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La Mañana

El mar sigue arrasando las cavernas en Las Grutas

Están entre las bajadas Cero y Primera del balneario rionegrino.

LAS GRUTAS
Las cuevas del acantilado ubicadas entre las bajadas Cero y Primera, emblemas que le dan nombre al balneario Las Grutas, fueron esculpidas por la erosión del mar y del mismo modo van camino a una lenta desaparición.
Lugareños que bordean los cincuenta años recuerdan que cuando eran jóvenes las diez cavernas eran mucho más profundas y que incluso en la mayoría de ellas se podía ingresar y efectuar una caminata.
Eran recintos notablemente frescos, con un permanente goteo de la humedad proveniente de filtraciones de la zona urbana, lo que también contribuye al desgaste.
Actualmente esas formaciones se han reducido hasta alcanzar en algunos casos el tamaño de una concavidad leve que se dibuja en la pared rocosa.
De todos modos, es un escenario fotográfico infaltable para el visitante, aunque también represente un peligro ante la posibilidad de desprendimientos. De hecho, se observan innumerables rocas, algunas enormes, que han caído a lo largo del accidente costero, y si bien hace tiempo se colocaron carteles que advierten sobre el riesgo, muchos directamente lo ignoran e insisten en permanecer a la sombra de los socavones.
El castigo de las olas es el primer factor destructor de las grutas y todo el frente del murallón, junto con las corrientes marinas y el movimiento de las mareas. Así lo explica el geólogo local Renzo Bonuccelli en el libro Las mesetas patagónicas que caen al mar: la costa rionegrina.
Bonuccelli destaca que además de la causa natural, el fenómeno resultó agravado en estos últimos años “por el asentamiento poblacional” y “por la mano del hombre en el manejo del paisaje como resultado del desconocimiento de los procesos naturales intervinientes”.
Sostiene que “de seguir las condiciones actuales para los próximos 100 años, este valor puede duplicarse”.
El geólogo aconseja una serie de medidas para mitigar el impacto, como no quitar los trozos de roca que caen a la costa porque actúan como “moderadores”, no eliminar los médanos y no permitir construcciones sobre el acantilado, y evitar la circulación vehicular. Poco de ellos se cumplen.