Vecinos de Río Grande no tienen paz ni con la iglesia

Sufren lo mismo que cuando funcionaba el boliche bailable.

Sofía Sandoval

sandovals@lmneuquen.com.ar

Neuquén. El cambio de razón social del gran edificio que solía albergar un boliche sobre la Avenida Olascoaga fracasó en su promesa de ofrecer paz a los vecinos de Río Grande, que aún sufren los ruidos molestos y la suciedad que les trae la congregación de gente sobre el bulevar. Aunque el problema se sufre todo el año, el verano es la temporada alta para las crecientes molestias que parecen no tener solución.

“Cuando estaba el boliche, por lo menos se quedaban ahí adentro, ahora que hay una iglesia evangélica, los que vienen de noche se juntan acá afuera”, se quejó Nicolás, uno de los vecinos que vive a escasos metros y sufre a diario las molestias propias de la concentración de jóvenes.

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Las explosiones de los caños de escape recortados, los gritos y la música que parece hacer estallar los altoparlantes terminaron por trastornar a sus mascotas y modificar sus horarios de sueño. A eso deben sumar tareas de limpieza constantes debido a lo que queda cuando se retiran. “Orinan, vomitan y hasta defecan en el frente de mi casa”, se quejó José, otro vecino del sector.

“Lo que más nos molesta es la improcedencia policial y municipal; en este barrio todavía no tenemos los servicios como cloacas o gas y recién ahora están haciendo el cordón cuneta”, dijo José, que denuncia la falta de infraestructura

Si bien el tradicional boliche de la avenida ya no funciona como tal, el crecimiento del número de bares y complejos deportivos motiva la presencia de muchos jóvenes que estacionan sus vehículos bloqueando cocheras o incluso a 90 grados, lo que les impide circular por las calles de acceso a sus viviendas. “Uno termina por encerrarse, pero es imposible escuchar la radio o ver televisión, se escuchan los silbatos y gritos de los jugadores”, explicó José, que vive justo enfrente de una cancha de fútbol 5.

“No pensamos en mudarnos porque vivimos en este barrio desde siempre. Necesitamos armar una nota y que la firmen todos los vecinos para tener una custodia permanente”, dijo Nicolás, un vecino cansado de los ruidos sobre la Avenida

Si bien presentaron notas a la Municipalidad y la Defensoría del Pueblo, y hasta llaman a la Policía en las ocasiones más acuciantes, aseguran que no tuvieron respuestas concretas, por lo que no tienen más remedio que enfrentar ellos mismos a los jóvenes.

“A mi mamá la han amenazado y le tiran piedras contra la casa; una vez pedí que bajaran el volumen y me mostraron un arma”, explicó Nicolás. Aunque la Policía suele acudir a sus llamados, han visto que los patrulleros pasan esquivando motos ruidosas sin detenerlas y tampoco reparan en las personas que consumen alcohol en la vía pública.

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