Por Ramiro Morales
Cuando las inversiones no se hacen y ocurren catástrofes naturales que cobran vidas es demasiado tarde para echar culpas o buscar responsables. Las obras hay que hacerlas porque se trata de prevención ante la posibilidad de un desastre natural.
En La Plata y en la Capital Federal ocurrió lo que sólo algunos pocos pensaban que podía ocurrir: una lluvia extrema, de esas que no tienen precedentes en la historia, terminó arrasando ciudades y dejando un mar de miseria y destrucción.
En Neuquén, los desastres que nos amenazan también tienen como protagonistas al agua y a la falta de prevención.
El río Neuquén es hoy la mayor amenaza para una gran parte de la población del Alto Valle porque está prácticamente sin regular (salvo un dique compensador) y, como todo río de pendiente, se alimenta de las lluvias que se registran en la cordillera.
En 2006 tuvo un lugar un fenómeno histórico con lluvias en las altas cuencas que en cuestión de horas. Desde 1899 que no se registraba una magnitud de precipitaciones de esas características. La crecida arrasó con la localidad de Sauzal Bonito. No hubo víctimas porque las previsiones meteorológicas permitieron evacuar el lugar de apenas un puñado de habitantes. Tampoco hubo mayores daños porque la única presa derivadora que tiene el río (Portezuelo Grande) aguantó el caudal de agua, Por poco, pero lo aguantó.
Los especialistas aseguran que podrían llegar a repetirse una cadena de eventos meteorológicos aún más graves que los que ocurrieron en 2006, con una crecida máxima de 14.500 metros cúbicos por segundo, contra 10.300 metros cúbicos de ese año (Portezuelo puede aguantar hasta 11.500). Si esto ocurriera, varias ciudades aguas abajo del Neuquén correrían grave peligro.
La única posibilidad para que esto no ocurra es la construcción de la represa Chihuido I, una obra multipropósito que no sólo regularía el río, sino que además generaría energía y permitiría irrigar valles.
Chihuido es un proyecto de más de 40 años que nunca se materializó por distintos motivos. Desde la crecida de 2006, el gobierno nacional reconoció la necesidad de la obra y junto a las autoridades provinciales asumidas en 2007 comenzó a trabajar al respecto.
El complejo escenario económico del país hace por estos días que el proyecto de la represa sobre el Neuquén siga durmiendo en un cajón, a la espera del financiamiento necesario para que comience la obra. Igual que ocurrió con proyectos de la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires para evitar desastres como los que finalmente ocurrieron.
Evacuación
Otro escenario, no menos dramático y de alto riesgo, es el que se plantea en la ciudad de Neuquén y otras aledañas ante la posibilidad de una catástrofe climática, ante la falta de un plan de evacuación efectivo de la ciudad.
La Autoridad de Cuencas elaboró en 2008 un mapa de riesgo actualizado para que los municipios sepan cómo actuar ante una catástrofe de una magnitud extrema como la falla de una represa. El plan incluía la participación de Defensa Civil de la provincia, Policía, hospitales y otras organizaciones de gobierno y de los municipios. Sin embargo, ese mapa de riesgo, con los consecuentes planes de evacuación en ciudades como Neuquén, Plottier, Vista Alegre y Centenario quedaron en el olvido.
El desastre ocurrido en la ciudad de La Plata debería poner a reconsideración tanto obras como acciones de prevención ante la posibilidad de que ocurre lo inimaginable. No tener en cuenta estas cosas sería resignarse a lo inesperado y no brindar la protección que la población espera de sus gobernantes.


