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La Mañana

Un impuesto que no garpa

El famoso segundo semestre se niega a asomar ya terminando noviembre. A este paso, las fiestas nos van a encontrar pidiéndole a Papá Noel que nos lo regale aunque sea para disfrutarlo en el 2017. Cuando llegue, será muy bienvenido. Igual que la reforma de Ganancias.

Hace un año, vestido todavía de candidato, Mauricio Macri prometió que eliminaría ese cruel impuesto al trabajo que cada año se tornaba más injusto, después de una década y media sin actualizar las escalas. Lo decía con énfasis, convencido, y sumaba votos. Ya como presidente, apenas le hizo un retoque, que fue más un problema que una solución. Se incluyó a gente que antes no lo pagaba y la inflación galopante del 2016 hizo el resto metiendo a otros miles dentro del impuesto.

Para calmar a las fieras de cara a un diciembre caluroso y caldeado, el Gobierno ya avisó que intentará que el proyecto se trate durante sesiones extraordinarias del Congreso y que si se aprueba después, tendrá carácter retroactivo al 1 de enero de 2017. También anunció que la idea es modificar los valores actuales de las escalas -van del 9% al 35%-, que no se modifican desde 1999, cuando se sancionó la “tablita de Machinea”, y subir el piso un 15% para “hacerlo más justo”. Este año, según el nuevo Indec, la inflación rondará el 40%. Las paritarias, casi todas por debajo de ese número, subieron los sueldos de millones de trabajadores en torno al 30%, con la consecuente pérdida de capacidad de compra. Esa muy pequeña suba del mínimo no imponible, entonces, volverá a golpear a los asalariados, que perdieron con la altísima inflación, y verán cómo en 2017 podrían ser alcanzados por un impuesto al trabajo que hace rato perdió el sentido para el que fue creado.