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La Mañana

De sueños y realidades

Por SERGIO FERNÁNDEZ NOVOA (*)

La Argentina vive inserta en una etapa de transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales sin precedentes desde la recuperación de la democracia. Los cambios se suceden uno tras otro a un ritmo tan vertiginoso como sostenido. La conducción institucional del país, en manos de una mujer, deja huellas profundas en el derrotero cotidiano de la Nación. Millones la apoyan, en cambio no lo hacen los sectores acostumbrados a los privilegios. Sin embargo, nadie pone en discusión su liderazgo que, incluso, trasciende fronteras.
En los últimos días Cristina inauguró el Salón Eva Perón en la Casa de Gobierno. Ahora, una de las figuras más detestadas por la oligarquía cuenta con un espacio destacado en el palacio de las principales decisiones criollas. “Donde hay una necesidad hay un derecho”, inmortalizó como idea la abanderada de los humildes y es hoy uno de los rasgos conceptuales salientes del proyecto político que gobierna la Argentina desde mayo de 2003.
Luego de varios días cuya hegemonía temática le correspondió a la reestatización de la mayor parte del capital accionario de YPF, aparecieron en escena la aprobación de las leyes de muerte digna e identidad de género, en tanto avanzan las propuestas de reformas de los códigos civil y penal. A su vez, la Justicia citó a indagatoria a Carlos Blaquier, dueño del Ingenio Ledesma, imputado por el rol de esa empresa con la desaparición de personas en la ignominiosa Noche del Apagón de julio de 1976 en la localidad jujeña.
En esa línea de reparación aparece el juicio por la Masacre de Trelew. Cuatro décadas después, por fin se juzgarán las responsabilidades de militares y civiles en el infame crimen que conllevó el fusilamiento de 16 jóvenes. El funebrero Miguel Marileo contó que el 22 de agosto de 1972 al llegar a la base militar para colocar los cuerpos en los cajones mortuorios, éstos estaban ubicados en dos hileras de 8 cuerpos desnudos, ensangrentados y mutilados. Al lado de la cabeza de cada joven había un paquetito transparente con el nombre del muerto y las balas utilizadas. “Vi que la mujer de Santucho tenía tres tiros en la panza, donde cargaba un bebé, estaría de cinco meses”. Y agregó que se dio cuenta que los “habían rematado sin  más, indefensos”.
Postales del horror que nos encuentran en un marco de políticas de Estado que promueven los derechos civiles, económicos, sociales y culturales. Con represores condenados o acusados, sobre la base de procesos justos  y en el marco de la ley. Decisiones que expresan la lucha contra la dictadura militar, que encarnan las Madres y Abuelas, y tantos otros organismos de derechos humanos, del movimiento obrero y cientos de miles de militantes de todo el país. Hoy, desde la máxima conducción del Estado, se manifiesta la decisión de terminar con la impunidad.
Los derechos humanos no se restringen a la condena de los crímenes del Terrorismo de Estado, sino que, ampliados por las políticas de inclusión social, vienen a remendar las consecuencias socioeconómicas provocadas por los planes neoliberales que la dictadura y que profundizaron los gobiernos constitucionales de la década del noventa. Sin represión sistemática no hubiese sido posible tanta desocupación, tanto endeudamiento y tanta entrega. Tampoco el avance de la economía sobre la política ni el de las corporaciones sobre la sociedad civil y el propio Estado.
La Asignación Universal por Hijo, la recuperación de las garras de las AFJP de los fondos jubilatorios, la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la ley de Matrimonio Igualitario, el desendeudamiento de los organismos financieros internacionales y la reforma del Banco Central,  entre tantas iniciativas, hacen imposible ocultar el carácter restaurador de esta etapa. De todos modos, hay que tener claro que los derechos humanos no se conquistan de una vez y para siempre. Por el contrario, son una construcción diaria que requiere de la conjunción cotidiana de políticas soberanas y participación ciudadana.
Osvaldo Bayer dedicaba su columna en Página 12 del sábado último, a tres neuquinas ejemplares, Madres de Plaza de Mayo: “Los caminos del futuro tendrán los nombres de Lolín, Inés y Beba, porque ellas nos dieron la gran lección: treinta y cinco años en la calle gritando la verdad, el amor por la vida, el camino de la mano abierta, la búsqueda del baile de la esperanza en el logro de la alegría. El no a la muerte”. Ellas, como sus compañeras de otros rincones de la patria, muy pocas al comienzo, son ahora una multitud que se replica en los Hijos y Nietos recuperados, en los jóvenes que se suman a la militancia para pensar y construir una Argentina Justa, Libre y Soberana como la que soñaron Evita y las víctimas del genocidio. En eso estamos.
 
*Periodista. Director de Guayaquil, Centro de Estudios en Política y Comunicación para América Latina.