Omar Gutiérrez y Horacio Quiroga tienen un veranito de la paz. Luego de unos primeros 10 meses donde arreciaron los misiles desde una y otra trinchera, al parecer, el nuevo diluvio que afectó a buena parte de la ciudad los hizo reflexionar sobre cosas que a la gente le parecen más importantes. Entre ellas, que el agua no se lleve puestos sus muebles. Hay una subtrama en torno a esta disputa, impulsada por quién recibía más favores del gobierno nacional, toda vez que ambos representan respaldos diferentes pero alineados en torno al gobierno de Mauricio Macri: mientras el nivel de beligerancia entre ambos aumentaba, se hizo cada vez más evidente la pregunta de para qué un político llega a un cargo. El lugar común que rebosa de corrección indica que para no otra cosa que hacer las cosas lo mejor posible para mejorar la calidad de vida de quienes lo votaron y quienes no. A veces (muchas) esa idea queda en un segundo lugar y sólo un llamado de atención, un contraste, la devuelve al primer plano. Las calles como ríos actuaron como ese contraste. ¿Sonó, además, el teléfono rojo de la Presidencia? ¿Hubo algún tipo de advertencia o sólo se trató de una toma de conciencia del peligroso lugar donde se estaban metiendo? Está claro que esta pausa en los desencuentros públicos puede durar lo que un suspiro. Este jueves tienen una prueba de fuego: quizás la tercera sea la vencida este año y finalmente Macri pueda visitar la ciudad, si es que el clima se lo permite. Tienen, al menos por ahora, una foto en bandeja. Claro, esto a la hora de cómo incide una imagen en la suma y resta de votos. Está claro que para miles el problema pasa por ver cómo llega a fin de mes y cómo paga las cuentas.
Gutiérrez y Quiroga bajaron un cambio en el nivel de su disputa. La gente espera soluciones de la política.


