¿Cómo será el mundo en 2050?
En este campo tendríamos que distinguir entre los pronósticos serios y las meras opiniones, que generalmente responden intereses no declarados, conscientes o no, o son simplemente expresiones de deseos.
Los primeros, los pronósticos serios, son una función necesaria, ya que la solidez y validez de cualquier teoría científica se manifiesta en su capacidad de predecir; pero en este caso los pronósticos deben estar hechos sobre modelos basados en hipótesis y supuestos correctos y utilizando técnicas de estimación adecuadas.
Los segundos, los que no superan el nivel de meras opiniones, y que son las que abundan en la televisión y en la prensa en general, tanto de economistas como de opinólogos sobre cualquier tema, pueden tener la fuerza que le da los antecedentes y prestigio de quien los emite, pero es imprescindible recordar que son sólo eso, opiniones, y que suelen esconder intereses políticos, económicos o de otro tipo. Un caso patético es, en los últimos años en nuestro país, la carrera desatada entre pronosticadores de crisis y desastres económicos que compiten entre sí y con la señora Carrió para ver quién anuncia el Apocalipsis mayor en el tiempo más próximo posible. El desmentido de los hechos no le preocupa porque, para ellos, en este caso la que está equivocada es la realidad.
Pero esta mezcla de expresión de deseos con opinión infundada no es propiedad exclusiva de los argentinos. Se da en todo el mundo y sobre esto hay casos famosos. Por ejemplo, Irving Fisher, que fue un destacado y respetado economista, el 17 de octubre de 1929 –días antes del crack de la bolsa de Nueva York que dio lugar a la crisis de los años 30- declaró a la prensa que “el precio de las acciones parece haber alcanzado un nivel alto permanente. No creo que pueda darse próximamente una baja…” y, cuando ya la crisis había estallado, a principios de los años 30, sostuvo que “al menos para el futuro inmediato, las perspectivas (de las acciones) son excelentes”. Lo que en realidad pasaba es que Fischer era asesor de la bolsa de Nueva York y tenía sus ahorros invertidos en acciones; sus intereses laborales y patrimoniales estaban en la negación o superación rápida de una crisis que era evidente. Esas declaraciones, a pesar de su prestigio, eran una simple expresión de deseos.
Hablando de pronósticos serios, existen técnicas de proyección desarrollados por la econometría, que es una rama de la estadística. Hay tener presente que se parte del valor medio de los datos conocidos, con un intervalo de confianza, formado entre un máximo y un mínimo entre los que existe una alta probabilidad de que el valor real de cualquier observación quede comprendido; el problema de las proyecciones es que a medida que el plazo de estimación se aleja del presente, ese intervalo de confianza se hace más y más grande. Esta es su principal limitación. Sobre esto recuerdo una anécdota de los años 70: se presentó en la región un estudio sobre el futuro de la fruticultura, que contenía una estimación econométrica de la producción de peras y manzanas en el valle. Los intervalos de confianza se hacían tan grandes que uno de los presentes, Raúl Preiss, destacado vecino de Cipolletti y que sabía de que se trataba, porque era contador y chacarero, con ironía pero mucho de verdad dijo, al terminar la exposición: “En resumen, lo que hemos aprendido es que dentro de treinta años la producción en el Valle oscilará entre cero y un montón”.
Vade retro agoreros
Más usado para las predicciones es la construcción de modelos teóricos que relacionan las principales variables y permiten obtener estimaciones que, si los supuestos en que se basa el modelo corresponden a la realidad a explicar y no se presentan hechos imprevistos, suelen dar pronósticos bastante confiables. En general, los grandes bancos aplican importantes recursos en departamentos especializados para hacerlos y suelen ser muy cuidadosos, ya que lo que está en juego es algo que les preocupa fundamentalmente: el dinero, tanto propio como de sus clientes.
Por ejemplo, el Banco HSBC, uno de los más grandes del mundo, presentó un informe sobre “El mundo en 2050”. Allí pronostican que el PIB de China habrá superado al de Estados Unidos (24,6 contra 22,3 billones de dólares actuales) y –con ese criterio- India será el tercero. Afirma que los países emergentes crecerán mucho más que los desarrollados y presenta un muy buen panorama para los países del Mercosur: a Brasil lo ubica en el puesto 7 en el concierto de naciones (con un PIB estimado en 2,9 billones de dólares) y calcula que Argentina tendrá un producto total de 1,5 billones, prácticamente igual que Australia.
También el Banco Mundial coincide en que, para el año 2050, China será el primer país por su PIB, pero para ellos el segundo será India y luego, en el tercer lugar, Estados Unidos. El Banco, que siempre es conservador en sus pronósticos, estima que Argentina en los próximos 40 años crecerá a un tasa anual promedio del 3,65% (un 50% mayor que Estados Unidos y un poco menor que la de Brasil); como la población argentina crece al 1% anual, esto significa que el producto por habitante crecerá aproximadamente al 2,6%, por lo que, en el 2050, cada argentino tendría, en promedio, un ingreso real equivalente casi al triple de lo que recibe hoy.
¿Y nuestros agoreros nativos? Bien, gracias.


