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La Mañana

“En los 90 el ciudadano estaba subordinado a la economía, pero hoy es al revés”

En la antesala de la presentación de su nuevo libro, que recopila las columnas que se publican en este suplemento, Humberto Zambon habla del neoliberalismo, la tecnocracia y la ortodoxia económica. Asegura que existe una “rebelión intelectual” y que la heterodoxia está ocupando espacios en la agenda pública. “Si hay una verdadera democracia participativa, el ciudadano es el que tiene que decidir las medidas que se tomen”, asegura.

Por Roberto Aguirre
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Un ventanal deja ver la ciudad desde el séptimo piso. En su estudio, rodeado por cientos de libros economía, Humberto Zambon prepara mate y ordena las ideas. “Hay una generación de economistas que todavía escribe en diarios influyentes, que aparece en la televisión, que fue gobernante y es presencia obligada en programas como los de Mariano Grondona, que tiene que dejar paso a otro pensamiento después de su fracaso”.

Con 78 años, ya retirado de la actividad académica, Zambon no se quitó el mameluco. Cada domingo, desde la contratapa de este suplemento, se convierte en un actor clave en el debate de ideas. Crítico de la tecnocracia de los '90, con un lenguaje claro, apto para todo público, pero sin perder la profundidad teórica, desafía las verdades impuestas desde la ortodoxia teórica y no le escapa a los temas polémicos como la inflación o el control del mercado cambiario.

Esas columnas, se recopilaron ahora en un libro titulado “Hablemos de Economía”, editado por Educo, donde Zambon busca acercar la economía al gran público. La presentación se hará el miércoles que viene a las 19, en el Salón Azul de la UNCo. Antes del evento, el economista conversó con E&E sobre los principales temas de la coyuntura y sobre el protagonismo que su profesión tomó en la agenda pública.
 

¿Cómo surge la idea de llevar sus columnas a un libro?

La idea de esas notas semanales nacen de una invitación de Claudio Scaletta, en ese momento editor del suplemento E&E. Me hizo acordar a Enrique Silbertein, que fue mi profesor en la Universidad Nacional del Sur y que escribía las charlas económicas en el diario El Mundo, que se hicieron famosas. Éramos muchos los que esperábamos el diario para leerlas. Silbertein tenía la intención de llevar la teoría económica y los problemas económicos a un lenguaje muy llano, humorístico, al alcance de todo público.

Yo no pretendo el mismo éxito, pero me pareció que era una excelente idea para cumplir con la necesidad que existe de divulgar el conocimiento económico. La economía nos afecta a todos y las decisiones que se toman hoy nos van a afectar a todos. Si hay una verdadera democracia participativa el ciudadano es el que tiene que decidir las medidas que se tomen en la economía. A ese dicho: “la guerra es muy importante para dejarla en manos de militares”, nosotros podríamos agregar, parafraseando, que “la economía es muy importante para dejarla en manos de tecnócratas”. Los que hemos estudiado el tema tenemos que llevarle al ciudadano ese conocimiento.

 

En los '90 se impuso una corriente que postulaba la necesidad de los tecnócratas. Eran dueños de una suerte de verdad revelada…

En los '90 los políticos se volvieron economistas en su lenguaje. Todas las ciencias tienen su propio lenguaje para precisar conceptos, pero los artículos de divulgación deben dejar de lado ese lenguaje técnico. El castellano es muy rico como para poder decir todo lo que se tenga que decir. La economía, en rasgos generales, es una cosa bastante simple. Como decía Scalabrini Ortiz: “basta saber sumar para entenderla”. Él recomendaba: “si no entiende, pregunte; y si sigue sin entender, lo están engañando”.
La tarea de traducir esa realidad estaría en manos de los políticos, que perdieron escena en los '90.


En realidad creo que es la función también de los docentes. Porque incluso los políticos necesitan que les expliquen; no tienen por qué se expertos en economía. Su responsabilidad es muy grande, sobre todo en momentos de crisis como este. Es imprescindible el especialista, pero también que el que tenga que tomar la decisión tenga la visión global de la cosa.

Se suele decir que con el kirchnerismo en el poder la política volvió a mandar sobre la economía. ¿Qué opina?

Me parece correcto el dicho y el hecho. En los '90 parecía que la economía había avasallado a la política. Bastaba que el economista dijera que algo no puede hacer para que eso se volviera tabú. Los economistas neoliberales nos habían convencido de que sus ideas eran “La Ciencia” (así, entre comillas y con mayúsculas), y que era la única posible. La voluntad del gobernante o la población no contaba. Las cosas son de una forma y se tienen que hacer así: desregular, privatizar, liberar el comercio, liberar las relaciones laborales, etc. El kirchnerismo demostró que no es así, que en el camino de la historia el hombre tiene un campo de variabilidad en sus decisiones. Las políticas afectan no sólo al corto plazo sino también al largo plazo, que es una sucesión de cortos plazos. Lo que se decide hoy afectará durante muchos años y varias generaciones. Es muy importante que los ciudadanos conozcan lo que se está tratando y procuren decidir bien.
Keynes decía: “En el largo plazo estaremos muertos”.

