dictadura de Francisco Franco en España.
Sin dudas, uno de los rasgos salientes de la etapa política nacida el 25 de mayo de 2003 tiene que ver con la defensa a ultranza de los derechos humanos. Con represores condenados o en el banquillo de los acusados, sobre la base de procesos justos, ejemplares y de apego a la ley. Políticas de Estado que expresan la lucha contra la Dictadura Militar, que encarnan las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, otros organismos del sector, el movimiento obrero y cientos de miles de militantes de todo el país. Hoy, desde el Estado, se manifiesta la decisión de terminar con la impunidad, para que los criminales y dictadores no mueran con honores, como sucede en otros países de la región.
Justicia y Equidad son dos términos de una misma ecuación social. Los derechos humanos no se restringen a la condena de los crímenes del Terrorismo de Estado. Sino que, ampliados por las políticas de inclusión social, vienen a reparar las consecuencias socioeconómicas provocadas por los planes neoliberales que la dictadura inauguró con Martínez de Hoz y que profundizaron los gobiernos constitucionales de la década del noventa. Sin represión sistemática no hubiese sido posible tanta desocupación, tanto endeudamiento y tanta entrega. Tampoco el avance de la economía sobre la política ni el de las corporaciones sobre la sociedad civil y el propio Estado.
“Somos hijos de las madres y abuelas de Plaza de Mayo”, dijo al asumir la presidencia de la República, Néstor Kirchner. Y Eduardo Luis Duhalde fue un digno intérprete de ese sentimiento colectivo por la memoria, la verdad y la justicia.
Asimismo, lo recordaremos también como alguien que siempre entendió a la comunicación como un derecho humano esencial. Escribió, disertó y militó para que en nuestro país haya democracia y pluralidad en la expresión. Y acompañó con gran vocación el proceso que culminó con la sanción de la Ley de SCA.
Fue, sin dudas, coherente, consecuente y un luchador incansable. Eduardo Luis Duhalde, ¡presente, ahora y siempre!
 
* Periodista. Director de Guayaquil Centro de Estudios en Política y Comunicación para América Latina.