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La Mañana

¿A dónde va el PJ neuquino?

El kirchnerismo es más que el PJ neuquino. De hecho, existió en los ‘90, con otro nombre, cuando solo era un movimiento estudiantil alumbrado por viejos dirigentes setentistas, que se oponían al “decanato neoliberal” de Carlos Memen. Sin Kirchner, la idea de lo nacional y popular siempre gravitó, en reductos similares a La Cámpora, aunque sin dinero y con militancia real. Solo era un gusto por las ideas y los sueños juveniles. El PJ era una mala palabra en las universidades. Era símbolo de “entrega” y menemismo. Pero después de 2003 se dividieron las aguas: algunos siguieron con esa idea sin Kirchner y otros se embarcaron en el proyecto de la mano del peronismo. El Frente para la Victoria es, precisamente, una herramienta política creada de varias ideas previas a Kirchner, que se consolidó solo con este en el poder. No necesitaba del PJ. Pero, como se sabe, este partido nacido en 1945 parece ser un esqueleto muerto que todavía puede sostener cuerpos. A nivel nacional todo está mutando. Hubo un fuerte apoyo a CFK, pero con algunas ausencias, en toda la operación Nisman, más allá de cualquier perspectiva. En Neuquén ya hay signos (no solo ahora) de un alejamiento. Por un lado están Parrilli (un eterno que atravesó décadas) y las organizaciones K; y por otro, las estructuras ortodoxas. Se habla de que hubo un acuerdo antes de mayo para repartir los cargos entre adictos y herejes. El Consejo Provincial es K, pero el Congreso parece tomar un camino distante de los dogmas nacionales. Todo se resolverá en estos días. Fabricio Torrealday fue claro hace unas semanas: “Soy anti K y todo el mundo lo sabe”. Resta saber qué pasará con algunos dirigentes. ¿Se alejan o esperan ver el ocaso o, tal vez, el principio del fin de un ciclo?