Por Ramiro Morales
Neuquén no podía llegar al fin de semana sin tener un hecho de violencia extrema, como fue la golpiza que sufrió un taxista por parte de un grupo de empleados del EPEN que realizaba una manifestación en pleno centro de la ciudad.
El hecho no pasó inadvertido y se convirtió en un capítulo más del interminable conflicto que mantiene un sector de los gremios del Estado. Y fue una muestra más de los niveles de intolerancia y violencia que se viven en las calles de Neuquén.
Más allá del reclamo (justo o no) de los empleados del EPEN es para analizar la actitud que tienen algunos (no todos) de los que tratan de imponer sus derechos como sea. Inclusive con acciones extremas como la que ocurrió el jueves.
Reacción desmedida
El taxista agredido no sufrió mayores lesiones que golpes en todo su cuerpo, de milagro. La turba enceguecida reaccionó como si se tratara de una cuestión de vida o muerte porque el chofer pidió que lo dejaran pasar con una pasajera y su nieta. La rápida intervención de un policía que se encontraba en el lugar hizo que la manifestación no lo linchara.
¿Es justificable una reacción de este tipo? Desde el gremio no ofrecieron las disculpas del caso, pese a que el Sindicato de Peones de Taxis todavía está esperando una llamada. Los referentes se limitaron a tratar de explicar lo inexplicable. Dijeron que el chofer provocó y que intentó atropellar a la columna cuando marchaba por la intersección de Buenos Aires y Alderete, aunque fuera de micrófono, más de uno reconoció que fue un hecho lamentable que nada bien le hace a la imagen del gremio. “Hay gente que no podemos controlar”, reconocieron.
Los reclamos del EPEN junto al del sindicato de maestros ATEN son los dos focos de conflicto que aún se mantienen activos y que, por el momento, nada hace pensar que se puedan solucionar en lo inmediato.
El resto de los gremios, incluidos los municipales de toda la provincia, lograron acuerdos salariales que permiten llegar a fin de año sin mayores problemas.
En la capital, Sitramune, logró un acuerdo que considera “histórico” al firmar con el intendente Horacio Quiroga un aumento de sueldos que ronda un 30 por ciento promedio y un bono especial para pasar las Fiestas.
Política
Indudablemente los problemas del intendente capitalino pasan más por lo político que por lo gremial. La última sesión del Concejo Deliberante capitalino terminó por blanquear un quiebre entre el oficialismo y los aliados de la CC-ARI, al rechazar este último bloque la posibilidad de tratar un proyecto presentado por el Ejecutivo para ensanchar las calles Leloir y Doctor Ramón.
Superada (por el momento) la tormenta que generó la tragedia de la Cooperativa, Quiroga, a través de su delfín, Gastón Contardi, no tendrá otro remedio que seguir buscando aliados en la oposición mientras espera un buen resultado en las elecciones para renovar parte del Concejo Deliberante.
Otras pujas
En la Legislatura, en tanto, los diputados cerraron el año con una maratónica sesión que incluyó la aprobación de los bonos municipales (con todos los dolores de cabeza que este proyecto generó en un principio) la prohibición de la pirotecnia en la provincia y la transformación en Sociedad Anónima de la empresa Gas y Petróleo, que generó muchas críticas por parte de la oposición y algunos chispazos internos dentro del MPN.
Dentro del bloque oficialista las cosas no están del todo bien y ya nadie se ruboriza al reconocer que hay sectores bien diferenciados que responden a una y otra línea del Gobierno.
Política y Justicia
La semana que culmina tuvo también una novedad política y judicial con la condena del ex intendente de Chos Malal Carlos Lator en el juicio que se le siguió por abuso de autoridad.
El ex jefe comunal fue condenado a una pena menor con inhabilitación para ejercer cargos públicos por seis meses, lo que originó una fuerte reacción por parte de casi todo el arco político opositor al partido gobernante que entiende que detrás del fallo está la mano del Movimiento Popular Neuquino y no permite que se juzgue a otros funcionarios de la misma manera.


