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La Mañana

Sudáfrica: ahora los blancos denuncian que son víctimas de la discriminación

Afirman que por compensar los horrores del apartheid, el gobierno se olvida de ellos. A meses del Mundial, el país busca dejar una buena imagen internacional.
El caso de dos personas blancas que consiguieron asilo en otros países alegando ser víctimas del racismo, encendió la polémica.

Johannesburgo (dpa, por Ralf E. Krüger) > A Sudáfrica le preocupan pos estos días algunos problemas de imagen. Y nueve meses antes del Mundial de Fútbol, son justamente los propios conflictos sudafricanos los que colaboran para que su país deje una mala imagen en el extranjero.
Todo empezó con Brandon Huntley, un blanco. El joven sudafricano consiguió que le dieran asilo en Canadá como víctima de supuestos ataques racistas en su país de origen. En Ciudad del Cabo, argumentó Huntley, fue varias veces atacado sólo por su color de piel. La comisión a cargo del caso le creyó y le otorgó el estatus de refugiado.
En Sudáfrica, un país especialmente sensible a asuntos raciales debido a su pasado con el “apartheid”, el caso dio pie a una gran controversia.
Mientras muchos ciudadanos negros señalaban que son ellos en realidad las víctimas de la discriminación racial, algunos compatriotas de raza blanca se alegraron en secreto de lo ocurrido. Y es que muchos jóvenes blancos, pero también la población mestiza y de origen indio, se sienten a menudo como “ciudadanos de segunda clase” debido a la política de su gobierno.
Cuando el país empezaba a recuperarse del primer golpe de imagen, llegó el siguiente. Una sudafricana blanca consiguió un permiso de residencia en Irlanda con una argumentación similar a la de Huntley, informaba el diario “Times” de Sudáfrica hace unos días.

Críticas raciales
Pese a que cientos de miles de sudafricanos de raza blanca han emigrado desde la llegada de la democracia, su país de origen sí les brinda posibilidades y perspectivas. Muchos “boers” o “afrikáners”, como se denominan los aproximadamente tres millones de descendientes de los colonos holandeses en Sudáfrica, critican sin embargo cada vez con mayor dureza a su país.
Estos grupos ven a su cultura y lengua en peligro. En cartas de lectores, muchos dan rienda suelta en los diarios a su frustración por la política de incentivos del gobierno, que da preferencia a los sudafricanos de origen negro en compensación por las décadas de segregación racial.
Muchos de los jóvenes boer no se interesan por la política, pero se sienten castigados por los errores de las generaciones anteriores. Su creciente descontento no fomenta sólo dudas sobre el proceso de reconciliación, sino que amenaza incluso con tirarlo por la borda.
El partido ANC, en el gobierno, empezó a tomarse en serio los miedos y preocupaciones de esa parte de la población, después de haber ignorado el problema durante bastante tiempo. Ello implica también el temor a la creciente y brutal criminalidad, que castiga con igual fuerza tanto a blancos como negros. La última estadística registraba 2,1 millones de delitos graves en el país.
El presidente sudafricano, Jacob Zuma, dio a la Policía nuevas directrices, que se orientan incluso en las estructuras militares de tiempos del “apartheid”. El mandatario conminó a los efectivos a usar incluso con más frecuencia sus armas en algunos casos. Su lenguaje fue aplaudido por varios sectores de la población blanca.