Almafuerte tiene un cerco y dos maneras de vivir

Un alambrado separa a los vecinos de las casas con las que sueñan.

Ana Laura Calducci
callduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Llevan varios años en casillas sin servicios básicos, buscando acceder a una vivienda digna. Como paradoja de la desigualdad, a pocos metros de sus casas están por inaugurar un plan habitacional con todo lo que siempre reclamaron. Pero lo disfrutarán otros. Pronto serán vecinos, hoy los separa un alambrado.

Todos viven al norte del hipódromo. De un lado del cerco, las flamantes viviendas del plan Cuenca XVI huelen a pintura fresca, con vidrios nuevos en las ventanas, grifería y las veredas delimitadas para que pongan el asfalto. Del otro lado, los ranchos desprolijos de la toma Almafuerte 2 se mezclan con las casillas de madera que levantaron los voluntarios de la fundación Techo, y el reguero de basura marca la senda por la que pasan los vehículos.

"Ellos tienen el alambrado que es como una protección porque muchos chicos robaban las casas, todavía se cruzan saltando, pero les cuesta porque es muy muy seguro", explicó Emanuel Miranda, un joven que se crió en Almafuerte y hoy planea construir su casilla a pocos metros del plan de viviendas.
Además del cerco externo, hay alambrados internos en los ocho sectores que conforman el nuevo barrio y un tráiler con custodia policial permanente. Para los adjudicatarios, que llevan meses esperando que les entreguen las llaves, será un sueño hecho realidad. El mayor temor es a una usurpación.

12 años llevan algunos vecinos inscriptos para ver si les toca alguna vivienda social.

Cristian Zúñiga, presidente de la cooperativa MTD, es el vocero de los que recibirán las nuevas casas. Contó que será un fin de año difícil, porque por tradición es época de tomas y hay viviendas casi terminadas. "Y si tenemos vigilancia y no usurparon, es porque nosotros nos movimos, pero estamos nerviosos", remarcó.

Del otro lado está la cara opuesta de la moneda. También hay familias que llevan años esperando una casa del Instituto Provincial de la Vivienda (IPVU) y sólo tienen el terreno que tomaron para vivir, sin papeles. Para ellos, la única promesa es que quizás puedan acceder a la red de luz, gas y cloacas de sus nuevos vecinos.

25/01/16 Es el día en que los dueños tomarán posesión de las casas del plan. Queda solucionar la conexión eléctrica. Hace poco, los adjudicatarios del MTD recibieron las tenencias.

Susana Anaya es la mamá de Emanuel. Lleva 12 años anotada para una vivienda social sin resultados. Vive hace cinco en Almafuerte, en una casa donde fue poniendo ladrillos de a poco.

Comentó que la decepciona que ninguno de los que están en la toma sea adjudicatario y opinó que el fuerte contraste que marca el alambrado "es un fracaso de parte del Gobierno" con ellos.

Relató que hace dos años, cuando empezó la obra, "la gente de acá fue a pedir trabajo en la construcción de las casas". A muchos los contrataron y levantaron las paredes de sus futuros vecinos.
El marido de Cintia Crespo es uno de los que logró un contrato en el plan habitacional. Tienen la casa casi pegada al cerco, tan cerca que su terreno quedará formalmente dentro del barrio Cuenca XVI, aunque les quitarán una parte del patio.

Un día, Cintia pensó en cruzar y meterse. "Yo le dije a mi marido de ocupar, pero me contó que es re complicado, y le dije porque a nosotros nos da bronca, porque nos habían dicho que capaz nos daban una de las viviendas si nos reubicaban y después salieron con que no, que nos quedamos acá con un terreno más chico", explicó.

Resignados, aceptaron quedarse sin casa oficial, pero no pierden la esperanza de tener un día lo mismo que sus vecinos. Con dos chicos y el ingreso de un albañil, intentarán alcanzar por cuenta propia lo que nunca llegó del Estado. "Estamos pensando, por ahí a partir del año que viene, de hacer la nuestra de ladrillo, porque se va a ver medio feo esta casa de madera con las de material al lado", comentó Cintia.

Chicos que juegan a esquivar tiros

Para los más chiquitos de Almafuerte 2, el plan de viviendas vecino es un gran campo de juego. Ajenos a los conflictos habitacionales, los pibes del barrio tomaron la costumbre, en los primeros meses, de provocar al guardia nocturno. Para demostrar valentía frente a los compañeros, se hacían perseguir a los tiros en una travesura que pudo terminar en tragedia.

De noche, el cuidador recorría el futuro barrio con un reflector, armado con "algo así como una pistola", según cuentan los chicos. Los pequeños saltaban el alambrado y se metían por las calles de la obra, esperando ser descubiertos, para luego salir corriendo de su perseguidor y reírse a carcajadas una vez que estaban a salvo del otro lado del cerco.

Los perros ya se instalaron

Los primeros en mudarse al barrio Cuenca XVI fueron los perros. Los hay de a decenas, de todos los colores y tamaños. Para ellos, no hay cerco que no se pueda cruzar y el barrio es atractivo por la promesa de comer las sobras de algún asado de los obreros. Nadie recuerda bien cuándo apareció el primer pichicho, ni está claro cuántos son los que duermen en el nuevo barrio, ni cuáles tienen casa del otro lado también. Conviven con los trabajadores, paseando entre las calles y las viviendas vacías. Las personas, en cambio, deben esperar a la burocracia del corte de cintas para instalarse. El barrio debía inaugurarse en octubre, pero la entrega de llaves se demoró, aunque muchas casas ya están terminadas.

La nueva calle pasará por encima de varias casillas

El plan de 483 casas de Cuenca XVI estará rodeado por una calle que lo conectará con Crouzeilles. El único inconveniente es que la traza de esta vía pasará por encima de unas 10 casillas de Almafuerte 2. Algunos serán reubicados, otros no tendrán más remedio que perder parte del terreno.

"Siento bronca porque yo no me anoté en el IPVU pero soy de acá, de Neuquén, y ahora nos quieren correr. Pedimos una vivienda, pero no nos dan", se quejó Aldana Almendra, quien vive junto al alambrado con su marido y dos chiquitos.

Se instalaron hace un año en una casilla precaria y ahora viven en la construcción de madera que les regaló la fundación Techo. Para Aldana, mudarse a otro sector de Almafuerte implicaría perder esa nueva vivienda.

"Nos corren porque esto va a ser calle, la continuación de la calle del otro lado del alambrado. Nosotros vinimos y construimos, así que no nos vamos", afirmó.

Señaló que, más allá del atropello, "la convivencia con la obra es buena y nosotros hablamos entre vecinos que quizás nos sirva esto para tener los servicios, porque tenemos de hace poco el agua nomás".

Sin embargo, reconoció que el contraste genera conflicto. Confió que "ahora mismo, si no estuviera el alambrado, la gente va y se mete".

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