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"No me da miedo, veo siempre películas de terror desde chico con mis amigos. Venimos a divertirnos un rato. Dicen que una muñeca se te tira encima y te corre por todos lados". Martín. 13 años
Los recorridos no duran más de 15 o 20 minutos, pero bastan para cambiar el ánimo y liberar una adrenalina, mezcla de diversión y pánico. En la oscuridad aparecen contornos humanos en los pasillos de un viejo hospital psiquiátrico.
Los chicos van amontonados en grupos, de la mano, y algunos con sus padres. Se ríen de los nervios, porque no saben cuándo "el loco de la motosierra" rompe el silencio, o alguna cara deforme se descuelga a los gritos en la profundidad de la sala.
El espectáculo es una suerte de homenaje a varias películas, desde las más clásicas como El exorcista, La masacre de Texas, Freddy y hasta la más reciente Annabelle, donde cada uno puede experimentar sus propias sensaciones con el miedo. "El terror estaba siempre vinculado al tren fantasma y a un recorrido sin guía. Hoy le incorporamos una persona que guía y la interacción permanente con los personajes, que está muy bueno", explica Javier Mare, productor del espectáculo.
Una madre sujeta del brazo a su hijo, que parece incontrolable. Salta, grita y llora. Quiere entrar, pero los guías le dicen que no es recomendable. Tal vez pueda hacerlo cuando sepa controlar sus emociones.
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