Bagdad > Un busto de Saddam Hussein con la cuerda que lo ahorcó alrededor del cuello preside la oficina de Muafak al Rubaie, testigo de los últimos instantes del ex dictador iraquí ejecutado el 30 de diciembre de 2006.
Este ex consejero de seguridad nacional considera que Saddam Hussein merecía mil veces la muerte, pero reconoce que fue valiente en los últimos momentos de su vida.
"Tenía un aspecto normal y estaba relajado, no he visto ninguna señal de miedo. Claro que a algunos les gustaría que dijese que se derrumbó o que estaba drogado, pero esta es la verdad histórica", cuenta a la AFP, en su oficina de Kadmiya, en el norte de Bagdad, cerca de la cárcel donde se produjo la ejecución.
Justicia
"¿Era un criminal? Lo era. ¿Un asesino? Cierto. ¿Un carnicero? Cierto. Pero fue fuerte hasta el final (...) No escuché un ápice de arrepentimiento de su parte, no le escuché implorar misericordia, o pedir perdón", dice.
Presidente de 1979 hasta la invasión estadounidense en 2003, Saddam Hussein fue condenado y ejecutado por crímenes contra la humanidad por la muerte de 148 chiitas en 1982.
Aunque su presidencia estuvo marcada por una represión brutal, con guerras devastadoras y sanciones internacionales, algunos iraquíes, en particular los sunitas, lo defienden.
Afectos
Más allá de las fronteras iraquíes, algunos árabes tienen en alta estima a este hombre que libró una guerra contra Irán (1980-1988), plantó cara a Estados Unidos, atacó a Israel (1991) y actuó con dignidad ante la muerte.
"Estaba esposado y sostenía un Corán", cuenta Rubaie. "Lo llevé a la sala del juez, que le leyó los cargos de los que se le acusaba mientras Sadam repetía "¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Israel! (...) ¡Muerte al mago persa!", recuerda.
Luego lo llevó a la sala donde iba a morir. Como tenía los pies encadenados, hubo que tirar de él para que subiera los peldaños.
Pero justo antes de su muerte, como se vio en un video no autorizado, los testigos lo insultaron gritando: "¡Viva el imán Mohamed Baqr al Sadr!" y "¡Moqtada! ¡Moqtada!", en referencia a un opositor muerto bajo su presidencia y su sobrino, convertido después de 2003 en el jefe de una milicia chiita.
"¿Se comporta así un hombre?", contestó el ex dictador.
Fallo
Rubaie cuenta que luego levantó la palanca para ahorcar a Sadam Husein, pero, como no funcionó, otra persona, cuya identidad no ha querido precisar, tomó el relevo.
Justo antes de morir, Saddam Hussein comenzó a recitar la profesión de fe musulmana: "Soy testigo de que no hay más Dios que Alá y que Mahoma...". No tuvo tiempo de pronunciar las últimas palabras: "... es su profeta".
"Posteriormente, metimos su cuerpo en un saco blanco y se colocó en una camilla, antes de ser transportado en helicóptero hasta la residencia del primer ministro Nuri al Maliki, en una zona de alta seguridad en el corazón de Bagdad.
"Cuando llegamos, el primer ministro nos tomó de las manos y nos dijo: que Dios os bendiga. Le dije venga, míralo. Entonces le destapó la cara y vio a Sadam Husein", agrega el ex consejero, que sigue siendo un aliado del jefe del Gobierno.
Sensación
"Cometió infinidad de crímenes y merecía ser ahorcado mil veces, resucitar y ser ahorcado de nuevo. Pero la sensación, esta sensación es una sensación extraña", repite Muafak al Rubaie, encarcelado en tres ocasiones bajo el régimen de Sadam Husein: "La muerte llenaba la sala".


