Al hueso, con la misma receta

Entraron al quirófano con una motosierra", bramó ayer el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, al analizar el tarifazo con el que Macri inauguró el abril más (re)caliente de los últimos años. Algunos recordaron la equivalencia con el ajuste de los 90 que patentó Carlos Menem: cirugía mayor sin anestesia.

Ni siquiera calibró el Presidente si era o no un cheque en blanco el que le dieron los votantes que lo ungieron, ajustadamente, presidente en la segunda vuelta con Daniel Sioli. Con el ajuste y tarifazo anunciado esta semana fue al hueso, siguiendo una receta ortodoxa y de resultado incierto para ordenar el descalabro de las cuentas públicas.

Mauricio Macri fue al hueso con un ajuste ortodoxo y de resultado incierto. Las ideas parecen no abundar.

El interrogante para entender semejante paquete es dónde está el límite del sinceramiento de la economía y el ajuste impiadoso. La única idea del Gobierno, si es que hay una, es la que se adoptó.

Macri no se sonroja por las críticas ni por el costo de las medidas. Y menos por el impacto de éstas en su imagen presidencial, aun cuando se contradigan con su promesa de pobreza cero. De hecho, la Universidad Católica Argentina advirtió ayer que todo parece ir en dirección contraria. La casa de estudios advirtió de un crecimiento explosivo de la pobreza: en tres meses aumentó un millón y medio la cantidad de gente que vive en esa línea imaginaria de necesidad y carestía.

El Gobierno calibra su gestión con otros indicadores: la obtención de la ley para pagar la deuda a los fondos buitre y el acercamiento de potencias que permanecían distantes de Argentina como Estados Unidos, Francia o Italia.

Se acabó la luna de miel, si es que hubo una desde diciembre hasta hoy. La política sólo sabe de matrimonios de conveniencia.

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