Por RAMIRO MORALES
La detención de un joven neuquino acusado de haber participado en atentados incendiarios de Chile dejó en claro que el grave conflicto que se desató en buena parte del territorio trasandino con grupos mapuches que claman por independencia y territorio ya se convirtió en un fenómeno regional.
Si bien desde el lado argentino las manifestaciones no han sido tan virulentas como los ataques que se registraron en la región de la Araucanía y antes en las ciudades más importantes de Chile, es un llamado de atención por la escalada de violencia que puede llegar a tomar el caso más allá de las fronteras.
Bien vale aclarar que en el denominado “conflicto mapuche” sólo toman parte pequeños grupos con actitudes anarquistas y con aires de revolución, pero esas pequeñas células tienen poder suficiente para mantener en vilo al gobierno de Piñera y poner en alerta al resto de las ciudades que limitan dentro del territorio argentino, especialmente, en el sur del país.
Son las mismas comunidades mapuches las que piden aclarar que la gran mayoría quiere la convivencia pacífica y que rechazan cualquier método de violencia, más allá de los reclamos.
Pero, indudablemente, los focos de intolerancia están en uno y otro lado de la frontera y se mezclan, colaboran y apoyan mutuamente aprovechando los ineficientes controles en los límites.
Un claro ejemplo es del joven neuquino detenido en Chile que había cruzado de manera irregular al vecino país. Más cercano a los neuquinos fue el caso de los dos prófugos por el crimen del policía José Aigo, que también lograron sortear los operativos fronterizos y desaparecieron en la cordillera.
¿Logrará expandirse el conflicto mapuche hacia el territorio neuquino? En la provincia ya hubo manifestaciones con ataques que dejaron muertos. Habrá que ver las políticas de diálogo, prevención y contención que se vienen aplicando hasta el momento son suficientes para evitar que este fenómeno de violencia llegue a convertirse en algo regional.
El alga invasora
Nadie sabe bien cómo llegó a los ríos y lagos de la región, pero el alga moco de roca se convirtió en un problema grave para toda la Patagonia argentino-chilena. Se cree que esta especie de flora acuática fue ingresada al país de manera involuntaria por algún pescador proveniente de Canadá o Estados Unidos y ahora avanza peligrosamente amenazando a la flora y fauna de la región.
Los científicos del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue confirmaron lo que muchos venían sospechando: por primera vez se detectó la presencia del alga en un lago del país, el Nahuel Huapi.
El tema no deja de preocupar porque la Didymosphenia geminata, tal el nombre científico, genera impactos en los ecosistemas, las cadenas alimenticias y también modifica algunos parámetros ambientales como el oxígeno y el PH del agua.
Los especialistas reconocen que hasta el momento no se logró descubrir ningún producto que pueda exterminarla, sin matar al resto de la flora y la fauna local.
Sostienen, en cambio, que la mejor manera de combatirla y evitar su expansión es la prevención y los controles rigurosos a los pescadores que se meten en los ríos y lagos que pueden llegar a tener pequeños restos de algas pegados en sus equipos.
Solamente de estas acciones dependerá el futuro de los paisajes patagónicos y de los valiosos recursos que tiene nuestra región.


