La tormenta pasó. Y es probable que dentro de unas semanas ya nadie se acuerde de las casas inundadas en los barrios, del desastre en Nueva España ni de las miles de postales de la gente con el agua al cuello que circularon en las redes sociales. Los expertos dicen que puede volver a suceder. Que la lluvia otra vez, dentro de un año, dos o cinco, haga desastres. El problema más grave lo tienen las ciudades de la Confluencia, sobre todo la capital neuquina, donde ya es evidente que faltan obras que desagoten las lluvias extraordinarias hasta el río Limay. En rigor, son trabajos que no están a la vista y no forman parte del marketing político. Tampoco tienen una “rentabilidad electoral” inmediata como el asfalto o la iluminación. Pero son necesarias y esto quedó claro con la última tormenta. Neuquén necesita al menos 700 millones de pesos para que sea una ciudad viable y no se inunde. Una tamaña cifra que hoy no tiene el Municipio. El intendente capitalino, Horacio “Pechi” Quiroga, hace un autobombo por la administración prolija que genera superávit. Pero no todos piensan igual y, por lo bajo, algunos dicen que el dinero debe gastarse porque, en definitiva, es el Estado invirtiendo para todos. Dicen que el Municipio tiene que endeudarse para hacer más obras, más allá de gestionar el dinero al gobierno de Mauricio Macri. La inundación no discrimina barrios. Se inundó desde la toma Norte II hasta el Rincón Club de Campo. Humildes y acomodados, todos bajo el agua. Si las soluciones son políticas, debe haber acuerdo entre el oficialismo y la oposición. Ente Provincia y Municipio para no poner trabas y gestionar en conjunto las obra que se necesitan. En campaña (acaso no estamos ya) habrá tiempo para los réditos.
La tormenta desnudó la falta de obras pluviales. Y la pelea política debería pasar a segundo plano para concretarlas.


