El secreto para hacer asados con la luz del sol

El francés Pierre Debes fabrica hornos para poder cocinar sin conexión de gas.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- El verano es la época de mayor trabajo para Pierre Debes, presidente de la fundación Patagonia Norte. Los sábados por la mañana le toca enfrentar 10 caras que lo miran con desconfianza. Les explica con paciencia que se puede cocinar sin leña, carbón ni gas, sólo con los rayos del sol. Les enseña a fabricar los hornos, muestra la técnica y se va sin convencerlos del todo. El domingo, todos juntos preparan un plato calentito y crocante. Recién con el almuerzo listo aparecen las primeras sonrisas de asombro, que se convierten en agradecimiento. Y llega el adiós. La tarea está cumplida.

Pierre viene haciendo este trabajo desde hace cuatro años por el interior neuquino. Está convencido de que las cocinas solares pueden mejorar la vida en el campo, en las comunidades mapuches y rurales desparramadas por la cordillera.

Cuesta conseguir dinero para el proyecto y también es difícil organizar los talleres, pero el principal escollo que debe enfrentar es la incredulidad. "Todos desconfían y encima, con mi acento, piensan: 'este francés de qué nos está hablando'", relató con una sonrisa.

A él también le costó creer que se puede cocinar con sol. Llegó a Neuquén hace 20 años como fotógrafo y se enamoró de la provincia. Vivió en el territorio muchos años "vendiéndole la Patagonia a los franceses", según contó. Una de sus clientas se enteró de que tenía una fundación para ayudar a neuquinos de zonas rurales y lo contactó con el proyecto Inti.

11 kilos: de leña se ahorra por día una familia rural cuando usa la cocina solar Inti.

"Eran cocinas solares que diseñó un ingeniero en Francia, que las repartía en Bolivia porque su esposa era de ahí y quería ayudar", detalló. Otro inmigrante francés, que vivía en Salta, empezó a fabricarlas en el norte argentino y lo invitaron a él a hacer lo mismo en el sur.
"Al principio, no presté mucha atención", confió Pierre. Cambió de idea cuando vio los hornos en funcionamiento y las familias agradecidas.

El año pasado consiguió la ayuda del gobierno provincial para empezar a fabricar las cocinas en Neuquén y ahorrarse el traslado desde el norte.

De 60 hornos que había repartido hasta ese momento, pasó a 160 y ya tiene 10 más financiados por una petrolera para el verano que viene. "Las cocinas se hacen acá, en la ciudad, me ayuda mi carpintero Luis", señaló.

Los hornos tienen cubierta de madera, con interior de aluminio y se forran en el medio con lana de oveja, lo que permite usarlos también en invierno.

Pierre remarcó que la clave está en la tapa, de doble vidrio, "que hace efecto de lupa". En pocos minutos, hay 150 grados adentro, pero el exterior y los reflectores de metal no se calientan.
Para Pierre, todo lo que logró hasta ahora es apenas el comienzo de lo que tiene pensado hacer.
"Entregar 10 hornos en un pueblo es poco", observa e imagina la extensión de la cordillera neuquina, la Línea Sur de Río Negro y todas las zonas rurales donde el combustible escasea.
"Me gustaría cubrir todo eso. Son como 10 años de trabajo, pero es mi sueño que cada una de esas familias tenga su cocina", confesó su máxima aspiración.

Para los que no lo conocen mucho, es un francés un poco loco que carga siempre con unas cajas metalizadas listas para armar. Los que lo acompañan en su quimera saben que dejó otros proyectos para dedicarse a esto y está decidido a seguir hasta hacer realidad su sueño.NEUQUÉN
El verano es la época de mayor trabajo para Pierre Debes, presidente de la fundación Patagonia Norte. Los sábados por la mañana le toca enfrentar 10 caras que lo miran con desconfianza. Les explica con paciencia que se puede cocinar sin leña, carbón ni gas, sólo con los rayos del sol. Les enseña a fabricar los hornos, muestra la técnica y se va sin convencerlos del todo. El domingo, todos juntos preparan un plato calentito y crocante. Recién con el almuerzo listo aparecen las primeras sonrisas de asombro, que se convierten en agradecimiento. Y llega el adiós. La tarea está cumplida.
Pierre viene haciendo este trabajo desde hace cuatro años por el interior neuquino. Está convencido de que las cocinas solares pueden mejorar la vida en el campo, en las comunidades mapuches y rurales desparramadas por la cordillera.

Cuesta conseguir dinero para el proyecto y también es difícil organizar los talleres, pero el principal escollo que debe enfrentar es la incredulidad. "Todos desconfían y encima, con mi acento, piensan: 'este francés de qué nos está hablando'", relató con una sonrisa.

A él también le costó creer que se puede cocinar con sol. Llegó a Neuquén hace 20 años como fotógrafo y se enamoró de la provincia. Vivió en el territorio muchos años "vendiéndole la Patagonia a los franceses", según contó. Una de sus clientas se enteró de que tenía una fundación para ayudar a neuquinos de zonas rurales y lo contactó con el proyecto Inti.

