Cordón Colón ya empieza a tener su propia movida
Mario Cippitelli
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Neuquén
En Cordón Colón es noticia hace rato, pero el comentario sigue en boca de los vecinos. En el barrio abrió un restobar, el único lugar destinado a la recreación y un espacio para tomar unos tragos y comer algo entre amigos.
Es raro que este barrio, que hace 20 años nació como una toma y que hoy alberga a centenares de familias humildes, tenga un servicio de gastronomía de estas características, pero es una realidad producto del desafío que se propusieron tres amigos que vivían en Santa Fe y que, cansados de la gran ciudad, eligieron a Neuquén como nuevo destino.
El restobar está montado sobre una casa muy humilde que alquilaron y tuvieron que acondicionar. Lo hicieron con pocos recursos y con gran sacrificio.
Afuera tiene un patio que mejoraron para poner mesas y una barra construida de cañas para despachar bebidas. La fachada del local fue pintada de un rojo furioso, como para llamar la atención de quienes diariamente circulan por la transitada y empinada calle Doctor Ramón. Un cartel, cuidadosamente logrado, lo identifica: “Patio Bar”.
En el interior, lo que alguna vez funcionó como living también fue remodelado para que entre la mayor cantidad de mesas posible. Varias pinturas coloridas que les donó una arquitecta-artista plástica decoran las paredes. Al lado del mostrador, una ventana comunica la cocina. Por allí pasan el menú que piden los comensales. Por lo general son pizzas, hamburguesas y lomos. “Es lo que más pide la gente”, asegura Eduardo Abella, propietario del lugar.
Eduardo tiene conocimientos de cocina porque alguna vez trabajó como ayudante de chef en un restaurante y porque también tuvo dos bares en Santa Fe. Asegura que está en condiciones de preparar algunos platos más elaborados, aunque duda de que la clientela los acepte. Al lugar concurren mayoritariamente jóvenes, quienes tienen preferencia por la comida rápida. “Pueden salir algunas pastas y pollo al horno con papas, pero la gente pide otra cosa”, asegura Eduardo.
El propietario trabaja con Guadalupe Molina y su marido, Johnathan Everhardt. Entre los tres decidieron poner en marcha el emprendimiento gastronómico cuando vinieron a Neuquén.
“¿Por qué no en Cordón Colón?”, se preguntaron. En el barrio que se recuesta sobre las bardas hay una clientela potencial que necesita un lugar sin tener la necesidad de viajar al centro, por más que esa tarea les demande apenas unos minutos. El restobar está “ahí nomás” de la casa de cualquier vecino.
Los viernes y sábados son los días de mayor demanda. Por lo general, la gente no viene temprano sino que llega al borde de la medianoche, aprovechando las bondades del verano. Las primeras mesas que se ocupan son las que están en el patio que da a la calle. Luego siguen las del interior, aunque si hay partido de fútbol la cosa se invierte, ya que todos quieren seguir la transmisión en el aparato que está montado en una de las paredes de la sala principal.
Las “previas” de los boliches también suelen celebrarse en el nuevo restobar. Los clientes son jóvenes que se juntan a tomar algo hasta las 3 o 4 de la madrugada, horarios ideales para ir a bailar.
Claro que a la clientela, como en cualquier boliche, hay que saber manejarla. Si corre alcohol y hay mucha gente, siempre está latente el riesgo de una pelea.
“Tratamos de tomar confianza con nuestros clientes. Cuando la mano se pone medio pesada, hablamos con ellos y tratamos de hacerlos entrar en razón. Nunca tuvimos problemas graves”, asegura Eduardo, con tono pausado, el mismo con el que se comunica con quienes llegan para consumir algo.
El objetivo a corto plazo es seguir invirtiendo en el lugar. La prioridad es poder techar el patio antes de que lleguen los fríos del invierno. El sueño: que el lugar se consolide y brinde los mejores servicios para quienes viven en el barrio. Que todos sepan que en Cordón Colón, el barrio de las carencias y la gente humilde, también tiene un restobar.


