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La Gran Muralla Verde: el ambicioso plan para restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas

El proyecto busca recuperar ecosistemas, generar alimentos y millones de empleos verdes.

Durante décadas, el Sahel quedó atrapado entre la falta de lluvias y la degradación de sus tierras. En esta extensa región ubicada al sur del desierto del Sahara, millones de personas dependen de suelos cada vez más difíciles de cultivar, mientras las sequías y el deterioro de la vegetación complican el acceso a los alimentos.

Frente a este escenario, África puso en marcha una de sus apuestas ambientales más ambiciosas: la Gran Muralla Verde. El proyecto nació en 2007 con el objetivo de recuperar tierras degradadas a lo largo del Sahel, una región ecoclimática y biogeográfica que se extiende entre el desierto del Sahara, al norte, y la sabana sudanesa, al sur.

Un proyecto que atraviesa África de oeste a este

La propuesta original contemplaba una franja continua de árboles de unos 8.000 kilómetros, desde Senegal hasta Yibuti. La idea era crear una barrera vegetal capaz de contener la expansión de las zonas desérticas.

Con el paso de los años, el concepto se transformó. La Gran Muralla Verde dejó de plantearse únicamente como una línea de árboles para convertirse en un programa de restauración de ecosistemas. El proyecto combina árboles, cultivos, pastizales y distintas técnicas adaptadas a las características de cada territorio.

El objetivo establecido para 2030 es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes. La iniciativa involucra a distintos países del Sahel y cuenta con el respaldo de organismos internacionales y programas de financiación.

Más que plantar árboles

La apuesta no consiste simplemente en llenar de árboles un paisaje desértico. La restauración busca recuperar la fertilidad de los suelos, mejorar la disponibilidad de agua, favorecer la producción de alimentos y generar nuevas fuentes de ingresos para las comunidades que dependen directamente de la tierra.

Por eso, las estrategias varían según la región. En algunos lugares se plantan árboles, mientras que en otros se recuperan pastizales, se protegen cultivos o se aplican técnicas destinadas a retener el agua y recuperar progresivamente la productividad del suelo.

El proyecto también busca mejorar la capacidad de las comunidades para enfrentar las consecuencias de las sequías y de la degradación ambiental, dos de los principales problemas que afectan a esta región africana.

Los desafíos para alcanzar la meta de 2030

Los avances, sin embargo, están lejos de la imagen de una gigantesca muralla verde atravesando África. Se han restaurado decenas de millones de hectáreas, pero el ritmo es desigual entre los distintos países y territorios.

La iniciativa enfrenta dificultades vinculadas con las sequías, la falta de financiación y la degradación ambiental. A esto se suma la inseguridad en varias de las zonas del Sahel donde deberían desarrollarse los trabajos de restauración.

La Gran Muralla Verde representa así un proyecto de enorme escala que busca combinar la recuperación ambiental con la producción de alimentos y la generación de empleo. Su desafío para los próximos años será acelerar los trabajos y convertir una iniciativa concebida hace casi dos décadas en una transformación concreta para las comunidades que viven en una de las regiones más vulnerables al cambio climático.

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