Es de Buenos Ares, hace 16 años que trabaja en una operadora. Es otra víctima de la desarrolladora VM SRL. Quería alquilarlo y disfrutar con su kayak del Limay.
Leonardo Aristegui Mansilla tiene 56 años, vive en La Plata y lleva 16 años viajando a Neuquén para trabajar en una operadora de Vaca Muerta. Primero lo hacía cada 21 días y ahora, cada 14. Y en ese ida y vuelta constante entre la provincia de Buenos Aires y esta provincia fue construyendo algo más que una rutina laboral.
Quiso un plan de vida, porque quería quedarse en Neuquén. Quería remar el río Limay en kayak, como profesional de ese deporte. Algo así como cerrar su etapa activa con un departamento propio -con su pareja- cerca del río que, con el tiempo, le generara un alquiler para vivir. Pero eso no ocurrió nunca.
En febrero de 2018, Leonadro firmó un boleto de compraventa con VM SRL, la cuestionada desarrolladora del complejo Vivo Confluencia (prometía 8 etapas), ubicado en Neuquén capital, que entró en concurso de acreedores y que tiene otros emprendimientos, como el edificio Custo San Juan, Mido II y hasta W Center (abandonado) en el centro de la ciudad de Neuquén. También tiene desarrollos en la provincia de Río Negro y parte de sus accionistas operan con otras razones sociales.
La desarrolladora inmobiliaria con sede en Cipolletti se presentó ante la justicia reconociendo que no podía pagar sus deudas. Más allá de esa empresa, los perjudicados apuntan a otras razones sociales que tendrían parte de los desarrollos, como Rebus SA, Conecta Gestión Negocios y otras, que serían la reconversión de VM SRL después del concurso.
La unidad adquirida por Leonardo era el departamento B8 de la etapa II, con cochera incluida, 69 metros cuadrados y un precio equivalente a 74 mil dólares, que iba a pagar en 60 cuotas. Es en calle Boerr entre 28 de Febrero y Los Incas, en un lugar inigualable, a pocos metros del río Limay.
Un buen plan para vivir en Neuquén
“Me parecía un buen plan. En cinco años, haciendo un gran esfuerzo, iba a poder solventar la vivienda”, recordó ante la consulta de LM Neuquén. Y lo hizo así, durante cinco años pagó cada cuota con esfuerzo. “Se llevaba bastante porcentaje de mi sueldo”, dijo.
"Contraté a la gente de Vivo Confluencia en febrero de 2018. Vi el avance de obra, los distintos modelos de vivienda en el barrio y llegué a quien fue mi vendedora. Previamente también había hablado con otro hombre, porque había visto el proyecto", sostuvo Leonardo.
Para 2023 había abonado prácticamente la totalidad del precio pactado. Solo quedaban pendientes las últimas tres cuotas, las número 59, 60 y la "cuota aguinaldo", cuando el plazo de entrega de la obra ya había vencido sin que el departamento estuviera terminado.
Departamento de sus sueños: "Me compraron el tiempo"
Los años pasaron y cuando llegó el 2023, la obra se detuvo. Ante el incumplimiento, el contrato original preveía una multa mensual a cargo de la empresa por cada mes de demora. En junio de ese año, Aristegui notificó a VM SRL para exigir que se hiciera efectiva esa penalidad y poder cobrar ese dinero porque no se terminaba la obra en esos plazos.
Pero la respuesta fue un acuerdo, porque la empresa reconoció una multa de 30.000 pesos mensuales acumulada desde junio de 2023, que para diciembre de 2025 totalizaba 930.000 pesos. A cambio, eximió a Aristegui del pago de las tres cuotas pendientes, valuadas en 926.892 pesos. Las cuentas cerraban, en el papel.
“Fue una burla para comprar mi tiempo y mi quietud porque no soy de hacer quilombo, confío”, dice hoy. “Me confié, esperé y cuando llegó diciembre de 2025 la obra del departamento estaba igual de parada que en 2023", admitió.
Leonardo reconoció que el acuerdo lo desmovilizó deliberadamente. “Desde la empresa hablaban culpando a los propietarios que hacían juicio, diciendo que eso los perjudicaba para terminar las obras, así que no hice líos”, expresó.
El certificado de cancelación del boleto de compraventa, firmado el 4 de noviembre de 2025, certificó que no adeuda nada a VM SR pero el departamento tiene solo las paredes y no está terminado.
Ocho etapas, dos entregadas, una catástrofe
El panorama del complejo Vivo Confluencia es, según describió Aristegui, desolador. “De las ocho etapas se entregaron dos, y a los ponchazos, con problemas de construcción y filtraciones de agua. La etapa V apenas tiene una platea”, dijo. Y acotó: “Están las paredes nada más".
A eso se suma lo que él llama una “pequeña constelación” de empresas vinculadas a los mismos operadores y que seguirían vendiendo departamentos en Neuquén, algo que ya trató este medio como la desarrolladora que dejó el tendal en el Alto Valle. “Siguen operando. Recuerdo que tenían todas esas empresas del grupo mostradas en un vidrio. No tienen que seguir haciendo daño a nadie más”, afirmó.
VM SRL se encuentra actualmente en concurso preventivo. Aristegui dijo haber recibido un mensaje indicando que el síndico aprobó que le corresponde cobrar 125 mil dólares en el marco del proceso, pero advirtió que la lista de acreedores es extensa. “Sé que hay unos 200 acreedores entre el Estado y particulares. La empresa tuvo mi dinero durante años", sostuvo.
Un sueño: vivir al lado del río Limay
Cada vez que regresaba a Neuquén en avión desde, Leonardo miraba desde la ventanilla hacia abajo toda Neuquén y en particular el barrio Confluencia Rural, donde había adquirido esa propiedad y el sueño de instalarse en la localidad más próspera del país. Podía ver el predio de Vivo Confluencia. Y año tras año, la imagen era la misma. “Eso era una amargura terrible”, dijo.
"Soy kayakista de travesía. Son un montón de ilusiones que tenía puestas en ese departamento”, concluyó.
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