Por RAMIRO MORALES
Existen varios proyectos pululando en la Legislatura que buscan que Neuquén denuncie el Pacto Fiscal que firmó con Nación en 1992, mediante el cual cedió, junto con el resto de las provincias, un 15% de la masa coparticipable a la Anses. La idea es “recuperar” ese dinero, ahora que el organismo estatal revivió con la estatización de las cajas privadas y ya no corre riesgo de desfinanciarse.
Se trata de una aspiración no exenta de política. Fue el gobernador cordobés José Manuel de la Sota el primero en levantar esa bandera de guerra contra la Casa Rosada, en medio de aspiraciones electorales. Le siguieron otros mandatarios, en su mayoría opositores.
Ahora, un sector de la oposición, al que se sumó un MPN dubitativo, salieron con fuerza a instalar ese tema. Inclusive, el diputado de Unión Popular, Daniel Baum, viajó a Córdoba para conocer la experiencia de De la Sota.
Sin embargo, el gobernador Jorge Sapag bajó todas las expectativas de que un proyecto de denuncia del pacto pueda prosperar. Según dijo ayer en diálogo con este medio, “no es la vía para conseguir más fondos”.
“Hay una cláusula que dice que hay que homogeneizar la edad y montos de jubilación con Nación. La provincia de Neuquén tiene en la Constitución el 80% móvil y nosotros no estamos dispuestos a resignarlo”, aseguró.
Sapag planteó que si la Provincia optara por salir del pacto y pidiera los fondos a Nación, estaría obligada a igualar las condiciones de acceso al beneficio previsional. “Son derechos que están por debajo de los derechos que adjudica la Provincia. Entonces, cuidado con las decisiones que se tomen y agradezco la buena voluntad de todos los legisladores de buscar fondos, pero no es esa la vía para hacerlo”, detalló.
Mensaje
De esta forma, Sapag envió un doble mensaje: por una parte, dejó bien en claro que no es intención del Gobierno meter mano a la caja del ISSN, un fantasma que a menudo despiertan desde los gremios y que jamás ocurre en la práctica. Más bien al contrario, desde el Ejecutivo estudian propuestas de parte de la obra social provincial que anticipa cuentas complicadas en el futuro a partir de la relación entre aportantes y beneficiarios.
El otro mensaje es netamente político. Sapag no está dispuesto a abrir una trinchera con Nación en este momento. Si bien el gobernador ha endurecido el discurso, sobre todo en lo referente al precio del gas por ejemplo, sigue siendo un aliado del gobierno nacional e interpreta que esa relación le ha sido beneficiosa para la provincia.
Y en realidad los hechos le dan la razón. Del emirato provincial que planteó la gestión de Jorge Sobisch, donde no existía vínculo con la Rosada, se pasó a una relación más inteligente de la cual Neuquén sacó partido: más planes de viviendas y aumentos de presupuestos de obras.
Deudas
Esto, sin perjuicio de dos puntos que aún preocupan en el palacio de Roca y Rioja. El más urgente de ellos es la aprobación de letras de largo plazo, que esperan luz verde en el Ministerio de Economía de la Nación. De ellas depende buena parte del aire financiero para fin de año, incluyendo el pago del medio aguinaldo de diciembre. De hecho, ante la falta de liquidez, tuvo que salir a pedir adelantos de regalías y colocó una letra por 200 millones de pesos a la Fiduciaria Neuquina.
La otra “gran deuda” es la obra de Chihuido, que cada tanto provoca cortocircuitos entre referentes locales del kirchnerismo y representantes del MPN.
Aún dentro de ese clima cordial con Nación, Sapag no pierde oportunidad de marcar posición. Sin ir más lejos, ayer aseguró: “Quiero que tengamos una Nación fuerte, y para tener una Nación fuerte tenemos que tener provincias y municipios fuertes. A la Nación no le sirve tener provincias débiles o municipios débiles. Tenemos que trabajar para construir juntos un federalismo de concertación, tanto hacia dentro, hacia los municipios, como hacia fuera, hacia las otras provincias y la Nación”.
Toda una señal de cómo serán las cosas de aquí en adelante.


