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La Mañana

Caos y desidia en hospitales

El paro de ayer en todos los hospitales del sistema público de esta capital, Centenario y Plottier no sólo provocó un grave colapso en la atención de los pacientes, sino que es un preaviso de que, esta vez, las protestas en Neuquén pueden llegar más lejos de lo esperado.
La postal en los establecimientos era de pacientes casi librados a su suerte, directores y médicos al borde del ataque de nervios y un mar de fondo con aguas muy agitadas de parte de los trabajadores de las empresas privadas que prestan servicios esenciales a gente recién intervenida quirúrgicamente, u otros que acudieron en vano a operarse porque los quirófanos estaban sucios.
Los trabajadores que llevan adelante las medidas de fuerza -enrolados en la CTA- conocen bien las consecuencias de sus acciones. Piden aumentos de sueldos y mejores condiciones laborales. Los directivos hospitalarios, por su parte, los responsabilizan de ocultar elementos de trabajo y de no realizar las tareas adecuadamente. Es decir, hay una relación que ya estaba deteriorada antes del paro.
De no mediar la intervención de la Secretaría de Trabajo -donde sólo había silencio en momentos en que la protesta agudizaba la situación en los hospitales-, la protesta llegaría también a los puentes que unen Neuquén con Cipolletti.
Para esta semana están previstas marchas de estatales y docentes, quienes también quieren una recomposición salarial. Jorge Sapag intentó poner un límite a las demandas al asegurar que no hay recursos para satisfacer los reclamos. El epílogo de la gestión se avizora complejo en su relación con los gremios, tal vez más de lo que se suponía después de las elecciones de abril.