Un buzo profesional se topó con la escena en las aguas de Puerto Madryn. "A alguno se le 'cayó' algo", ironizó indignado.
Un buzo profesional que llevaba adelante una salida de bautismo submarino en la costa de Puerto Madryn, provincia de Chubut, descubrió una enorme acumulación de residuos pesqueros -langostinos y merluzas- en el lecho marino del Golfo Nuevo.
“Después que entraron gran cantidad de barcos al Golfo en busca de reparo del viento, a alguno se le ‘cayó’ algo, ¿vos decís?? A metros de Punta Cuevas”, publicó indignado el buzo Raúl Passarotti en su cuenta de Instagram.
El mensaje fue acompañado por un video que documenta la presencia de toneladas de merluzas y langostinos muertos en el fondo del mar, junto a la playa ubicada en la zona sur de Puerto Madryn.
Lo que no sirve se tira
Datos del sector pesquero indican que cada año, en toda la costa argentina, se descartan más de ciento diez mil toneladas (110.000.000 kilos) de merluza en buen estado, aunque la Ley Federal de Pesca prohíbe de manera expresa este tipo de práctica.
Habitualmente, tiene que ver con barcos comerciales que fondean en la zona para buscar refugio frente a tormentas.
Muchos barcos pesqueros, también, tiran al mar lo que se les pudre no les representa valor ecónomico: animales que quedan atrapados en las redes utilizadas en la pesca de arrastre, pero no están incluidos en su esquema de negocio.
Aunque se trata de material biológico que termina degradándose o sirviendo de alimento para otras especies, cuando la cantidad es tan grande genera una fuerte contaminación que altera de forma directa el ecosistema del golfo.
Puerto Madryn, una zona sensible
Passarotti, quien tiene más de 20 años en la actividad submarina, se reconoció sorprendido por la magnitud de la escena.
La situación se advierte más grave si se tiene en cuenta que la zona de Puerto Madryn es el santuario elegido por la ballena franca austral para llevar a cabo cada año su ciclo de reproducción.
El Golfo Nuevo forma parte del ecosistema de Península Valdés, una zona de gran importancia para la biodiversidad marina y reconocida como patrimonio mundial por la UNESCO.
La pregunta: "¿Quién controla?"
Más allá del impacto de las imágenes y de la prohibición legal para la práctica detectada, se trata de "una constante propia de la actividad y del método de pesca", según confirmó Juan Coustet, coordinador de la fundación Sin Azul No Hay Verde, una organización ecologista con base en Puerto Madryn que trabaja en todo el Mar Argentino.
El especialista reconoció que claramente se trata de materia orgánica y biodegradable, pero advirtió que la verdadera preocupación radica en saber "si el mar tiene realmente la capacidad de procesar y aprovechar todo lo que la industria extrae y sobreexplota".
“Si existe una norma que lo prohíbe, ¿quién controla que se cumpla? Porque una ley que no se controla no alcanza. La pregunta es: ¿qué está haciendo el Estado para garantizar que esta normativa se cumpla?”, cuestionaron desde la fundación.
Coustet puso el foco puntualmente en la falta de información y la imposibilidad de conocer las cifras de las especies descartadas en cada tirada de red.
También enfatizó que el video muestra solamente los restos de las especies que el barco había decidido conservar inicialmente para su comercialización. A partir de eso, planteó cuántas otras son devueltas al mar sin vida cuando los buques trabajan mar adentro.
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