estados unidos
Comenzó el juicio de uno de los asesinatos más llamativos de la historia de los Estados Unidos. Una crónica digna de Hollywood que se basó en malas praxis, depresión, sed de venganza, estrategia y una muerte a la vista de todos. “La venganza es un plato que se sirve frío”, y Stanwood Elku lo cumplió al pie de la letra: tras años de esperar, se hizo pasar por un paciente que iba a ver al médico Ronald Gilber, sacó su pistola y le gatilló diez veces en el pecho.
La historia comenzó en 1992, cuando los mencionados se conocieron en un hospital de Veteranos en Long Beach. Allí, Gilbert era tan sólo un residente que tocaba el piano a los pacientes y poco más, pero con Elkus entablaron una buena relación. Este último había llegado hasta allí en busca de una solución a sus problemas urinarios y su nuevo amigo lo derivó a otros médicos que le diagnosticaron estenosis uretral, lo operaron y todo salió mal: no se detuvieron los dolores, comenzó a padecer incontinencia, no tuvo más erecciones y su prometida lo abandonó. Elkus culpó a Gilbert de todo.
Durante 18 años, en los que presentó problemas mentales, se dedicó a planear cómo sería su venganza. Así, transfirió sus bienes a su hermana, compró una Glock 21, localizó al exitoso doctor, pidió una cita utilizando una identidad falsa y, cuando lo tuvo enfrente, le vació el cargador en el pecho. “Estoy loco, llamen a la policía”, les dijo, tranquilo, a las enfermeras.
Con esa misma calma, el hombre de 79 años se declaró inimputable al afirmar que tenía una profunda depresión y que se encontraba en demencia en el momento del asesinato. Eso sí, durante el juicio logró esbozar una sonrisa cuando se mencionó a Toby, su perro difunto. Por el otro lado, los familiares de Ronald Gilbert estuvieron presentes en la sala pidiendo justicia y se mostraron totalmente emocionados y afectados durante gran parte del alegato.
“El señor Standwood Elkus comenzó a culpar a Ronald Gilbert de todos los problemas que fue teniendo”. Matt Murphy. Fiscal de Los Ángeles, Estados Unidos
Un preso que no quiere ser libre
Un boliviano de 36 años fue condenado en España a cuatro años de prisión por abuso sexual. Pese a estar en condiciones de ser liberado, el reo sorprendió a los miembros de la Audiencia Provincial de Málaga con un pedido: quiere seguir preso. El detenido presentó una petición para que lo autoricen a permanecer alojado en la cárcel con el objetivo de poder terminar los estudios que inició.
Te puede interesar...









