La ciudad de Neuquén ha sido una de las zonas donde más inversiones inmobiliarias se han hecho. Basta con transitar por el centro para comprobarlo, y aún se proyectan muchas más obras al compás del boom petrolero. Sin embargo, el crecimiento no fue parejo con respecto a algo tan fundamental como son los servicios públicos. Del mismo modo que el servicio de la elemental distribución de agua vive amenazado por la fatiga de su tendido, ahora el colapso del sistema cloacal es el que se nos avecina.
En cada esquina de la ciudad de Neuquén hay olores nauseabundos que son producto del derrame de las cloacas, que están saturadas. Este debería ser un tema por resolver con urgencia, pero todo permite pensar que el municipio capitalino y las autoridades del organismo provincial están más preocupadas por el calendario electoral que por terminar las obras de la Colectora Máxima, que se está construyendo en el centro de la ciudad.
Desde el Municipio se enfatizó que la obra, que comenzó en marzo de 2014 con una inversión de 25 millones de pesos, debía concluir en septiembre de ese año y, sin embargo, “al día de la fecha avanzó solo un 50 por ciento”.
Por su parte, desde el EPAS explican que en estos momentos la obra se encuentra paralizada en dos de los frentes de trabajo debido a la negativa del municipio de Neuquén capital de otorgar los permisos de apertura de zanjas. Quizás si ocuparan el tiempo que utilizan en medir la imagen pública de cada uno buscando manipular lo que se dice de ellos, podrían generar herramientas que tengan como objetivo paliar las grandes problemáticas de la sociedad neuquina. Así, estaríamos más cerca del bien común. ¿Es demasiado pedir? Manos a la obra.


