Animarse a soñar más

Rebelde y hermosa, joven y abierta, desinhibida para seguir creciendo. Neuquén cumple hoy 112 años desde su fundación como capital de provincia, con algunas deudas pendientes, pero con más cuestiones a su favor, si uno mide el crecimiento y el desarrollo de los últimos años.

Nació pobre y sin identidad, a partir de un grupo de pioneros que llegaron de muchos lugares, sin que muchos creyeran en las promesas y los sueños de porvenir de Carlos Bouquet Roldán y de Eduardo Talero, por citar algunos de los hombres que comenzaron a escribir la historia.

Es cierto que los primeros años fueron difíciles, porque era necesario dominar las bardas y arenales y bancarse las crecidas del Limay, por aquel entonces ingobernable.

Pero a fuerza de sacrificio y tesón, el pequeño caserío fue creciendo hasta que a mediados de la década del 50, cuando se decretó la provincialización, comenzó a dar sus primeros pasos de independencia.

No muchos creyeron que la capital de Neuquén se podía llegar a convertir en una gran ciudad en tan poco tiempo.

Las décadas del 70 y 80 marcaron el punto de inflexión para que el pueblo empezara a transformarse en una ciudad y los últimos años a esta parte terminaron de confirmar a Neuquén como la más importante de la Patagonia.

Quedan muchos problemas para solucionar, porque ese crecimiento desmedido no fue gratuito. También sigue pendiente la construcción de una identidad que no termina de definirse por la mezcla de culturas de tantos inmigrantes.

Pero llena de esperanza saber que si con tan poco se hizo tanto hasta ahora, por delante es posible seguir proyectando y apostando, por más desmedida que parezca esa ambición. ¡Feliz cumpleaños, querida ciudad!

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