"Eran cocinas solares que diseñó un ingeniero en Francia, que las repartía en Bolivia porque su esposa era de ahí y quería ayudar", detalló. Otro inmigrante francés, que vivía en Salta, empezó a fabricarlas en el norte argentino y lo invitaron a él a hacer lo mismo en el sur.

"Al principio, no presté mucha atención", confió Pierre. Cambió de idea cuando vio los hornos en funcionamiento y las familias agradecidas.

El año pasado consiguió la ayuda del gobierno provincial para empezar a fabricar las cocinas en Neuquén y ahorrarse el traslado desde el norte.

De 60 hornos que había repartido hasta ese momento, pasó a 160 y ya tiene 10 más financiados por una petrolera para el verano que viene. "Las cocinas se hacen acá, en la ciudad, me ayuda mi carpintero Luis", señaló.

Los hornos tienen cubierta de madera, con interior de aluminio y se forran en el medio con lana de oveja, lo que permite usarlos también en invierno.

Pierre remarcó que la clave está en la tapa, de doble vidrio, "que hace efecto de lupa". En pocos minutos, hay 150 grados adentro, pero el exterior y los reflectores de metal no se calientan.
Para Pierre, todo lo que logró hasta ahora es apenas el comienzo de lo que tiene pensado hacer.
"Entregar 10 hornos en un pueblo es poco", observa e imagina la extensión de la cordillera neuquina, la Línea Sur de Río Negro y todas las zonas rurales donde el combustible escasea.

"Me gustaría cubrir todo eso. Son como 10 años de trabajo, pero es mi sueño que cada una de esas familias tenga su cocina", confesó su máxima aspiración.

Para los que no lo conocen mucho, es un francés un poco loco que carga siempre con unas cajas metalizadas listas para armar. Los que lo acompañan en su quimera saben que dejó otros proyectos para dedicarse a esto y está decidido a seguir hasta hacer realidad su sueño.

Los que primero no lo pueden creer

En los días soleados, Pierre va a la costa del Mari Menuco con su cocina bajo el brazo. Coloca adentro un poco de costillar, vacío, chorizos y todo lo necesario. Después, se tira a descansar hasta que el almuerzo está listo.

La gente a su alrededor lo mira con curiosidad: no hay parrilla ni leña, nadie hace el fuego. Alguno, se animan a preguntarle y la respuesta los deja más confundidos todavía. “Siempre me pasa lo mismo, en el lago o en el río”, relató jocoso.

Cuando les explica que es un asado al sol, la mayoría reacciona con un gesto burlón. “Pero después, cuando ven los chorizos dorados que voy sacando, se sorprenden”, agregó divertido.
Ya se acostumbró a que los demás asadores lo miren de lejos. No entienden. O les cuesta creer. Cada tanto, relojean al francés que disfruta su carne jugosa, mientras ellos siguen acomodando las brasas.

La pizza está lista en una hora

Los hornos solares Inti son más lentos que los tradicionales si está nublado. Pero cuando el sol está radiante, pueden cocinar una pizza en una hora o un pollo con papas en dos. Las empanadas también tardan una hora en quedar crujientes. El pan demora casi una hora y media. Además, se puede hacer bizcochuelos y calentar agua. Las limitaciones son dos: tiene que haber luz solar y no se consiguen temperaturas extremas. Por eso, no se puede hervir ni freír. A favor, nunca se quema la comida, tampoco emite humo ni residuos y no consume combustible.

Junta plata en Francia para hacer las cocinas


Las cocinas solares que reparte la fundación Patagonia Norte en zonas rurales son gratis. Por eso, Pierre debe recurrir muchas veces a su creatividad para conseguir fondos. Comenzó en 2011 con cenas a beneficio en Bretaña, Francia, y hoy está gestionando llevar sus hornos a Punta del Este, el célebre balneario de Uruguay.

"Como voy a Francia todos los años, al principio organicé unos eventos que se llamaban algo así como la Noche de Neuquén: una cena donde se vendían artesanías mapuches, vinos de acá y fotografías mías", contó. Ese fue el puntapié inicial para las primeras cocinas solares.
Después, entusiasmó con su idea a la actual diputada María Du Plessis y logró una contribución del Instituto de Juegos de Azar, que le sirvió para empezar a fabricar los hornos solares en la capital neuquina. Además, Pierre mantiene vínculos con empresas locales que hacen donaciones y obtuvo el respaldo del cónsul de Francia.

Pero como la necesidad siempre es mayor que los recursos, también puso sus cocinas en venta. Hasta ahora sólo consiguió dos clientes. La desconfianza en el método de cocción, poco conocido por estas latitudes, le juega en contra. "Mi primer comprador fue un médico de Las Grutas que me vio en la tele y me llamó diciendo que quería una", relató.

Pese a eso, Pierre no se desanima. Está preparando un evento en el río Limay con un cocinero del canal Gourmet, para que los vecinos de la ciudad conozcan cómo es cocinar con sol. Y, en paralelo, se contactó con un restorán ecológico de Punta del Este y gestiona la ayuda del gobierno uruguayo para que sus hornos solares deleiten el paladar de los turistas.

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