Vaca Muerta en la era de la nostalgia por lo que no pasa

POR FERNANDO CASTRO / Editor +e

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. La frase de la canción de Sabina casi que saca la lengua para hacer burlas con su dosis de sentido común. Y traspolada a un mundo tan diferente como puede ser el del petróleo, abre caminos diferentes para pensar el último semestre de Vaca Muerta.

Más concretamente, a pensar aquello que parece ser parte de una quimera y saber qué es hoy del reino de lo posible. Los hechos: en octubre 2018 el problema eran los nuevos mercados y el transporte. La apertura del frente exportador chileno (y ahora último de Brasil y Uruguay) eran la marca auspiciosa del crecimiento constante de la producción. Es cierto, de la mano de ese megaproyecto realizado en tiempo récord por Tecpetrol en el área Fortín de Piedra, con la incidencia clave del colosal subsidio nacional de la resolución 46. Hay lecturas de diverso tenor y color respecto del beneficio que eso implicó para la empresa. Lo cierto es que de un plumazo modificó el mapa de la producción de gas poniendo 1700 millones de dólares con la, entonces, garantía del subsidio shale.

La chance de aspirar al mercado asiático con el GNL asomaba en el horizonte como algo plausible (de hecho, a otra escala, lo sigue siendo con la barcaza de YPF en Bahía Blanca). Las urgencias de mediano plazo eran (y siguen siendo) “tirar caños” y hacer cuanto antes -aunque sea- una planta de licuefacción. Esa efímera realidad dio un giro de 180 grados desde finales del año pasado. Tras la eyección de Javier Iguacel de la secretaría de Energía, el gobierno trató de modificar la aplicación del subsidio, con la tijera urgente del FMI presionando para cumplir con las metas fiscales. Fue el momento del replanteo. Del principio de la nostalgia, para decirlo en términos del poeta. Hay algo que ya está en duda: el crecimiento de un nuevo jugador y el nivel de actividad del gas en la cuenca neuquina. Del problema del transporte y del margen para inyectar más fluido a las redes existentes a los efectos tangibles de la caída del subsidio.

Menos equipos en el área emblemática del gas, pymes que gastaron a cuenta de lo que no ganarán y, al mismo tiempo, un frente político que acelera al ritmo de las elecciones provinciales y nacionales. Omar Gutiérrez, que se juega la reelección, había quedado expuesto luego de que Lopetegui le dijera que iba a agregar nuevas áreas con la nueva versión de la 46 que no convenció a las productoras de gas, que vieron en esa chance una forma de ponerle un freno al nuevo jugador. En el grupo Techint no lloran por eso. Ni por posibles conspiraciones. Después de todo, el resto de las productoras aprovecharon una carta que cualquiera en su lugar hubiera aprovechado, y que acaso el mismo grupo en otros sectores industriales alguna vez aprovechó. La crítica es por el cambio de reglas y condiciones, en un contexto en el que la empresa trató de acercar posiciones con el Gobierno hasta que el contexto lo impidió.

La reacción del gremio petrolero y los 10 mil manifestantes que juntó en Añelo también tiene varias lecturas. Por un lado, es una réplica del gobierno neuquino. Después de todo, Guillermo Pereyra tiene un acuerdo con la conducción provincial en estas elecciones. En su carta a Lopetegui, Gutiérrez había dicho aquello de defender lo que es de los neuquinos. Así se adelantó a las posibles críticas que igual llegaron de sus principales competidores en la elección del 10 de marzo. Pero al mismo tiempo le dio motivos para afianzarse en su discurso de campaña: la vieja bandera de la “defensa de la provincia por los neuquinos”.

Por fuera de esto, para mirar la foto completa: el corto plazo como moneda corriente y el desafío de aprender a no ponerse palos en la rueda para no terminar rumiando la nostalgia de lo que no sucedió.

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