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La Mañana Avenida Mosconi

Neuquén frente al clima extremo: por qué la obra de Avenida Mosconi no es estética, es defensa urbana

La ampliación de Avenida Mosconi no es solo una intervención vial. Es, fundamentalmente, una obra pluvio-aluvional.

Las imágenes ya no sorprenden, pero deberían preocupar. Calles convertidas en ríos en cuestión de minutos, autos bajo el agua, familias evacuadas y ciudades que, de golpe, dejan de funcionar. Ocurrió en Mar del Plata hace apenas unos días: una lluvia intensa, breve, de no más de quince minutos, bastó para inundar una amplia zona de la ciudad.

Pasó también este verano en Mendoza y el Gran Mendoza, donde las precipitaciones cortas pero violentas se repitieron con consecuencias directas sobre la vida cotidiana. Y no es un caso aislado: Santa Rosa, en La Pampa, atravesó un escenario similar no hace mucho.

Estos fenómenos tienen algo en común: no son excepcionales, son cada vez más frecuentes. Y en ese contexto, la pregunta ya no es si van a volver a ocurrir, sino cuándo.

inundaciones
El objetivo de este sistema es mejorar la prevención y la respuesta ante emergencias mediante avisos automáticos.

El objetivo de este sistema es mejorar la prevención y la respuesta ante emergencias mediante avisos automáticos.

Neuquén conoce esa historia. No es una advertencia teórica, es una memoria concreta. Hace poco más de una década, gran parte de la ciudad quedó bajo el agua. Sectores enteros se vieron desbordados, especialmente aquellos ubicados por debajo del cordón de bardas, donde el agua descendió sin contención siguiendo su curso natural. El Bajo fue una de las zonas más afectadas, pero también lo fue lo que hoy se reconoce como el corredor de Avenida Mosconi.

En aquel momento, la situación alcanzó niveles críticos. Durante el Comité de Emergencias se llegó a discutir una medida extrema: intervenir la Ruta 22 para permitir que el agua encontrara salida hacia zonas más bajas. La infraestructura urbana, en lugar de contener, estaba bloqueando el escurrimiento.

Ese recuerdo no es menor. Es el punto de partida para entender por qué hoy, cuando se habla de la obra sobre Avenida Mosconi, el debate no debería centrarse únicamente en el tránsito o en la incomodidad cotidiana. Porque si bien es cierto que hay demoras, desvíos y tensiones propias de una obra de gran magnitud, también es cierto que el objetivo de fondo es otro: preparar a la ciudad para resistir fenómenos que, según todos los indicios, van a repetirse.

Una panorámica de la capital neuquén en medio de la gran inundación.

La ampliación de Avenida Mosconi no es solo una intervención vial. Es, fundamentalmente, una obra pluvio-aluvional. Está pensada para canalizar, contener y redirigir grandes volúmenes de agua en situaciones extremas. Es infraestructura preventiva, de esa que no siempre se ve o se valora hasta que hace falta.

Quienes estuvieron en aquella inundación lo recuerdan con claridad. Comercios anegados, personas atrapadas dentro de sus vehículos, situaciones de desesperación en plena ciudad. No fue un episodio menor ni aislado. Fue una señal de alerta.

Gestión y obra pública

Por eso, cuando hoy se discute la obra, es necesario separar planos. Una cosa es la gestión, donde pueden existir errores, demoras o decisiones discutibles. Otra cosa muy distinta es la necesidad de la obra en sí. Confundir ambos niveles puede llevar a conclusiones equivocadas.

Si hay críticas hacia funcionarios o hacia la forma en que se ejecuta, es válido plantearlas con nombre propio. La transparencia y la eficiencia en la gestión pública son exigencias legítimas. Pero eso no debería traducirse en un rechazo a una infraestructura que apunta a resolver un problema estructural de la ciudad.

SFP Obra ampliacion mosconi mutritrocha ruta (4)

El cambio climático ya no es una proyección lejana. Está ocurriendo y se manifiesta, entre otras cosas, en eventos climáticos más intensos y concentrados. Lluvias que antes se distribuían en horas, hoy caen en minutos. Y las ciudades que no están preparadas, colapsan.

Neuquén tiene la oportunidad de anticiparse. De no reaccionar cuando el agua ya está en las calles, sino de contar con un sistema que reduzca el impacto. La obra de Mosconi forma parte de esa lógica. No elimina el riesgo, pero sí puede disminuir el daño.

El desafío, entonces, es mirar más allá de la coyuntura. Entender que las molestias actuales pueden ser el costo de evitar una crisis mayor en el futuro. Y asumir que, en un escenario climático cada vez más exigente, la infraestructura no es un lujo ni una cuestión estética: es una herramienta de protección urbana.

Porque cuando vuelva a llover como en Mar del Plata, como en Mendoza o como en Santa Rosa, la diferencia no la va a marcar el discurso. La va a marcar la obra.

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