Esa es una frase. La otra importante es: “Somos esclavos de las ideas de los pensadores muertos”. Quienes tomaron decisiones atrás, nos marcan ahora.
Ha escrito mucho en este suplemento sobre el debate entre la ortodoxia y la heterodoxia.

¿Cómo afectó eso a la realidad económica?

Hay una fuerte corriente heterodoxa de gobierno que creo que es muy importante por las consecuencias que tiene. La ortodoxia, el neoliberalismo, tomó la Argentina desde el '75 como una suerte de banco prueba de su teoría, especialmente en los '90. El fracaso, que terminó en la crisis de 2001, nos hizo buscar una política económica distinta. Esta semana estuvo Joseph Stiglitz por acá. No se sabe que en realidad es ortodoxo, pero crítico de la no intervención del Estado. Él ha apoyado la política heterodoxa de este gobierno. La presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, es heterodoxa. El viceministro de Economía, Axel Kicillof, es heterodoxo.

¿Cómo ve el ascenso de esos cuadros a los espacios de decisión?

Es una necesidad del país. Yo fui educado en la ortodoxia. Con excepciones, teníamos profesores ortodoxos y biografías ortodoxas. Esta formación hacia el neoliberalismo existía en todas las universidades. A partir de la segunda guerra mundial, Samuelson se convirtió en el manual por excelencia. Después del '75 esto fue total. Los independientes, como Silberstein, desaparecieron de escena. Hay una generación de economistas, que todavía escribe en diarios influyentes, que aparece en la televisión, que fue gobernante y es presencia obligada en programas como los de Mariano Grondona, que tiene que dejar paso a otro pensamiento después de su fracaso. A partir de 2001, hay una reacción de la juventud, incluso una especie de rebelión intelectual, que exige cambios en el dictado de economía. Se han generado grupos, foros por Internet, que han ido nutriendo con gente joven a esta experiencia política, algo necesario: ideas nuevas, sangre nueva.


Algunas de las cuestiones de coyuntura, la inflación, las restricciones a la compra de dólares, motivan a que la economía esté presente en la agenda pública.

En realidad la economía está presente de forma cotidiana, pero en momentos de crisis toma un gran protagonismo. Pero ahora lo hace de forma distinta. En los '90 era la subordinación del ciudadano a lo que decía la economía: uno se sentaba frente a la televisión y le contaban lo que había que hacer. Hoy es al revés, se debate qué medidas tenemos que tomar. Es un cambio cualitativo importantísimo. Por ahí no nos damos cuenta de ese enorme cambio que se produjo en el país.
Retomando la coyuntura, usted suele escribir sobre temas clave en el presente argentino, como es la inflación.

Es un fenómeno complejo y más que causa es un síntoma. Creo, y lo he escrito, que la inflación no es mala. Puede ser consecuencia de hechos malos en sí. La inflación creada por la suba de los precios del petróleo en los años '70 generó la estanflación. Pero eso es por las causas que están detrás de la inflación: esa suba muy grande de los costos de un elemento esencial para la industria generó suba de precios, desocupación. Pero una inflación relativamente moderada, que permita aumentar el empleo, creo que es buena. Hay que evitar el ajuste, que es el problema que tiene hoy Brasil: para impedir la inflación hizo una política expansiva por un lado y contractiva por el otro, y se encuentra con un crecimiento casi nulo o muy bajo.

¿Cómo ve la mayor intervención del Estado en la economía?

El neoliberalismo planteaba la desaparición del Estado en la economía y quería volver al Estado del siglo XIX. El cambio importante en política económica fue eliminar ese concepto: el Estado tiene que regular e intervenir directamente. Es lo que pasó con YPF: la privatización fue un crimen que se hizo contra el país y sobre todo para la región. Fue un gran avance haber nacionalizado el 51%, lo que permite controlar la empresa.


Homenaje en clave abierta

En "Hablemos de economía" Zambon realiza un homenaje a unos de sus maestros, Enrique Silbertein. Para ello, elige citar algunos de sus textos, como el que recuerda la vida de Cantillón, el misterioso autor del primer libro de economía, escrito en 1755. "Se sabe que Cantillón actuó en Francia en época de John Law. Se aprovechó de los negocios que pudo hacer a la sombra de Law, y cuando palpitó que todo se venía abajo, como cualquier argentino que se respete, mandó su fortuna al exterior distribuyéndola entre Londres y Amsterdam", cuenta. Con esa misma clave distendida, explica Zambon la economía.