Thiago (18) y Tahiel (12) Espinoza fueron convocados entre los mejores del país para un torneo internacional en Perú. Tienen hasta el 25 de mayo para juntar los fondos. Cómo colaborar.
Thiago tiene 18. Tahiel, 12. Son hermanos, viven en Neuquén y comparten una misma pasión: el judo. Pero, como les pasa a muchos jóvenes deportistas, para llegar lejos no alcanza con entrenar. También implica combinar horarios con la escuela, sostener la constancia en el tiempo y, muchas veces, encontrar la forma de costear viajes y competencias.
En los últimos días, los hermanos Espinoza recibieron una noticia que llenó de alegría a toda la familia: ambos fueron convocados entre los ocho mejores del país para participar en una competencia internacional en Perú. Ese logro no es fruto del azar. Detrás de la convocatoria hay años de entrenamiento, disciplina y esfuerzo.
Su historia con el judo empezó casi de casualidad. Thiago fue el primero en acercarse, después de ver un cartel mientras todavía jugaba al fútbol. Una vez que se animó a probar, no hubo vuelta atrás. Al poco tiempo, Tahiel siguió el mismo camino y, desde hace cinco años, este deporte se convirtió en una parte central de sus vidas.
Entrenan de lunes a sábado, sin demasiadas excusas. Lo que para muchos puede ser un pasatiempo, para ellos es parte de la rutina y, con el tiempo, supieron transformarlo en una oportunidad concreta: la de representar al país.
Grandes deportistas y estudiantes ejemplares
Para los chicos, la exigencia no termina cuando salen del tatami. Thiago cursa sexto año en la EPET N°3 y nunca se llevó una materia. En una rutina como la suya, equilibrar el tiempo entre el estudio y el entrenamiento, también dice mucho de él.
Más de una vez tuvo que viajar a competir y entregar trabajos prácticos desde el celular, o volver de un torneo y rendir varias evaluaciones juntas. Las carpetas viajan con él: las lleva a los hoteles y avanza como puede, entre competencia y competencia.
Tahiel, el menor, cursa séptimo grado de primaria en la escuela 298 y este año también termina una etapa. Como su hermano, combina el deporte con el colegio sin fallar en ninguno de los dos. Incluso fue elegido como escolta de la bandera nacional, un reconocimiento que refleja su esfuerzo.
En los últimos días, Thiago tomó una decisión que refleja el momento que atraviesan como familia: renunció a su viaje de egresados para no sumar gastos. “Mamá, yo sé todo lo que ustedes vienen gastando. No quiero que gasten más. No hay viaje de egresados, no importa”, le dijo a Georgina, su madre.
A pesar de su corta edad, tiene muy claras sus prioridades y prefirió la posibilidad de competir afuera, una oportunidad que —para él— vale más que cualquier festejo. Su hermano menor tomó el ejemplo y siguió el mismo camino.
Los frutos del esfuerzo
Según Georgina, en el judo la mayoría empieza a entrenar a muy corta edad, con apenas 5 o 6 años. Por eso, lo que lograron Thiago y Tahiel en tan poco tiempo no es habitual, sino fruto del esfuerzo con el que encaran el deporte.
Con apenas cinco años de entrenamiento, los dos ya compiten entre los mejores del país. En el caso de Thiago, el año pasado cerró su participación en la categoría cadete con un tercer puesto a nivel nacional. Este año cambió de categoría y empezó a enfrentarse con judocas que ya forman parte de la selección. Aun así, volvió a quedar tercero. Ese resultado lo ubicó entre los ocho mejores y le valió la convocatoria para competir en Perú.
Tahiel tuvo un recorrido igual de sólido. Empezó a competir a nivel nacional el año pasado y se mantuvo en el primer puesto durante la temporada. En su segundo año, repitió el rendimiento y volvió a quedarse con el primer lugar. Así, también logró meterse entre los mejores de su categoría.
El orgullo de representar a Neuquén
La convocatoria no solo marca un logro personal para Thiago y Tahiel. También deja otro dato: de los seleccionados a nivel nacional, cinco son de Neuquén. Un número que habla del nivel que viene mostrando la provincia en los últimos años y que la posiciona como un verdadero semillero dentro del judo argentino.
En ese contexto, el logro también pone en evidencia otra realidad. A diferencia de lo que ocurre con deportes más populares como el fútbol, el camino en disciplinas como el judo suele sostenerse con esfuerzo propio, apoyo familiar y la ayuda de la comunidad.
Viajes, inscripciones y competencias implican costos que muchas veces no cuentan con respaldo suficiente. Por eso, cada convocatoria no solo representa un mérito deportivo, sino también el esfuerzo particular de cada familia.
La situación no es nueva en el deporte argentino. La propia Paula Pareto, ícono del judo olímpico nacional, habló alguna vez de haber tenido que financiarse para competir a nivel internacional. Lo que le pasa a los Espinoza se repite en muchas disciplinas: el talento está, pero el sistema no siempre acompaña.
El desafío económico y el reloj en contra
La convocatoria llegó con poco tiempo de aviso y con un costo que, para una familia trabajadora, se siente como una montaña. Los papás de Thiago y Tahiel —él, vigilador; ella, profesora particular— llevan cinco años costeando de su bolsillo viajes, inscripciones y equipamiento, pero esta vez les es imposible poder hacerlo solos.
Competir internacionalmente implica gastos que van mucho más allá de un pasaje: estadía en un hotel específico, comida, tasas de inscripción que se cobran en dólares y euros, y la vestimenta reglamentaria. Por ejemplo, un judogi homologado —el traje oficial exigido para competir— puede costar entre 400.000 y 600.000 pesos. Y ellos necesitan cuatro, ya que cada uno debe tener uno blanco y uno azul.
Todos los gastos, multiplicados por dos hermanos, deben resolverse en menos de un mes. El viaje está previsto para el 1° de junio y el plazo para confirmar la participación vence el 25 de mayo.
Frente a eso, la familia lanzó una campaña solidaria. Están vendiendo rifas, recibiendo donaciones y buscando apoyo. “No quiero nada para mí —dice Georgina—. Quiero que la gente sepa que, si nos ayuda, es para que ellos viajen. Solo para eso”.
"Como papás, vemos de cerca el esfuerzo que ellos hacen, entonces, ¿cómo no hacer todo lo posible para cumplirles el sueño? También hemos presentado cartas en varios lugares y estamos esperando respuesta", cuenta la mamá, con una mezcla de orgullo y temor de que el tiempo no alcance para reunir los fondos. "Nuestra familia es un equipo, y todos estamos para todos, para sostenernos", agrega.
Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a través del alias losespinosa.judo, a nombre de Georgina Vanesa López. También pueden comunicarse por Instagram (@georgina.lopez.96995) o al teléfono 2995947226. Y cada aporte los acerca más a llegar al tatami en Perú.
“Las medallas van y vienen, pero lo importante es subirse y dar lo mejor”, les repite su mamá, convencida de que, con el acompañamiento de la comunidad, el sueño de sus hijos puede hacerse realidad.
Te puede interesar...














