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La Mañana

Bomberos lucharon contra un fenómeno desconocido

El jefe del cuartel recuerda algunos de los momentos más intensos vividos en el inicio de la emergencia.

Mario Tierno aseguró que la experiencia sirvió para unirlos y prepararlos para probables contingencias.
 
Villa La Angostura >
“Vamos a bailar, pero con la más fea”, dijo el jefe del cuerpo activo de bomberos voluntarios local, Mario Tierno. A esa hora de la tarde del 4 de junio del año pasado, el complejo volcánico Cordón Caulle había hecho erupción, en Chile, y nadie sabía qué podía pasar. Tierno comenzaba a preparar a sus compañeros para enfrentar un desafío desconocido. La fiesta que habían organizado para celebrar esa noche el Día del Bombero Voluntario quedaba suspendida.
“Este es el momento de decirme quién se va, porque quiero saber con qué gente voy a contar”, planteó. Se quedaron todos. Eran 27 voluntarios, entre aspirantes, cadetes y bomberos.
Nadie sabía a qué se enfrentarían. No había manual de procedimiento. Nada. “Teníamos temor porque era una inmensa responsabilidad”, dice.
Tierno rememora que un bombero sugirió juntar agua porque no sabían qué consecuencias tendrían las cenizas que comenzaban a caer con intensidad sobre Villa La Angostura.
Señala que fueron a recolectar todos los tanques que pudieron y juntaron miles de litros de agua en el cuartel. Al día siguiente salieron a repartirla en los barrios. Tres días después de la erupción apareció el Ejército con toda su infraestructura y logística.
Los gastos de los tres primeros días salieron de Bomberos Voluntarios. Las jornadas laborales eran de 16 horas. Había que cortar las ramas de los árboles que amenazaban los techos de las casas, pero la ceniza devoraba los mosquetones de aluminio que usan para los rescates en altura.
Después llegó la etapa que bautizaron como “el trabajo de nunca acabar”. Los bomberos salieron a apoyar al personal del EPEN con la limpieza de los transformadores y conectores porque la ceniza húmeda generaba cortocircuitos.
Todas las mañanas un grupo de bomberos se presentaba en la central del EPEN para iniciar la limpieza poste por poste. El avance que habían hecho el día anterior quedaba en la nada porque durante la noche había caído más ceniza.
Tierno destaca que durante 60 días los bomberos voluntarios estuvieron viviendo prácticamente dentro del cuartel. “Jamás hubo una discusión con los chicos”, destaca. Y agrega que esa cordialidad hubo con todas las instituciones que trabajaron en la emergencia. Además tenían que atender incendios y accidentes viales.
Remarca que recibieron llamados de cuarteles de todo el país ofreciendo su colaboración; “pero para nosotros ya se terminaba y los muchachos me decían: espere jefe, nosotros podemos”, indica.
Comprendieron que necesitaban apoyo cuando llegó un grupo de bomberos voluntarios, con un móvil, procedente de Junín de los Andes y se sumó al trabajo.
 
La noche del caos
Tierno sostiene que el peor momento que vivieron ocurrió la madrugada del martes 7 de junio. Relata que era una noche silenciosa, porque no había luz en la villa. Llegó alrededor de las 23.30 del lunes a su casa y cuando se fue a dormir se escuchaba el rugido del volcán. “A la una me llaman y me dicen que hay alerta de sismo”, recuerda. Fue el inicio del caos.
Cuenta que llegó al cuartel y que los dos teléfonos no paraban de sonar. Las versiones eran contradictorias. Algunas indicaban que una persona andaba en las calles a oscuras tocando un silbato alertando que venía un sismo. Otras decían que era un sujeto con un megáfono. Hasta señalaban que un bombero había iniciado una cadena con un mensaje de texto que alertaba del inminente peligro.
Tierno rememora la imagen de una señora con un nene en brazos y otro niño de la mano afuera del cuartel pidiendo ayuda porque se venía un sismo. “A las tres nos informaron que mucha gente se quería ir del pueblo”, comenta Tierno. Subió a un móvil, junto con quien era entonces el director de Defensa Civil de la provincia, Lucas Gómez, y el director a nivel municipal, Marcos Arretche, para evitar la huida por el peligro que representaba circular de madrugada por la Ruta Nacional 231.
Tierno cruzó el móvil a la altura del puente Las Piedritas y bloqueó el paso. “¿Qué están haciendo?”, recuerda que les preguntó a los automovilistas. “Nos vamos porque acá no es seguro y viene un sismo”, respondieron algunos. En el interior de unos ocho vehículos había familias completas que se marchaban.
Tierno les explicó que si les pasaba algo en la ruta no podían ayudarlos. Y trataron de tranquilizarlos diciéndoles que nadie puede pronosticar un sismo y que, en todo caso, había medidas preventivas en el caso de que sucediera.
Varios minutos después lograron convencerlos. A esa hora de la madrugada las dos líneas telefónicas del cuartel habían colapsado. La situación recién se pudo controlar alrededor de las 4.30. “Fue la noche más desgastante”, indica el jefe de bomberos.
“Hoy nos sentimos preparados para lo que pueda venir”, asegura y acota que además sirvió para unirlos. Se emociona cuando destaca que por el trabajo realizado vino el presidente del Consejo Nacional de Bomberos Voluntarios para entregarles la mención dorada al mérito bomberil. También recibieron un reconocimiento del Ministerio del Interior de Nación.